Según el economista y financista Aníbal Insfrán, el primer factor que explica esta diferencia es el riesgo, ya que mientras los créditos destinados a la compra de una vivienda, la ampliación de un negocio o una inversión productiva suelen contar con algún tipo de garantía, los préstamos de consumo generalmente se otorgan sin un respaldo específico.
"Normalmente un crédito de consumo no tiene garantía. Por lo tanto, existe un factor de riesgo más alto que se traslada a la tasa de interés", explicó Insfrán.
En el caso de un crédito hipotecario, por ejemplo, la propia vivienda funciona como garantía para la entidad financiera. Esto reduce significativamente la exposición al riesgo, ya que en caso de incumplimiento existen mecanismos legales para recuperar parte o la totalidad de los fondos prestados. En cambio, cuando el préstamo está destinado al consumo, la capacidad de recuperación del dinero depende casi exclusivamente del comportamiento de pago del cliente.
Según el especialista, las entidades financieras también consideran el historial estadístico de cada segmento al momento de fijar sus tasas. Los créditos de consumo suelen presentar mayores niveles de morosidad y una volatilidad más elevada que otros tipos de financiamiento, por lo que las entidades incorporan ese riesgo en el costo final del préstamo.
Pero el riesgo no es la única explicación, pues los costos operativos también juegan un papel importante. Aunque un crédito de consumo implique un monto mucho menor que uno destinado a una inversión o a la compra de una vivienda, gran parte de los procesos internos que debe realizar una entidad financiera son prácticamente los mismos.
La evaluación del cliente, la verificación de documentación, los controles de riesgo, el desembolso y el seguimiento posterior generan costos administrativos similares independientemente del monto solicitado.
"Dar un crédito de G. 1 millón tiene mucho más trabajo que dar un crédito de G. 100 millones", afirmó el economista.
Por esa razón, desde el punto de vista de las entidades financieras, los préstamos pequeños resultan proporcionalmente más costosos de administrar, un aspecto que también termina reflejándose en las tasas de interés.
A estos factores se suma una cuestión vinculada a la estructura del mercado financiero. Insfrán considera que existe un componente relacionado con el poder de mercado que mantienen las entidades bancarias, lo que puede influir en el nivel de las tasas ofrecidas al público.
El economista señaló que una parte importante de los recursos con los que operan los bancos proviene de depósitos en cuentas corrientes y otras fuentes de fondeo de bajo costo. Por ello, considera que en algunos segmentos podría existir margen para ofrecer condiciones más competitivas.
"Uno debería esperar que las tasas fueran más bajas", sostuvo.
En este contexto, una mayor competencia entre entidades financieras podría contribuir a generar mejores condiciones para los usuarios, especialmente en el segmento de créditos de consumo.
Si bien las decisiones de política monetaria del Banco Central del Paraguay influyen en el costo general del dinero dentro de la economía, las tasas que finalmente recibe cada cliente responden principalmente a criterios comerciales y de riesgo aplicados por cada entidad. Es decir, el destino del dinero sigue siendo una de las variables más importantes a la hora de determinar cuánto cuesta un préstamo.
Tu opinión enriquece este artículo: