La producción porcina paraguaya avanza hacia un modelo cada vez más industrializado, con mayor atención a la alimentación, la bioseguridad y los procesos sanitarios. En ese escenario, la Resolución N.º 1606 del Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa), vigente desde octubre de 2025, establece la prohibición del empleo y suministro de desechos y sobrantes alimenticios para animales destinados a la producción de alimentos para consumo humano.
Para Delia Núñez, gerente de la Asociación de Criadores de Cerdos del Paraguay (ACCP), la disposición acompaña la evolución que viene registrando el sector y apunta a reducir riesgos sanitarios. “Esto podría acarrear enfermedades”, explicó al referirse a la utilización de desperdicios en la alimentación porcina.
La normativa abroga, además, la Resolución N.º 3251, de 2014, y establece condiciones específicas para los sobrantes provenientes de restaurantes, hoteles y fábricas de alimentos. Estos materiales pueden utilizarse únicamente bajo un tratamiento térmico obligatorio, con una temperatura mínima de 90 °C durante al menos 30 minutos y con agitación continua.
El objetivo no se limita a la sanidad animal. Para Núñez, también está relacionado con la necesidad de preservar la calidad de una producción que busca posicionarse en mercados internacionales. En una industria orientada a aumentar sus exportaciones, los controles sobre alimentación y bioseguridad adquieren un peso cada vez mayor.
Del desperdicio al grano
La utilización de sobrantes alimenticios todavía puede encontrarse en determinados establecimientos, aunque la gerente de la ACCP explicó que actualmente está principalmente vinculada a pequeños productores que destinan los animales al autoconsumo y no a sistemas comerciales de producción.
“Este tipo de producción ya existe, pero generalmente va muy vinculado a los productores muy pequeños”, señaló.
En los sistemas productivos más desarrollados, la alimentación se basa principalmente en granos. Núñez indicó que aproximadamente entre el 60% y el 70% de la dieta de los cerdos está compuesta por estos insumos, mientras que el porcentaje restante se complementa con otros componentes y núcleos nutricionales.
La disponibilidad y cercanía de los granos también inciden directamente en los costos de producción. Por eso, explicó que las zonas productoras de materias primas tienen una importancia creciente para la actividad porcina, especialmente en departamentos como Itapúa, Alto Paraná, Caaguazú y San Pedro.
El cambio de alimentación forma parte de una transformación más amplia en las granjas. Los sistemas modernos operan bajo protocolos de bioseguridad que restringen el ingreso de personas y establecen procedimientos específicos para quienes necesitan acceder a las áreas de producción.
Núñez destacó que una visita a una granja puede implicar ducharse, cambiar completamente de indumentaria y atravesar un proceso previo antes de acceder al área donde están los animales. El objetivo es minimizar la posibilidad de introducir agentes que puedan afectar la sanidad del plantel.
Más inversión, más producción
La evolución de estos sistemas acompaña el crecimiento de una industria que busca aumentar su escala. Para Núñez, la llegada de inversiones internacionales y los proyectos impulsados por productores nacionales muestran el interés por incrementar la capacidad productiva y atender tanto al mercado interno como a nuevos destinos.
La representante de la ACCP mencionó también inversiones realizadas por productores y cooperativas, entre ellas iniciativas vinculadas a la producción de cerdos, como parte de un proceso que apunta a generar mayor volumen y competitividad.
A esto se suma el ingreso de capital internacional al sector, que, según Núñez, puede acelerar proyectos que inicialmente tenían horizontes de desarrollo de varios años.
“Ahora van a ir a pasos más firmes y más rápidos”, sostuvo.
Para la dirigente, este movimiento también representa una señal de confianza en el potencial productivo del país y puede contribuir a mejorar su posicionamiento internacional.
Así, la prohibición de alimentar animales destinados al consumo humano con desperdicios se inserta en una transformación más profunda. El cerdo paraguayo avanza hacia sistemas donde la nutrición se basa principalmente en granos, la bioseguridad gana protagonismo y la producción busca crecer al ritmo de una industria que tiene la mira puesta en nuevos mercados internacionales.
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