Desde la Mesa, la sostenibilidad de la cadena cárnica se evalúa a partir de tres pilares tradicionales —productivo, ambiental y social—, a los que en los últimos años se sumó formalmente el bienestar animal como un indicador adicional. “Estamos apuntando a un producto de calidad y sostenible, y el bienestar animal es parte central de ese objetivo”, explicó Sánchez en entrevista con InfoNegocios, al tiempo de señalar que el sector productivo ya incorporó este concepto como una herramienta de gestión.
La experiencia en campo muestra avances concretos. Según el directivo, la mayoría de los productores paraguayos aplica criterios básicos de salud y manejo animal en sus establecimientos. Existe conocimiento técnico y conciencia sobre el impacto que tiene el trato adecuado en la respuesta productiva del ganado. No obstante, persisten brechas, principalmente vinculadas a la infraestructura necesaria para mejorar el confort diario de los animales.
Entre los desafíos más frecuentes se encuentran la falta de sombra suficiente, protección ante inclemencias climáticas y espacios adecuados para el descanso. “Hay una brecha en infraestructura, pero también hay evidencia de que el productor va incorporando estas mejoras a medida que comprueba que el animal bien tratado responde mejor”, sostuvo Sánchez. En ese sentido, el bienestar animal se traduce en un retorno económico tangible.
Uno de los puntos diferenciales de la ganadería paraguaya es su sistema de producción mayoritariamente extensivo. La cría a pasto, a cielo abierto y con animales en condiciones de relativa libertad resulta altamente favorable para el bienestar animal, especialmente en comparación con sistemas intensivos de confinamiento que predominan en otros países. “Ese es un modelo que nosotros promovemos y defendemos”, afirmó.
Sin embargo, incluso en sistemas extensivos existen límites. Las olas de calor extremo, los fríos intensos o eventos climáticos extraordinarios, como inundaciones, generan estrés animal y afectan el rendimiento productivo, pese a los esfuerzos de mitigación. Estos episodios, cada vez más frecuentes, tienen un impacto directo tanto en los volúmenes de producción como en los precios finales.
El vínculo entre bienestar animal y productividad se vuelve aún más evidente en el sector lácteo. El animal lechero es particularmente sensible al estrés térmico y al manejo inadecuado. “Si no se le brindan condiciones ambientales adecuadas, la producción baja de forma inmediata”, explicó Sánchez. En este segmento, el bienestar animal deja de ser una opción y se convierte en una condición indispensable para sostener los niveles productivos.
Para ordenar y medir estos aspectos, la Mesa Paraguaya de Carne Sostenible desarrolló un sistema de autoevaluación de la ganadería sostenible. Allí se establecen criterios claros de bienestar animal, como condiciones del ambiente, temperatura, estado del suelo, tiempos de encierro, manejo sin gritos ni maltrato, desplazamientos lentos y diseño adecuado de corrales. Estas buenas prácticas ya están siendo aplicadas tanto en sistemas de carne como de leche.
El marco legal acompaña este proceso. Paraguay cuenta con legislación específica sobre bienestar animal que abarca a los animales de producción y de compañía. Además, el cumplimiento de estos estándares es cada vez más relevante en el comercio exterior. “Hoy los mercados internacionales exigen no solo la calidad del producto, sino también cómo fue producido”, subrayó Sánchez.
En este contexto, el bienestar animal se posiciona como un activo estratégico para la ganadería paraguaya. Mejora la productividad, fortalece la sostenibilidad del sistema y refuerza la competitividad del país en un escenario global cada vez más exigente. Más bienestar, en definitiva, se traduce en más producción y mejores oportunidades para toda la cadena.
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