La ganadería chaqueña vive una nueva etapa de transformación. Una región históricamente marcada por las dificultades climáticas y geográficas hoy muestra una mayor adaptación productiva, impulsada por avances en genética, infraestructura y tecnología. Para Nicolás Silva Berg, presidente de la Regional Central Chaco de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), el objetivo del sector es seguir creciendo hasta recuperar niveles de producción que permitan alcanzar entre 16 y 20 millones de cabezas de ganado a nivel nacional.
Cada último viernes del mes de junio se conmemora oficialmente el Día Nacional de la Ganadería Chaqueña Paraguaya, una fecha establecida por ley para reconocer el esfuerzo de los pioneros que impulsaron una actividad que durante décadas tuvo que superar las condiciones más exigentes del territorio paraguayo.
La celebración pone en valor el impacto económico, social y cultural de una producción que transformó al Chaco en una de las principales zonas de desarrollo pecuario del país. Un territorio que anteriormente era considerado de difícil acceso para la producción hoy cuenta con mejores condiciones gracias a inversiones privadas, mejoras en infraestructura y avances tecnológicos.
En entrevista con InfoNegocios, Silva Berg explicó que el negocio ganadero chaqueño atraviesa un momento de recuperación luego de varios años complejos, aunque todavía condicionado por factores climáticos propios de la región.
“El Chaco siempre va a tener sus desafíos porque es un ambiente muy particular, pero la diferencia es que hoy tenemos más herramientas para tomar decisiones y prepararnos mejor. El productor chaqueño aprendió a trabajar con esa realidad”, afirmó.
El dirigente señaló que actualmente existen zonas con un buen régimen de lluvias, mientras que otros puntos, principalmente el Bajo Chaco, enfrentan excesos hídricos que generan dificultades para el transporte, la logística y el manejo de los campos.
A pesar de estos factores, destacó que la recuperación de los precios permitió mejorar la ecuación económica del negocio. Después de años con márgenes más ajustados, el sector vuelve a contar con mejores condiciones para reinvertir.
“La ganadería necesita una mirada de largo plazo. No es una actividad donde la inversión termina; siempre hay que mejorar infraestructura, genética, manejo y eficiencia productiva”, sostuvo.
Uno de los principales cambios registrados en los últimos años fue el avance genético aplicado a la producción chaqueña. La selección de animales con mayor adaptación al ambiente permitió mejorar los índices productivos y elevar la competitividad del negocio.
“Cuando hablamos de genética hablamos de resultados económicos. Un animal adaptado produce mejor y eso tiene un impacto directo en la rentabilidad del productor”, explicó Silva Berg.
Actualmente, el Chaco trabaja con diversas razas adaptadas a sus condiciones, entre ellas Brahman, Braford y nuevas incorporaciones como el Boran. También destacó el trabajo desarrollado por las colonias menonitas y productores de la región en la incorporación de genética y sistemas de manejo.
El crecimiento de la ganadería chaqueña también estuvo acompañado por una mejora en la infraestructura. El desarrollo de caminos, impulsado tanto por el Estado como por iniciativas privadas de productores, permitió conectar zonas que anteriormente tenían grandes dificultades de acceso.
“Cuando llega infraestructura cambia todo el escenario. Lugares que antes parecían muy lejanos empiezan a ser económicamente posibles y eso abre oportunidades para nuevas inversiones”, manifestó.
En esa línea, resaltó el potencial del corredor bioceánico como una herramienta para fortalecer la integración comercial del Chaco y generar nuevas oportunidades para la producción.
Sin embargo, el dirigente gremial también mencionó desafíos que todavía afectan al sector. Entre ellos, ubicó al abigeato como uno de los principales problemas para la actividad ganadera.
“El productor puede enfrentar sequías, lluvias excesivas o situaciones del mercado porque son parte del negocio, pero perder una inversión por inseguridad genera mucha incertidumbre y afecta la confianza”, señaló.
Silva Berg consideró que la protección de la inversión es fundamental para continuar expandiendo una actividad que representa un importante aporte económico para el país. Recordó que la cadena pecuaria genera ingresos cercanos a los US$ 2.600 millones y que fortalecerla tiene un impacto directo en toda la economía.
Además del ganado bovino, otras especies comenzaron a ganar protagonismo dentro del mapa productivo chaqueño. El búfalo, que durante años fue considerado una alternativa secundaria, hoy muestra una mayor adaptación y presencia en establecimientos de la región.
“Antes se lo veía como algo exótico, pero hoy el búfalo ya es una producción que encontró su lugar en el Chaco. Hay productores que están obteniendo muy buenos resultados”, comentó.
También destacó el crecimiento del rubro ovino y la posibilidad de seguir diversificando la producción con nuevas oportunidades comerciales.
Finalmente, Silva Berg resaltó que el potencial del Chaco todavía es amplio y que la región tiene condiciones para continuar creciendo. “Ser productor chaqueño es asumir un desafío mayor, pero también significa estar en una zona con muchísimo potencial. La carne paraguaya hoy es una marca nacional reconocida y todavía tenemos espacio para seguir mejorando”, concluyó.
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