¿Cuál es tu filosofía de trabajo?
Creo que el marketing tiene que entender a las personas antes que vender un producto. Trabajé en industrias muy distintas, desde productos de consumo con proyección internacional hasta el deporte formativo. En todas aprendí lo mismo: no existe una estrategia universal, sino estrategias que se adaptan a cómo consume y siente cada público. Mi forma de trabajar se apoya en tres cosas: escuchar al mercado, ejecutar con claridad y medir para mejorar. Prefiero lo simple y bien hecho antes que lo complicado.
¿Quién fue tu mayor mentor o fuente de inspiración en tu carrera y qué aprendiste de esa persona?
Tuve muchos mentores y fuentes de inspiración a lo largo de mi carrera. Algunos me enseñaron cómo ser, y otros, con la misma claridad, cómo no ser. Ambas lecciones fueron igual de valiosas. Si tengo que destacar a uno, es Sergio Gómez. No se dedica al marketing, y quizás por eso su enseñanza fue tan universal. De él aprendí que, sea cual sea el proyecto, hay que estar preparado para adaptarse a cambios y situaciones inesperadas sin perder de vista el enfoque. Esa capacidad de ajustarse sin desviarse del objetivo es algo que aplico todos los días.
¿Qué estrategias consideras esenciales para posicionar una marca en mercados competitivos?
La primera es la diferenciación real, no solo la estética. Cuando hay muchos productos parecidos, gana la marca que cuenta mejor su historia y entiende a quién le habla. La segunda es adaptar el mensaje a cada mercado. Trabajé con productos que se vendían en Paraguay y en el exterior, y cada cultura tenía otra relación con el producto, otras regulaciones y otros códigos. Lo que funciona en un país puede no funcionar en otro. La tercera es la comunidad. Hoy una marca crece más por las personas que la eligen y la recomiendan que por la pauta.
¿Qué rol consideras que juegan la inteligencia artificial y la tecnología en la transformación del marketing actual?
Es un cambio estructural, no una moda. La IA me permite producir más rápido, probar más versiones y analizar datos que antes llevaban semanas. Pero el cambio más profundo es otro. Cada vez más decisiones de compra pasan por asistentes inteligentes, y las marcas tienen que persuadir no solo a personas sino también a algoritmos. Por eso creo que la tecnología no reemplaza el criterio humano, sino que lo vuelve más valioso. La IA ejecuta, pero la visión, la sensibilidad y la conexión emocional siguen siendo nuestras.
¿Cómo haces para equilibrar la creatividad con la necesidad de medir resultados y lograr objetivos concretos?
No las veo como opuestas. La creatividad sin objetivos es decoración, y los números sin creatividad no emocionan a nadie. Antes de cada acción defino qué quiero lograr: ventas, alianzas, alcance o comunidad. Después dejo libertad total en la forma de contarlo y mido lo que importa. Si algo funciona, lo escalo. Si no, lo corrijo rápido y sin apego.
¿Qué es lo que más te apasiona de tu trabajo y cómo le transmitís eso al equipo?
Me apasiona ver que una idea se convierte en algo real que impacta en la gente. Hoy trabajo en un proyecto de formación de jóvenes, y eso le da un valor especial: detrás de cada campaña hay chicos que se están formando como deportistas y como personas. Al equipo se lo transmito involucrándome en la ejecución, no solo dando indicaciones. Celebro los logros y siempre recuerdo para quién trabajamos.
¿Qué proyecciones tenes para el sector este año?
Veo un marketing cada vez más guiado por la tecnología, pero, paradójicamente, más humano. Las grandes tendencias internacionales de 2026 van desde los agentes de compra con IA hasta las decisiones basadas en datos y el crecimiento de las microcomunidades. Las marcas que ganen serán las que combinen eficiencia tecnológica con conexiones auténticas. En Paraguay también hay un contexto muy favorable. Las exportaciones crecieron un 23,6% en el primer semestre frente a 2025, y empiezan a ganar espacio nuevos productos y mercados. Eso abre una gran oportunidad para el marketing local: construir marcas paraguayas capaces de competir afuera, con identidad propia y estrategias adaptadas a cada mercado.
¿Qué hobbies o intereses fuera del trabajo te ayudan a mantenerte motivado?
Practico triatlón: natación, ciclismo y running. Es mi cable a tierra y también mi mejor escuela. Me enseñó disciplina, constancia y a gestionar la energía en el largo plazo. En una carrera no gana el que arranca más rápido, sino el que sabe administrar cada etapa y pasar de una disciplina a otra sin perder el ritmo. En el marketing pasa lo mismo: hay que adaptarse a cada etapa sin perder de vista la meta. Muchas de mis mejores ideas aparecen mientras entreno.
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