Sin un gran evento de lanzamiento ni una campaña inaugural, Chinchilla fue construyendo su público de manera orgánica. “Abrimos así nomás y, de a poquito, la gente se fue copando con el lugar, con el espacio”, contó Camilo Román.
Chinchilla abre de miércoles a domingo. De miércoles a sábado, el horario es de 19:00 a 02:00, mientras que los domingos abre de 17:00 a 00:00. El bar está ubicado en el centro de Asunción, entre las calles Vicepresidente Sánchez y 25 de Mayo.
Chinchilla ofrece un concepto de espacio urbano, sofisticado y accesible, pero sin ser pretencioso. La propuesta apunta especialmente a la coctelería. La carta combina tragos clásicos y creaciones de autor, con una apuesta por técnicas y productos de alta calidad.
“Uso hielo grande, transparente y purificado, además de una selección de bebidas que busca acercar al público una experiencia comparable con la de bares internacionales, pero a precios considerados justos por sus creadores”, dijo Román.
Chinchilla obtuvo el título de mejor caipirinha del país y actualmente compite por el reconocimiento al mejor negroni. La apuesta por este clásico también tuvo su propio capítulo durante la Semana del Negroni, cuando el bar presentó distintas versiones, entre ellas un negroni picante y otro con banana. En una semana llegaron a vender cerca de 150 unidades.
La gastronomía acompaña la experiencia sin buscar saturar al cliente con una carta extensa. El menú incluye algunos platos gourmet para compartir y una de las opciones que más salida tienen son las hamburguesas, elaboradas con carne preparada y condimentada por el propio equipo. Entre las variedades aparecen combinaciones con queso azul, cheddar, vegetales y distintas salsas.
Chinchilla busca ser un punto de encuentro cultural, con actividades y propuestas artísticas. En esa línea, el espacio prepara una serie de microteatros que permitirá al público asistir a diferentes obras en distintos horarios y aprovechar los intervalos para tomar algo, conversar y compartir.
Para Mauricio Román, la dimensión artística es parte fundamental del proyecto. Su participación se concentra especialmente en el desarrollo de esta identidad cultural y en la construcción de una propuesta que vincule la gastronomía con otras disciplinas.
Incluso el nombre del bar nació de una experiencia vinculada al encuentro. Camilo contó que durante sus viajes a los Andes solía encontrarse con chinchillas, pequeños roedores que viven en comunidad en zonas cercanas a los glaciares. En medio del silencio y la soledad de la montaña, la aparición de estos animales representaba una compañía inesperada.
“Justamente eso terminó convirtiéndose en el concepto detrás del bar: una madriguera en medio de Asunción donde siempre se puede encontrar compañía. Sin importar con quién vengas, siempre estás acompañado”, resumió Camilo.
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