Oscar Elizeche: “Las redes sociales y los marketplaces son monitoreados para detectar usos no autorizados de marcas durante el Mundial”

Existen millones de personas alrededor del mundo que siguen un Mundial, y la atención suele concentrarse en los países, los goles, las figuras y, sobre todo, en la pasión que despierta el fútbol. Sin embargo, detrás de cada jugada existe una dimensión menos visible, pero cada vez más determinante: la propiedad intelectual, que en la edición 2026 adquiere una relevancia única.

En conversación con InfoNegocios, el abogado especialista en propiedad intelectual, nuevas tecnologías y derecho de imagen, Oscar Elizeche Landó, explicó que la gran diferencia respecto a mundiales anteriores es que los derechos asociados al torneo dejaron de funcionar como una estructura invisible para convertirse en una parte activa de la experiencia que viven los aficionados.

Según el especialista, durante años la protección de marcas, transmisiones y contenidos oficiales operó principalmente de manera preventiva. El trabajo se centraba en registros, contratos y acciones posteriores ante posibles infracciones. Hoy, en cambio, el escenario es completamente distinto, ya que “la FIFA y los titulares de derechos operan en un entorno de vigilancia digital permanente, donde plataformas, redes sociales y marketplaces son monitoreados en tiempo real para detectar usos no autorizados de marcas, transmisiones ilegales, ambush marketing digital y explotación indebida de contenido”.

En la práctica, el Mundial se convirtió en un ecosistema donde los activos intangibles son una de las principales fuentes de valor.

La expansión del universo digital también modificó la forma en que se consume el torneo. Mientras que en el pasado la experiencia estaba concentrada en las transmisiones oficiales de televisión, actualmente el contenido circula por múltiples plataformas y formatos. Creadores de contenido, streamers, aplicaciones y sistemas automatizados generan fragmentos, análisis y reacciones en tiempo real, multiplicando las posibilidades de difusión, pero también los desafíos para quienes administran los derechos.

Para Elizeche Landó, una de las mayores novedades de esta edición es el protagonismo de la inteligencia artificial. Herramientas capaces de producir resúmenes automáticos, narraciones sintéticas, análisis predictivos o contenidos personalizados plantean interrogantes que hasta hace pocos años parecían lejanos. La discusión ya no se limita a proteger una transmisión o una marca, sino también a determinar quién es titular de los contenidos derivados que son generados o transformados mediante sistemas automatizados.

“El Mundial ya no solo se ve. También se licencia, se monitorea, se bloquea y se monetiza en tiempo real”, señaló el experto.

Otro fenómeno que gana protagonismo es el papel del propio aficionado. Si antes el espectador era principalmente un consumidor de contenido, hoy participa activamente en su creación. Memes, videos editados, transmisiones en vivo, reacciones y publicaciones patrocinadas forman parte de una dinámica que difumina los límites entre la expresión personal, el entretenimiento y la explotación comercial.

A esto se suma el crecimiento del denominado ambush marketing, una práctica mediante la cual marcas o personas buscan asociarse a grandes eventos sin ser patrocinadores oficiales. En un entorno dominado por redes sociales e influencers, estas acciones pueden alcanzar a millones de usuarios en cuestión de minutos, generando nuevos desafíos para la protección jurídica de los derechos vinculados al torneo.

Pero el valor del Mundial tampoco se agota en las imágenes o las marcas. Los datos se han convertido en otro de los activos más codiciados. Estadísticas de rendimiento, patrones de juego, comportamiento de los espectadores e interacciones digitales son recopilados, analizados y comercializados a gran escala, ampliando el alcance de la propiedad intelectual hacia territorios que van mucho más allá de los formatos tradicionales.

“La propiedad intelectual deja de ser un sistema invisible que sostiene el evento para convertirse en una capa constante de interacción”, afirmó Elizeche Landó.

Entonces, el Mundial 2026 visibiliza una realidad evidente para la industria deportiva a nivel mundial: detrás de cada jugada, cada transmisión y cada contenido compartido existe una compleja red de derechos, licencias y tecnologías que hacen posible el espectáculo.

El fútbol sigue siendo el protagonista, pero el negocio que lo rodea demuestra que los activos intangibles son hoy tan estratégicos como lo que ocurre dentro de la cancha.



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