“La tecnología no transforma una industria, la transforma la gente que decide usarla antes que el resto”, señaló Merlini. Según explicó, la inteligencia artificial ya representa una ventaja competitiva concreta para las compañías que buscan optimizar procesos, reducir costos y mejorar la toma de decisiones en el negocio inmobiliario.
Uno de los cambios más visibles aparece en el diseño arquitectónico. La IA acelera la elaboración de proyectos, y modifica el rol del arquitecto dentro del proceso creativo. Gracias al diseño generativo, los profesionales pueden analizar cientos de variantes de un mismo proyecto en cuestión de horas, considerando variables como orientación, asoleamiento, circulación y eficiencia de materiales.
“El arquitecto deja de competir contra la hoja en blanco y pasa a dirigir entre múltiples opciones que la máquina propone”, explicó. En ese escenario, el profesional conserva el control estratégico del proyecto y concentra su trabajo en la evaluación, el criterio y la toma de decisiones.
Además del diseño, la inteligencia artificial impacta directamente en la rentabilidad de los desarrollos inmobiliarios. Merlini citó estimaciones de McKinsey que proyectan aumentos de productividad de hasta 20%, reducciones de costos de hasta 15% y mejoras de hasta 30% en los tiempos de entrega de proyectos.
Estos beneficios provienen principalmente de tres áreas: la optimización del uso de materiales, la automatización de la planificación de obras y la detección temprana de errores antes de que generen sobrecostos durante la construcción. También destacó el potencial del mantenimiento predictivo, que reduce fallas en equipos y mejora significativamente la disponibilidad operativa.
La sostenibilidad constituye otro de los campos donde la IA comienza a generar resultados concretos. Merlini recordó que los edificios representan alrededor del 40% del consumo energético global y una parte importante de las emisiones de gases de efecto invernadero. Frente a este escenario, las nuevas herramientas permiten optimizar el uso de energía y mejorar la planificación urbana desde las etapas iniciales de cada proyecto.
Respecto a Paraguay, Merlini observó señales positivas en materia de transformación digital. Destacó el avance del país en el Índice de E-Gobierno de las Naciones Unidas, la implementación de una estrategia nacional de ciberseguridad y la reciente aprobación de una ley integral de protección de datos personales. Sin embargo, el país todavía no cuenta con una estrategia nacional específica para inteligencia artificial.
“Paraguay está en plena curva de aceleración, con avances reales y deudas concretas”, sostuvo. A su criterio, el acceso a plataformas de diseño generativo y análisis de datos permite que estudios de arquitectura y desarrolladores locales incorporen herramientas de última generación sin necesidad de grandes inversiones en infraestructura tecnológica propia.
No obstante, el especialista alertó sobre los riesgos de depender excesivamente de la inteligencia artificial. Entre ellos mencionó la pérdida del criterio profesional, los sesgos presentes en los datos utilizados para entrenar modelos y los desafíos de ciberseguridad asociados al manejo de información sensible en plataformas digitales.
“El riesgo no es que la máquina se equivoque. El riesgo es que el profesional deje de pensar”, enfatizó. En ese sentido, insistió en que la responsabilidad final sobre cualquier proyecto debe permanecer en manos de las personas, especialmente cuando las decisiones afectan la seguridad y la calidad de vida de quienes utilizarán los espacios construidos.
También advirtió que la creciente digitalización obliga a reforzar las políticas de protección de datos y los mecanismos de control sobre la información utilizada en cada proyecto. Para el especialista, la adopción tecnológica debe avanzar acompañada por estándares claros de gobernanza y seguridad.
El futuro del real estate no dependerá exclusivamente de la cantidad de herramientas de inteligencia artificial que adopte una empresa, también de la capacidad de integrar estas soluciones dentro de una estrategia de negocio sólida, capaz de combinar innovación tecnológica, talento humano y visión de largo plazo. “El futuro del real estate no pertenece a las empresas con más IA. Pertenece a los equipos que sepan dirigirla”, concluyó.
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