“Muchos confunden un lavadero con un centro de estética automotriz. En un lavadero estás 30 o 40 minutos y te vas; la estética lleva más tiempo porque es un trabajo mucho más detallado”, explica César Miranda, fundador de Elite Detailing, emprendimiento especializado en estética automotriz con base en Fernando de la Mora.
Según Miranda, uno de los errores más comunes es enfocarse solo en lo visible. “Podés tener un faro aparentemente nuevo y transparente, pero si la tapa trasera no está bien sellada, entra agua, barro y suciedad. El agua es ácida y muy invasiva, y termina fundiendo el faro por dentro”, advierte. En esos casos, una pulida externa no soluciona el problema, ya que el daño es interno.
Por eso, antes de cualquier intervención estética, la recomendación es revisar el estado general del faro. “Yo siempre prefiero ver el faro primero, identificar el problema y recién ahí definir qué servicio conviene. Hay casos en los que solo se pule y el faro vuelve prácticamente al 100%, mejorando muchísimo la visibilidad”, señala.
No todas las pulidas son iguales. Miranda explica que existe una opción rápida, que consiste en pasar máquina para quitar lo amarillento superficial. “Eso mejora el aspecto, pero si el faro está muy viejo, al cabo de dos meses el problema vuelve a aparecer”, aclara. Para una solución más duradera, el proceso incluye lijado con diferentes granos, afinado progresivo y pulido final, un trabajo que puede llevar entre dos y tres horas por faro, dependiendo del nivel de desgaste.
“Hay faros que además del color amarillento tienen “estrías”, rayaduras o están ‘bajados’. Ahí sí o sí se necesita un proceso de lijado más profundo”, comenta. En algunos casos, incluso se aplica un polímero protector que ayuda a prolongar el resultado.
En cuanto a los costos, Miranda aclara que el valor del servicio depende del estado del faro y del trabajo que requiera. “Una pulida rápida para quitar lo amarillento superficial tiene un costo aproximado de G. 120.000, e incluso incluye una limpieza básica del vehículo”, detalla. Sin embargo, cuando el faro presenta un desgaste más avanzado, el proceso es más complejo: incluye lijado con diferentes granos, pulido y, en algunos casos, la aplicación de polímeros protectores, con precios que van desde G. 350.000 hasta G. 500.000, dependiendo del nivel de daño. “No todos los faros necesitan lo mismo, por eso prefiero ver el vehículo antes”, explica.
Además, uno de los diferenciales del servicio es la atención personalizada. Miranda suele acercarse hasta el domicilio, trabajo o lugar donde se encuentre el cliente para revisar el faro, identificar el problema y recomendar la mejor solución, sin costo adicional dentro de zonas como Fernando de la Mora, San Lorenzo, Luque o Lambaré. “La idea es no hacer un trabajo innecesario. Primero se evalúa y recién después se decide qué conviene hacer”, concluye.
Otro factor que influye en el deterioro es el tipo de foco. Los focos halógenos generan mucho calor y, con el contraste del viento frío, aceleran el desgaste del plástico. “Por eso a veces recomiendo optar por focos LED, que son más fríos y además iluminan mejor”, indica.
Finalmente, lo que queda en claro es que el faro en mal estado no solo afecta la apariencia del vehículo, sino que compromete la seguridad. Revisarlos antes de salir a la ruta, verificar que estén bien sellados y optar por una restauración adecuada puede marcar la diferencia entre ver… o no ver a tiempo.
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