Hoy vive en Santaní junto a su esposa e hijas, organiza clínicas de manejo, forma pilotos, prepara experiencias de aventura y también se alista para abrir un emprendimiento de detailing a mediados de noviembre.
A sus 41 años, las motos son mucho más que una profesión para Ati, ya que lleva aproximadamente 23 años conduciéndolas y 12 vinculado laboralmente al sector. En ese recorrido, ocupó distintas posiciones comerciales y trabajó con marcas como Triumph, Royal Enfield, QJMotor y Leopard. También impulsó Biker Choice, un taller bajo franquicia estadounidense que mantuvo durante ocho años. Su trayectoria incluyó la gerencia de marcas y la participación en la llegada de Royal Enfield a Paraguay y de QJMotor en 2024.
Pero, aunque siguió creciendo dentro del rubro, había algo que quería desarrollar a su manera. “Yo renuncié al mundo corporativo y no viene por una cuestión de estrés ni mucho menos, sino que era: quiero dedicarme a algo mío”, contó en conversación con InfoNegocios.
De la gerencia a las pistas: formar pilotos es parte del objetivo
La decisión no significó precisamente alejarse de las marcas, sino cambiar su lugar dentro de la industria. Actualmente, Ati trabaja como instructor, piloto y embajador de marcas, mientras desarrolla sus proyectos Guarani Bigtrail Experience y El Garage de Ati, enfocados en la formación, las experiencias de manejo y las actividades vinculadas al mundo off-road y al detailing, respectivamente.
Su interés por enseñar comenzó hace unos ocho años, cuando empezó a trabajar con motocicletas big trail y de doble propósito. En ese momento, según recuerda, todavía había mucho por aprender sobre la conducción fuera del asfalto. Con el tiempo, algunos de quienes pasaron por sus cursos se animaron a competir y hoy participan en rallies, incluso fuera del país.
“Yo quiero entrenar gente. Yo quiero hacer más pilotos. Quiero que la gente vaya progresando”, resumió.
Para Ati, ese resultado tiene un valor que va más allá de lo económico. Ver cómo alguien mejora sus habilidades, gana confianza y se anima a nuevos desafíos es una de las razones por las que decidió apostar por su proyecto.
“Si bien hoy no te paga nada, es una satisfacción personal muy grande”, expresó sobre el hecho de ver a pilotos que comenzaron con sus cursos y hoy están compitiendo.
Clínicas, viajes y una comunidad que comparte la misma pasión
Las clínicas de manejo se realizan aproximadamente cada mes y medio, dependiendo de la convocatoria. La idea es reunir a unos 20 participantes para trabajar en distintos niveles. El formato habitual contempla dos jornadas: el sábado se desarrolla el nivel uno y el domingo, el nivel dos.
El costo ronda los G. 1.500.000 e incluye alojamiento, hidratación, cena y comidas durante los dos días. Para llevar adelante las actividades, Ati trabaja con aliados comerciales y colaboradores vinculados al motociclismo y la producción audiovisual.
Además de las capacitaciones, organiza viajes y experiencias de aventura. En una de las salidas recientes, un grupo de 17 pilotos viajó a Pilar. La propuesta contempla aspectos como el traslado de las motocicletas, alojamiento, comidas, hidratación y un vehículo de apoyo, para que los participantes puedan concentrarse en disfrutar del recorrido.
“La idea es que el cliente no se preocupe de nada. Lo único que tiene que hacer es irse y divertirse”, explicó.
Su actividad también incluye cursos de manejo seguro para empresas. El mes pasado, por ejemplo, participó en una capacitación para trabajadores de Itaipú, con una parte teórica y otra práctica.
En paralelo, mantiene su trabajo como embajador de marcas vinculadas al sector, además de empresas de accesorios, lubricantes, cubiertas, baterías y servicios. En redes sociales reúne una comunidad cercana a los 40.000 seguidores, especialmente interesada en las motos y las experiencias de conducción.
Vivir de lo que le gusta, sin dejar de emprender
Hace unos diez meses, Ati dejó su puesto de gerente de marca en Reimpex y se mudó a Santaní, donde la familia de su esposa tiene un pequeño campo. El lugar le permite desarrollar las clínicas y las prácticas off-road, pero también disponer de más tiempo para compartir con su esposa y sus hijas.
El cambio estuvo ligado a una convicción que, según cuenta, ya transmitía cuando daba charlas a vendedores y supervisores: animarse a buscar aquello que realmente les gusta hacer.
“Siempre yo decía: traten de vivir de lo que les gusta. No importa si eso hoy te paga mucho o no te paga mucho. Pero si sos feliz haciendo eso, es espectacular. Es lo mejor del mundo”, recordó.
Ati también comenzó a preparar un nuevo negocio en Santaní: un emprendimiento de detailing que todavía no abrió sus puertas y que, según adelantó, pretende inaugurar alrededor del 15 de noviembre.
“Yo me sentía un poco comprometido conmigo mismo. Decir: yo no puedo decir esto y no hacerlo. Voy a arriesgar y voy a probar”, señaló sobre su decisión de alejarse del mundo corporativo para dedicarse a lo que le apasiona dentro del mundo motor.
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