Este sistema consiste en la colocación de una película flexible, resistente y prácticamente invisible que se adhiere a la carrocería del auto. Su función principal es proteger la pintura contra rayones, impactos leves de piedras, rozaduras cotidianas, marcas de estacionamiento y agentes externos como el sol, la suciedad o la contaminación ambiental. A diferencia de otros tratamientos superficiales, el PPF no solo protege, sino que también mantiene el acabado original del vehículo sin modificar su color ni su textura.
Una de sus características más valoradas es su capacidad de autorreparación. En los modelos de mayor calidad, la superficie del film puede “recuperarse” con la exposición al calor —ya sea del sol o de agua caliente—, haciendo que pequeñas marcas o micro rayones desaparezcan con el tiempo. Esto lo convierte en una solución especialmente atractiva para quienes buscan mantener el vehículo en estado estético óptimo durante varios años.
En el mercado paraguayo, el PPF comenzó a ganar visibilidad en los últimos años, impulsado en gran parte por la difusión en redes sociales y el acceso a información sobre detailing y cuidado automotriz. Sin embargo, sigue siendo un servicio de alta gama, tanto por la tecnología que utiliza como por el nivel de aplicación que requiere.
Según explicó Jorge Ocampos, propietario de Brillo Car, este tipo de protección comenzó a conocerse en el país alrededor de 2018, aunque en ese momento todavía no existía un mercado desarrollado. Con el tiempo, la demanda fue creciendo, especialmente entre usuarios que buscan preservar el valor estético y comercial de sus vehículos.
Hoy, el PPF se aplica tanto en autos 0 km como en vehículos usados de alta gama o de colección. En el caso de los vehículos nuevos, el objetivo es evitar cualquier tipo de desgaste desde el primer día de uso. En los autos clásicos o de colección, en cambio, la prioridad pasa por conservar la originalidad de la pintura, manteniendo el vehículo en condiciones lo más cercanas posibles a su estado de fábrica.
Dentro del sector, este tipo de protección se integra con otros servicios de estética automotriz avanzada como los tratamientos cerámicos, el pulido técnico, los polarizados y la restauración de pintura. Aunque cada uno tiene funciones distintas, el objetivo general es el mismo: prolongar la vida útil y el buen estado visual del vehículo.
El PPF también se diferencia del recubrimiento cerámico. Mientras este último actúa como una capa química que mejora el brillo y facilita la limpieza, el film de protección ofrece una defensa física más robusta contra impactos y abrasiones. Por eso, en muchos casos ambos tratamientos se complementan.
En Paraguay, este tipo de servicio se realiza en Brillo Car, un taller especializado con más de 10 años de experiencia en estética automotriz, ubicado en Asunción, barrio Obrero. Desde allí, Jorge Ocampos y su equipo trabajan en la aplicación de estas tecnologías, enfocadas tanto en la restauración de vehículos usados como en la protección preventiva de unidades nuevas, en un mercado que crece al ritmo del interés por el cuidado automotriz de largo plazo.
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