Lo que una empresa desecha, otra lo convierte en negocio: la apuesta por la economía circular

(Por SR) Sistema B Paraguay cumple 10 años con más de 100 empresas certificadas. El movimiento impulsa modelos de negocio que transforman residuos en recursos y combinan rentabilidad con impacto social y ambiental.

Lo que para una empresa es un residuo, para otra puede convertirse en materia prima y abrir una nueva oportunidad comercial. Esa lógica forma parte de los modelos de negocio que promueve Sistema B Paraguay, una organización que busca impulsar empresas capaces de generar rentabilidad mientras gestionan su impacto social y ambiental.

La reutilización de desperdicios y la colaboración entre compañías abren posibilidades para desarrollar nuevos productos, reducir el descarte de materiales y aprovechar recursos que antes no tenían un uso comercial. Así, un residuo puede convertirse en el punto de partida de otro negocio, con beneficios tanto económicos como ambientales.

“De repente las empresas tienen desperdicios y no se dan cuenta o no saben qué hacer con ese desperdicio, y quizás eso les sirve como materia prima a otra empresa”, explicó para InfoNegocios Martha Cabello, Country Manager de Sistema B Paraguay.

La ejecutiva señaló que estas iniciativas forman parte de la llamada acción colectiva, en la que dos o más empresas se unen para generar un impacto mayor. La propuesta consiste en identificar oportunidades de colaboración entre sectores, compartir recursos y encontrar nuevas formas de aprovechar los materiales disponibles.

Esta dinámica puede aplicarse a distintas industrias, desde la reutilización de residuos como insumos para nuevos productos hasta las alianzas entre empresas de un mismo rubro que buscan mejorar sus prácticas y transformar sus cadenas de valor.

El interés por incorporar estos criterios a la gestión empresarial viene creciendo en el país. Actualmente, Paraguay cuenta con más de 100 Empresas B, entre compañías nacionales e internacionales, según Cabello. La comunidad incluye grandes industrias, empresas de servicios y emprendimientos de menor tamaño que buscan integrar el impacto a sus decisiones de negocio.

Este año es especialmente significativo para la organización: Sistema B cumple 10 años de presencia en Paraguay, mientras que el movimiento B celebra dos décadas a nivel global y ya está presente en más de 104 países.

Para Cabello, el crecimiento responde a que cada vez más compañías reconocen que medir su impacto puede ayudarlas a mejorar su gestión y fortalecer su posición competitiva. La certificación no depende de un rubro o tamaño específico, sino de la voluntad de la empresa de evaluar sus operaciones y avanzar en un proceso de mejora.

“Cualquier empresa puede ser una empresa B, sin importar el rubro, sin importar el tamaño, sin importar la cantidad de colaboradores”, afirmó.

El proceso comienza con una evaluación que permite identificar tanto los impactos negativos como los positivos de la organización. Posteriormente, la empresa atraviesa una auditoría para determinar si cumple con los estándares necesarios para obtener la certificación.

La propuesta no se limita a la gestión de residuos o al cuidado ambiental. Cabello destacó también los modelos empresariales que promueven condiciones laborales dignas y oportunidades de crecimiento para sus trabajadores.

Como ejemplo, mencionó a una empresa del sector de limpieza que busca mejorar las condiciones de las personas que realizan estas tareas, en su mayoría mujeres, mediante el acompañamiento y el desarrollo personal y laboral.

El caso muestra que el impacto también puede formar parte del núcleo del negocio, a través de la generación de empleo de calidad y la mejora de las condiciones de vida de quienes participan en la actividad.

Además de promover prácticas responsables, Sistema B plantea que incorporar estándares de impacto puede ayudar a las empresas a ser más competitivas, resilientes y rentables.

Cabello señaló que algunas Empresas B paraguayas ya lograron comercializar con mercados como Europa y Estados Unidos, destinos que presentan exigencias importantes para los proveedores. La certificación permite formar parte de una comunidad global de compañías que trabajan bajo criterios comunes y apuestan por una mejora continua.

“Lo que no se mide no se gestiona”, sostuvo la ejecutiva, al explicar la importancia de evaluar los resultados para identificar oportunidades y tomar mejores decisiones.

Con más de 100 empresas certificadas en el país, el desafío es extender esta visión a más sectores y demostrar que la gestión del impacto puede integrarse a la estrategia comercial. En ese camino, los residuos dejan de ser necesariamente un costo de descarte y pueden convertirse en recursos capaces de impulsar nuevos productos, alianzas y oportunidades de negocio.

 

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