Paraguay sumó un nuevo dato a su inventario de biodiversidad acuática. La investigadora Melissa Dos Santos, MSc. Biól., de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Asunción (Facen-UNA), publicó el primer registro científico oficial de una medusa de agua dulce en el país. Se trata de Craspedacusta sowerbii, una especie exótica de origen asiático que ya fue reportada en distintos ecosistemas del mundo, pero que hasta ahora no contaba con documentación formal en territorio paraguayo.
El dato no es menor para la comunidad científica. Según Dos Santos, lo relevante del caso no es hablar de un “descubrimiento” en sentido estricto, sino de una confirmación científica verificable. “Las especies ya fueron descubiertas por pobladores hace años, pero lo que nosotros hicimos es una publicación, un registro científico oficial”, señaló.
La diferencia es clave. El trabajo fue publicado en la revista internacional Ecosistemas y pasó por revisión de pares, lo que permite que la información pueda ser utilizada como referencia para futuras investigaciones. En términos prácticos, el país pasa de tener reportes informales o avistamientos aislados a contar con un dato incorporado al circuito científico.
La medusa fue registrada en el entorno de una cantera que, con el tiempo, se llenó de agua tras antiguas actividades de extracción de piedra. Ese espejo de agua, por sus características, se convirtió en un ambiente propicio para la observación de la especie. No obstante, la investigadora aclaró que la formación de la cantera y la aparición de la medusa son fenómenos distintos. La pregunta científica sigue abierta: ¿cómo llegó hasta allí?
Una de las hipótesis apunta a la acción humana. La especie puede desplazarse de manera indirecta a través de equipos de buceo, embarcaciones pequeñas, elementos de navegación o incluso plantas acuáticas trasladadas de un ambiente a otro. “Generalmente, por acciones antrópicas, estas especies fueron mudándose de ambiente”, explicó Dos Santos.
La capacidad de resistencia de la medusa también ayuda a entender su expansión. Cuando las condiciones no son favorables, puede permanecer inactiva durante años en una fase conocida como podocito, similar a una estructura de resistencia. Luego, cuando el ambiente vuelve a ser adecuado, puede reactivarse y generar floraciones o “blooms”, momentos en los que los ejemplares adultos se hacen visibles.
A simple vista, la medusa puede observarse, aunque no siempre con facilidad. Es pequeña, transparente y, en su fase adulta, suele medir entre 1,5 y 2 centímetros. Por lo general, aparece más hacia el centro del espejo de agua y en la superficie, no tanto en las orillas. La investigadora explicó que, al ser transparente, puede pasar desapercibida si se observa contra el reflejo del sol.
En cuanto al contacto con las personas, el mensaje es de cautela, pero no de alarma. La especie posee células urticantes, como otras medusas, y puede generar reacciones leves en pieles sensibles, aunque los casos reportados no indican un peligro crítico. “No representa un peligro inminente ni crítico”, afirmó la investigadora, aunque recomendó no manipularla sin necesidad ni trasladarla a otros cuerpos de agua.
La preocupación principal radica en su condición de especie exótica e invasora. En otros países de la región, como Argentina, Brasil y Chile, ya existen reportes de su presencia. Según Dos Santos, los registros muestran que suele aparecer en ambientes lénticos, como lagos, lagunas o canteras, aunque también comenzaron a observarse casos en arroyos, lo que despierta mayor atención por la posible conexión con sistemas hídricos más amplios.
El impacto ecológico todavía requiere más estudios. La especie se alimenta de organismos pequeños del plancton, insectos acuáticos microscópicos y, en algunos casos, larvas o alevines de peces. Por eso, su presencia podría alterar dinámicas de la cadena trófica en determinados ambientes, especialmente si logra establecerse y proliferar.
El registro también abre la puerta a nuevas investigaciones sobre calidad del agua, biodiversidad acuática y dinámica de especies exóticas en Paraguay. Dos Santos aclaró que la presencia de la medusa no permite concluir, por sí sola, si el agua está contaminada o no. Para ello se requieren estudios específicos.
Más allá del dato científico, la investigadora destacó el rol de la ciudadanía. Muchos registros en biología parten de observaciones de pobladores que alertan sobre especies poco comunes. En este caso, el aporte social fue el primer paso para que la ciencia pudiera confirmar oficialmente la presencia de la medusa.
“Esto que se publica también es gracias a la población”, remarcó. Así, una observación curiosa en una cantera terminó convirtiéndose en una nueva pieza para entender mejor los ecosistemas acuáticos del país.
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