Aunque el crecimiento del sector es evidente, Ocampos insistió en partir de una base clara: “suplementar no es reemplazar la comida. Un plan nutricional bien hecho cubre la base: proteínas de calidad, vegetales, grasas saludables, carbohidratos adecuados y buena hidratación. Eso es lo primero. Sin eso, nada funciona. Ahora… vivimos con estrés constante, dormimos menos, entrenamos más, comemos apurados y muchas veces la calidad real de los alimentos no es la misma que hace años. Todo eso genera déficits funcionales, aunque la dieta en papel esté bien”, mencionó.
Es allí donde entra lo que ella llama “suplementación inteligente”. Lejos de las tendencias virales, Ocampos planteó que suplementar no es tomar “de todo un poco”. Al contrario, se trata de identificar brechas y cubrirlas de manera personalizada. “Puede ser mejorar recuperación muscular, reforzar vitamina D, apoyar la digestión, equilibrar el sistema inmune o corregir una deficiencia puntual”, dijo.
Para ella, el punto clave es la personalización. Lo que funciona hoy no necesariamente será lo adecuado dentro de seis meses. Por eso rechaza la idea del “suplemento mágico” que sirve para todos. “Cada cuerpo es distinto y cada etapa de la vida también. Lo que una persona necesita ahora puede cambiar completamente más adelante”, aclaró.
En el ámbito deportivo —donde DSN tiene una fuerte presencia— las demandas cambian: el cuerpo está bajo estrés físico constante y la recuperación es determinante. “Ahí sí o sí necesitamos una proteína de buena calidad, creatina para rendimiento, electrolitos para una hidratación adecuada y algo que muchos olvidan: probióticos”, señaló.
Un punto importante mencionado por la especialista es que, si la salud intestinal está comprometida, la recuperación también lo estará. Para Ocampos, el intestino es un eje silencioso que condiciona la energía, el estado de ánimo, la inmunidad y el rendimiento físico.
En adultos mayores, el escenario es diferente: la prioridad pasa por compensar la pérdida de masa muscular, mejorar la absorción de nutrientes y brindar soporte metabólico acorde a la edad.
En todos los casos, el suplemento acompaña; no reemplaza hábitos clave como dormir, alimentarse bien y manejar el estrés. “No existe pastilla que corrija una vida desordenada”, resumió.
Uno de los ejes que más preocupa a Ocampos es la cantidad de mitos que siguen circulando. Algunos de los más comunes giran en torno a preguntas como: ¿la proteína engorda? “Hay muchos mitos que siguen presentes, como por ejemplo: ¿La proteína engorda? No engorda por sí sola. Lo que genera aumento de peso es un exceso calórico sostenido. De hecho, la proteína ayuda a preservar masa muscular, genera más saciedad y puede ser una gran aliada en la recomposición corporal. No es el enemigo”, explicó.
Respecto a si la creatina puede generar aumento de peso en las mujeres, aclaró que no produce incremento de grasa corporal. En algunos casos puede presentarse una leve retención de agua intracelular, pero esta ocurre dentro del músculo, por lo que no implica hinchazón ni acumulación de grasa. Por el contrario, destacó que la suplementación con creatina contribuye a mejorar la fuerza, el rendimiento físico e incluso la función cognitiva. Además, subrayó que no se trata de una hormona, no masculiniza ni altera el equilibrio fisiológico femenino.
Otro mito frecuente, según Ocampos, es creer que los probióticos son lo mismo que un yogur. Para ella, no necesariamente es así. “Un yogur puede tener bacterias vivas, pero no siempre en dosis terapéuticas ni con cepas específicas estudiadas. Un probiótico bien formulado tiene cepas identificadas, concentración adecuada y respaldo científico para cumplir una función concreta. También está la idea de que ‘más es mejor’. Y no. En nutrición, más no significa mejor; a veces significa exceso. Y el exceso puede ser contraproducente”.
Otro punto crítico es pensar que todos los suplementos son iguales. Para Analía, la calidad depende de factores como la pureza de la materia prima, la biodisponibilidad y la dosis adecuada. El auge del contenido en redes generó un efecto doble: más interés, pero también más confusión. “Hay demasiadas recomendaciones sin contexto ni respaldo científico. Y eso puede llevar a errores importantes”, advirtió.
Para Analía, la suplementación dejó de ser un complemento ocasional para convertirse en un pilar de la salud preventiva. El consumidor moderno no busca solo vivir más; quiere vivir con energía, claridad mental, buen descanso y bienestar sostenido. “Cuando los suplementos están bien indicados, potencian lo que el cuerpo ya está haciendo. No tapan errores. Optimizar es la palabra”, enfatizó.
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