En 2025, el Centro Nacional de Servicios de Sangre (Censsa) y sus puntos de colecta recolectaron más de 37.100 unidades de sangre, casi el 40% de toda la producción nacional. Esa red incluye hospitales del área metropolitana como San Pablo, San Jorge, Limpio y Villa Hayes, entre otros. Son cifras que reflejan un sistema que creció, se organizó y amplió su alcance territorial.
Pero el indicador que más entusiasma a los especialistas no es el volumen total, sino la tendencia en las donaciones voluntarias. Hace cinco años, el Censsa recibía apenas cinco donantes voluntarios por mes, personas que donan sin que medie una urgencia personal o familiar. Hoy recibe entre 10 y 15 por semana.
"Fuimos avanzando, estamos a medio camino. Mucha más gente tiene hoy la conversación sobre la sangre, ya sea en un almuerzo o en una actividad cotidiana", destacó la doctora Elsi Vargas, directora del Censsa.
Ese crecimiento no fue espontáneo. Respondió a un trabajo sostenido de concientización a través de redes sociales, medios de comunicación y alianzas con empresas que habilitaron colectas en los propios lugares de trabajo. El resultado es una sociedad que, poco a poco, incorpora la donación como un acto de salud pública y no solo de solidaridad ante una crisis.
El camino que falta recorrer, sin embargo, es considerable. Hoy, el 95% de las donaciones todavía proviene de personas que donan a nombre de un paciente específico, generalmente un familiar. Solo el 5% corresponde a donantes voluntarios habituales.
Para que el sistema funcione con mayor independencia de las emergencias, el país necesitaría contar con unas 30.000 personas dispuestas a donar al menos una vez al año, o con 15.000 que lo hagan dos veces. Cada donación, vale recordarlo, puede salvar hasta tres vidas, ya que la sangre se fracciona en sus componentes: glóbulos rojos, plaquetas y plasma, cada uno destinado a pacientes con necesidades distintas.
Donar es más sencillo de lo que muchos imaginan. El proceso completo toma menos de una hora, los requisitos son accesibles para la mayoría de los adultos sanos y el impacto en el organismo del donante es mínimo y transitorio.
Pueden hacerlo personas de entre 18 y 65 años que pesen más de 50 kilos, no tengan enfermedades activas y no presenten comportamientos de riesgo recientes. La menstruación y el uso de anticonceptivos orales no son un impedimento. Las mujeres pueden donar hasta tres veces al año y los hombres hasta cuatro, con un intervalo mínimo de dos meses entre donaciones.
El principal freno que persiste, según Vargas, no es médico sino psicológico: el miedo a la aguja y el desconocimiento de que, estadísticamente, una de cada dos personas necesitará una transfusión en algún momento de su vida, ya sea para sí misma o para un familiar directo.
"La donación es un privilegio de la gente sana", subrayó la directora, como una forma de recordar que quien está en condiciones de donar tiene algo que muchos pacientes necesitan y que ningún laboratorio puede fabricar.
Tu opinión enriquece este artículo: