En 1998, Todo Rico comenzó como una pequeña empresa gastronómica frente a la Municipalidad de Lambaré y actualmente es un grupo con varias unidades de negocio y presencia en distintos segmentos del mercado alimenticio. Bajo una misma estructura conviven las marcas Todo Rico, TR Café Cotidiano y TR Catering TODOLATO, que atienden desde locales abiertos al público hasta comedores empresariales, colegios, universidades, sanatorios, eventos y clientes mayoristas.
¿Cómo empezó su carrera empresarial?
Trabajé desde que terminé el colegio, a los 18 años. Comencé trabajando durante un tiempo en informática mientras estudiaba —soy analista de sistemas— y luego me incorporé al negocio de la familia, dedicado a la importación de prendas de vestir de alta gama. Teníamos tiendas y traíamos varias marcas importantes. Me dediqué a eso durante unos 10 o 12 años.
Años después, cuando ya teníamos a nuestros cuatro hijos, empezamos con mi marido, de manera paralela, el negocio gastronómico. La actividad me fue absorbiendo tanto que tuve que dejar lo anterior. Mis hermanos, que fueron creciendo, se hicieron cargo de aquel negocio y yo me dediqué de lleno al que iniciamos en 1998.
Empezamos muy pequeños, con unos 10 funcionarios y una empresa unipersonal, en una esquina frente a la Municipalidad de Lambaré. Con el tiempo fuimos creciendo, abriendo más locales y diversificando los canales de venta.
Actualmente contamos con cinco canales de venta diferentes: locales abiertos al público; comedores empresariales en distintos tipos de empresas, colegios, universidades y sanatorios; un canal de venta mayorista; y un departamento de eventos. Además, participamos en licitaciones públicas en los rubros de servicios gastronómicos, eventos y alimentación escolar. También contamos con una planta de producción propia y cerca de 600 colaboradores directos.
¿Qué obstáculos encontró para desarrollarse como empresaria?
En realidad, prefiero llamar desafíos a los obstáculos, porque estoy convencida de que nada es imposible. Creo que el mayor desafío siempre fue la gestión de los recursos humanos. Es sumamente importante enfocarse correctamente en la selección adecuada del personal y, posteriormente, brindar una inducción apropiada, con buen acompañamiento, comunicación y organización del equipo.
Hay que saber rodearse de gente capaz, de personas que conozcan su área mejor que uno, para enriquecer y fortalecer la gestión de la empresa. El liderazgo en los puestos clave es fundamental, y eso lo fui aprendiendo con los años.
¿Cuál considera que es su mayor éxito como empresaria?
En realidad, casi nunca pienso en eso; pienso más bien en lo que todavía me falta mejorar. Siempre estoy buscando la mejora continua, sin detenerme. Creo que saber que muchas familias pueden vivir dignamente gracias al trabajo que genera nuestra empresa es una de las mayores satisfacciones que una persona puede tener.
¿Qué consejo le hubiera gustado recibir cuando estaba iniciando su carrera empresarial y que ahora le daría a otro empresario?
Que se enfoque en su equipo humano. Esa es la clave del éxito: sin un buen equipo no se puede crecer.
Las empresas, al nacer, pasan por distintas etapas. Al principio, cuando se está empezando, uno se ocupa hasta del más mínimo detalle, hasta que llega el momento de delegar y salir de lo operativo para ocuparse de lo estratégico. En cada etapa se requiere contar con el mejor equipo que nos acompañe. Eso es clave.
¿Es el Estado un aliado o un problema para el empresario?
Yo no puedo quejarme de nuestro país. Creo que tenemos impuestos muy razonables en comparación con los de otros países, y eso ayuda muchísimo a fomentar el crecimiento de las empresas.
Durante la pandemia, el Estado nos apoyó en todos los sentidos, lo que permitió que la empresa sobreviviera a una caída del 70% en las ventas y que saliéramos adelante con mucha más fuerza, incluso que antes. Obtuvimos muchas lecciones y surgieron nuevas oportunidades que nos permitieron recuperarnos muy rápido y seguir creciendo.
Por otra parte, las instituciones siempre se acercan a nuestro gremio —la Asociación de Restaurantes del Paraguay (Arpy), a la cual pertenecemos— para consultar opiniones, ofrecer cursos de capacitación, entre otras acciones.
Por eso, si tuviera que reclamarle algo al Estado, sería por la competencia desleal que todavía existe en el rubro. A las empresas formales se nos exige y controla muchísimo, lo cual no está mal, pero existe una gran informalidad en nuestro ámbito: empresas que no cumplen con las disposiciones y que tampoco son controladas ni reciben las mismas exigencias.
Así, la competencia se vuelve muy desleal, ya que estas empresas no pagan ningún tipo de impuesto ni asumen todos los costos que sí afrontamos los formales. Por una parte, no se puede competir con los precios de los informales y, por otra, la seguridad alimentaria no está garantizada en los productos que ofrecen. Este es un aspecto que también debería cuidarse por el bienestar y la salud de los ciudadanos.
¿Qué le reclamaría?
Que los controles y las exigencias sean iguales para todos, y que no se les exija siempre a los formales mientras que a los informales no se les exige nada. Ese sí es un grave problema que tenemos todos los que formamos parte del rubro.
En todo caso, a los informales, además de exigirles el cumplimiento de las normas, también habría que acompañarlos y enseñarles los procesos necesarios para que puedan formalizarse.
¿Qué bondades y defectos tiene el empresario paraguayo?
Bondades, muchas. Somos paraguayos y, por lo tanto, somos personas generosas, hospitalarias y preocupadas por nuestra gente. Tenemos cercanía con nuestros funcionarios, que son parte de nuestra familia.
En cuanto a los defectos, tal vez nos falte ser más formales, capacitarnos más en distintos aspectos integrales, improvisar menos y planificar a más largo plazo. Sin embargo, creo que, en general, eso está mejorando cada vez más.
El empresario actual, ¿debe tener alguna formación profesional relacionada con el mundo de los negocios?
Totalmente. La competencia es global, los conocimientos están al alcance de la mano y los jóvenes que emprenden tienen cada vez más formación y conocimientos. Por lo tanto, si uno no se prepara ni se actualiza, se va quedando atrás.
Es fundamental formarse en distintos aspectos. Además de los conocimientos técnicos específicos, hay que manejar herramientas informáticas, inteligencia artificial y, sin duda, liderazgo ejecutivo, desarrollo empresarial, inteligencia emocional y todo lo relacionado con la gestión de personas. Hoy en día, ese aspecto no puede descuidarse.
¿Un libro que todo gerente general debería leer al menos una vez en su vida?
Good to Great (Empresas que sobresalen), de Jim Collins. Se trata de un análisis sobre lo que distingue a las empresas que pasan de ser buenas a convertirse en organizaciones excepcionales y sostenibles en el tiempo.
¿Cuál es su recomendación para mantener motivado a su equipo?
Mantener una comunicación constante; procurar que todos tengan claros los objetivos que perseguimos; permitirles autonomía de gestión; realizar reuniones periódicas para revisar los avances; brindar reconocimientos específicos y frecuentes por los logros obtenidos; establecer objetivos pequeños que permitan notar y medir los avances de manera rápida y frecuente; y escuchar al equipo.
¿Cómo lidia con el estrés que produce la actividad empresarial?
Trato de tener momentos de desconexión mental total: compartir con la familia, los nietos y las amigas. De vez en cuando, un viaje familiar ayuda a renovar las energías. La actividad física también ayuda bastante.
¿Alguna frase que la defina?
“Todo es cuestión de decisión”. No me canso de repetir esa frase a mi equipo. Nada es imposible si se mantiene una visión positiva de las cosas. Es cuestión de tomar una decisión y trabajar en ella con perseverancia y convicción. Si algo soy, es positiva y perseverante.
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