Quiero hacer un spoiler alert y avisar que en esta columna no voy a hablar (tanto) de si estas tapas son mejores o peores que el corcho. Voy a hablar de lo que pasa cuando dejamos que determinen lo que un vino tiene para ofrecernos.
Porque me llama la atención cómo un elemento tan simple, que cumple —o debería cumplir— una función de conservación del vino, se convirtió en un símbolo de calidad o de todo lo contrario.
Imaginemos un gran terroir. Una parcela que produce maravillosas uvas Syrah que maduran lentamente y desarrollan todos sus precursores aromáticos y de sabor. Imaginemos también un trabajo de bodega preciso, técnico y apasionado, que transforma esas uvas en un vino profundo, complejo y con capacidad de evolucionar durante años.
Ahora embotellémoslo. Le ponemos una etiqueta hermosa, una botella impecable y una tapa a rosca. Llega a la góndola. Un grupo de amigos la toma y alguien dice: “¿Tiene tapa a rosca? No, esos son los más baratos”.
En una frase, todo lo que hubo detrás de esa botella queda condicionado por una percepción que poco tiene que ver con la calidad real del vino.
Porque, en realidad, en muchas regiones vitivinícolas del mundo, bodegas de altísima gama eligen la tapa a rosca como una decisión técnica, ya que este tipo de tapones permite un mayor control sobre el ingreso de oxígeno y la evolución del vino.
Entonces me sorprende, aunque no debería, el poder de este y otros elementos para construir o destruir la percepción de un producto. Y también el daño que pueden hacerle a una industria los mitos que repetimos casi sin cuestionarlos.
Eso me lleva a pensar en algo que en marketing sabemos muy bien, pero que en el mundo del vino a veces olvidamos: que el producto no es solamente lo que hay adentro de la botella. También es la forma de esta, su tamaño, su peso; es la etiqueta, el diseño, los colores.
Es cómo se presenta, cómo se exhibe, cómo se comunica. Y también es el tapón.
Todos esos elementos construyen una percepción y responden al posicionamiento que queremos darle a una marca.
Por eso, para quienes van a comprar vino, mi recomendación es que, cuando tengan una botella desconocida delante, intenten darle una oportunidad antes de decidir qué hay adentro por cómo se ve por fuera.
Como bebedores, nos toca destapar mitos y prejuicios y animarnos a disfrutar más del vino.
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