“Soy Jhonatan Quintana, mi esposa Liliana Chávez; estamos hace 14 años casados, venimos viajando más o menos hace seis años”, relató a InfoNegocios. Los viajes comenzaron con Liliana como acompañante. De hecho, durante años participó como copiloto en recorridos internacionales de larga distancia. Pero el proyecto evolucionó.
Primero encararon una gran expedición regional. “Llegamos a hacer el proyecto que se llamó Hasta la mitad del mundo, después lo hicimos en Sudamérica en moto… hicimos ocho países en total”, explicó. Más adelante decidieron redoblar la apuesta e ir lo más al sur posible. Esta vez, con un cambio esencial en la dinámica de la pareja viajera y compartiendo todo lo acontecido a través de su página de Instagram, ismali.sobre.ruedas, y demás redes sociales.
“Este viaje mi esposa lo hizo de piloto y yo también de piloto, fue una muy linda travesía”, contó Jhonatan. A bordo de motos Star Tekken 250, ambos manejaron sus propias máquinas, a diferencia de los viajes anteriores, donde ella iba detrás. Salieron el 4 de enero y regresaron el 31, dedicando todo el mes a la expedición.
El recorrido incluyó el kilómetro 0 de la Ruta 40, en Argentina; la llegada a Ushuaia y la extensión posterior hasta Puerto Williams, en Chile, cruzando hacia la isla Navarino hasta la caleta Eugenia. “Llegamos al kilómetro 0 de la ruta I-909, que es la caleta Eugenia, que es lo más al sur, donde prácticamente termina ya la ruta”, detalló.
La decisión de Liliana de pasar de acompañante a piloto fue uno de los ejes más potentes del viaje. Ella misma describió el proceso como un desafío personal profundo. Tras años conociendo la exigencia física y mental de estas travesías, decidió asumir el control.
“No se trató solo de una cuestión técnica, sino de animarme a asumir un rol que había postergado durante años. El miedo estuvo presente desde el inicio: a la ruta, al clima, a la exigencia diaria y, especialmente, a la Patagonia”, explicó.
La región austral fue, justamente, la prueba más dura. Vientos laterales intensos, ráfagas que desestabilizan la conducción y cambios bruscos de clima marcaron el trayecto. “En algunos momentos, el viento llegó a sacar la moto de carril, exigiendo máxima concentración y esfuerzo físico para mantener el control”, señaló. También enfrentaron la presencia constante de animales sueltos en la ruta, como guanacos y ovejas, que obligaban a reducir la velocidad y anticipar maniobras.
Jhonatan subrayó el desempeño de su esposa en condiciones extremas: “No es muy usual ver a una chica manejando… mi señora es flaquita, entonces la moto es bastante grande, pero, sin embargo, es una excelente piloto; realmente pudo soportar todas las adversidades”.
La preparación no fue improvisada. La pareja impulsa en Paraguay un proyecto propio llamado Recorriendo Paraguay a Fondo, con salidas frecuentes a destinos de difícil acceso para entrenar resistencia, técnica y adaptación. “De esa forma también nos vamos ayudando un poquitito, entrenando, pero igual nunca uno está preparado para lo que es la aventura”, admitió.
Además, desarrollan actividades junto a la marca Star mediante la iniciativa Experiencia Star, guiando a otros motociclistas para que vivan salidas y travesías acompañadas. “Les ayudamos, les guiamos, les mostramos cómo hacerlo”, explicó.
Ushuaia no fue el final simbólico, sino una confirmación. “Lejos de ser un cierre, Ushuaia fue una confirmación del proceso vivido”, definió Liliana. El próximo gran sueño ya asoma en el horizonte de la pareja: algún día, llegar a Alaska.
Para ellos, viajar en moto no es solo turismo ni deporte. Es un proyecto de vida compartido. Una forma de elegirse y sostenerse en movimiento.
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