Paco Gamarra, sociofundador y chef a cargo del desarrollo de la marca, comentó que el nombre parte de la filosofía del grupo. “El nombre, estuvimos pensando muchísimo y, a través de uno de los amigos que tiró así, buscando totalmente otra cosa, le salió Mientras y pensamos así, ¿por qué no? Porque el ‘mientras’ es siempre, eso es lo que tenemos que disfrutar”, explicó.
La idea venía gestándose desde hacía tiempo, especialmente entre Gamarra y uno de sus socios, Nicolás. El local ya estaba identificado, pero faltaba encontrar el momento adecuado para concretar el proyecto. Finalmente, junto a otros amigos, decidieron ponerlo en marcha. Incluso antes de tener definido todo el concepto, ya habían elegido el nombre y avanzado con el registro de la marca.
“Esto realmente lo hicimos a pulmón, ladrillo por ladrillo, lo terminamos en dos meses. Prácticamente vivíamos acá, desde la mañana hasta la madrugada, prácticamente dormimos cuatro o cinco horas y ya estábamos otra vez acá”, contó.
En cuanto a la cocina, Gamarra buscó desarrollar una propuesta que combinara sabores familiares con nuevas presentaciones. Uno de los platos que mejor representa esa intención es el vori vori sorpresa frito, una reinterpretación del tradicional vori vori.
“La preparación consiste en bolitas de vori, elaboradas con el procedimiento habitual y rellenas con queso Paraguay, se cocinan en caldo de verduras y gallina, luego se pasan por harina de maíz y se fríen hasta lograr una textura crocante. Se sirven sobre una mousse fría de gallina, preparada a partir del caldo de cocción de las verduras y la gallina, que se reduce y emulsiona. El resultado es un contraste de temperaturas y texturas, sin perder el sabor reconocible del plato”, detalló Paco.
La carta también incluye clásicos de bar con algunos giros, como las empanaditas fritas o al horno, cheeseburgers con pan brioche de papa y medallones de vacío, además de albondiguitas en salsa pomodoro y albahaca, acompañadas de tapas de polenta cremosa con queso Paraguay, apanadas y fritas.
Otra de las opciones son los asaditos de picaña, que llegan con lactonesa de ajos asados y chimichurri ahumado. En lugar de la tradicional mandioca, el acompañamiento es una chipa guazú preparada a la sartén, al estilo de las cocinas del interior del país. Son platos pensados como finger food, para comer cómodamente, picar y compartir.
La experiencia se completa con una carta de bebidas que combina opciones tradicionales con cuatro tragos de autor. Entre ellos se destaca Caza Bobo, considerado el favorito de la preapertura, una propuesta con un perfil ligeramente dulce, almíbar de manzana, whisky de manzana y una espuma de jengibre que le aporta un toque particular. También figuran Pomelada, Fuego de Medianoche y Brisa Roja.
Mientras funciona de domingo a jueves, de 18:00 a 01:00, y ya recibe al público luego de una etapa de preapertura. La inauguración oficial todavía no tiene fecha confirmada.
Ubicado sobre Andrade, entre malutin y Bulnes, el bar integra tres ambientes: el salón, el deck y la vereda. Gracias a dos ventanas basculantes, los espacios se conectan visualmente y permiten que quienes están dentro puedan ver lo que sucede afuera, y viceversa.
Además, cuenta con estacionamiento privado frente al local, con capacidad aproximada para entre 25 y 30 vehículos. El proyecto también busca construir una relación cercana y respetuosa con el vecindario. Asimismo, es pet friendly.
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