Hasta que, a los 63 años, decidió retomarlo.
Hoy, con 73 años y próximo a cumplir 74, Mujica lleva alrededor de una década vinculado a la aviación. Se trata de una de las grandes pasiones de su vida ya que vuela por Paraguay y Argentina, realiza viajes con amigos y familiares y llegó incluso a protagonizar una travesía en un monomotor de 1979 que lo llevó hasta Miami y posteriormente por 30 estados de Estados Unidos, hasta llegar a Seattle.
Pero la historia de Mujica como piloto no comenzó con una licencia ni con su primer vuelo. Comenzó mucho antes, con una fascinación por los aviones que permaneció escondida mientras construía su carrera empresarial.
Su primer acercamiento fue el aeromodelismo. Desde tierra, controlaba pequeños aviones a distancia y encontraba allí una manera de experimentar, aunque fuera parcialmente, aquello que siempre le había llamado la atención: volar.
La pasión incluso lo llevó a pensar en estudiar Ingeniería Aeronáutica. Mientras todavía estaba en el colegio viajó a Córdoba con ese objetivo. Sin embargo, la vida terminó llevándolo por otro camino.
Estudió Derecho, aunque prácticamente no ejerció como abogado, y se dedicó de lleno al mundo empresarial. Fue allí donde encontró su principal desafío profesional: fundar y desarrollar Luminotecnia, compañía a la que dedicó décadas de trabajo.
La aviación quedó relegada a ese lugar donde suelen quedar algunos sueños de juventud como pendientes, pero no necesariamente olvidados.
Hasta que llegó el momento de preguntarse qué vendría después de la empresa.
El momento de volver a empezar
Cuando Mujica comenzó a pensar en retirarse de la gestión cotidiana de Luminotecnia, también tomó una decisión respecto a su propia vida, pues quería encontrar una nueva actividad que le permitiera ocupar ese espacio que dejaba el trabajo.
Y la respuesta estaba, en realidad, frente a él desde hacía décadas. A los 63 años comenzó a estudiar para convertirse en piloto.
La decisión también estuvo vinculada con su visión sobre la sucesión empresarial. Quería que sus hijos asumieran el protagonismo y tuvieran la posibilidad de dirigir la compañía, tomar decisiones y construir su propio camino.
Para Mujica, quedarse indefinidamente al frente de una empresa familiar puede terminar siendo una forma de impedir que la siguiente generación crezca. Fue entonces cuando la aviación apareció como una especie de vía de escape de aquella vida profesional.
Pero hubo alguien que tuvo un papel decisivo para que finalmente se animara.
Su hijo mayor le regaló por su cumpleaños el manual de una escuela de vuelo y, además, lo inscribió. Mujica ya pensaba que por su edad probablemente no podría convertirse en piloto.
Su hijo le demostró lo contrario.
“Yo ya pensé que a esa edad ya no iba a poder volar”, recuerda.
La primera vez que estuvo dentro de un avión, viendo una pista frente a él, experimentó algo que durante años había imaginado solamente en sueños.
“Yo soñaba despierto y dormido que podía estar sentado en un avión viendo una pista por delante donde aterrizar”.
Ahora la pista era real. Y también lo era el avión. Desde entonces, asegura que cada vez que sale a volar disfruta la experiencia como si fuera la primera.
Una década en el aire
Con el tiempo, la aviación dejó de ser simplemente una actividad recreativa de los domingos.
Mujica comenzó a utilizar el avión para viajar con amigos, visitar campos y recorrer distintos destinos. También comparte vuelos con su esposa y ha recorrido diferentes lugares de Argentina, desde Buenos Aires hasta Bariloche.
En uno de sus viajes más recientes, por ejemplo, salió desde Paraguay hacia Corrientes y continuó por distintos puntos de Argentina: El Trébol, Pilar, Alta Gracia, Jesús María y Concepción de Tucumán. El regreso incluyó Santiago del Estero y nuevamente Corrientes, donde realizó los trámites de salida antes de volver a Asunción.
También participó de una travesía con un numeroso grupo de pilotos argentinos, con unas 30 o 40 aeronaves, que llegó hasta Ushuaia.
Pero ninguna de esas experiencias parece superar la que realizó junto con dos amigos a bordo de un pequeño monomotor fabricado en 1979.
El destino inicial fue Miami. Desde allí continuaron volando por Estados Unidos hasta recorrer 30 estados y llegar a Seattle, para posteriormente emprender el regreso a Asunción.
Una travesía que, para Mujica, representa mucho más que kilómetros recorridos.
Es la prueba de que aquel sueño que había quedado suspendido durante décadas todavía podía convertirse en realidad.
“Cada vuelo es un desafío”
Mujica no habla de la aviación como una simple forma de trasladarse. Para él, cada vuelo tiene un componente de desafío. Las condiciones nunca son exactamente iguales y cada aterrizaje representa una pequeña meta cumplida.
“Cada vuelo es diferente y cada vuelo es un desafío y cada aterrizaje es un logro”, sostiene.
Y enseguida resume esa filosofía con una frase que parece explicar también buena parte de su vida empresarial:
“El logro es el combustible de la vida”.
Para él, conseguir algo que parecía difícil genera satisfacción y, al mismo tiempo, alimenta las ganas de afrontar un nuevo desafío.
La lógica es la misma que aplicó durante décadas en los negocios, solo que ahora el escenario cambió: antes estaba al frente de una empresa; hoy puede estar a miles de metros de altura, intentando completar correctamente una ruta y aterrizar en una pista desconocida.
La aviación después de la empresa
Mujica reconoce que volar es una actividad costosa. El avión es apenas una parte de la ecuación: combustible, mantenimiento, viajes, hoteles y otros gastos hacen que sea una actividad que requiere una importante capacidad económica.
Pero tampoco pretende presentar su experiencia como algo que necesariamente todos deberían replicar.
Después de pasar décadas dedicado a una empresa, considera que cada persona debería encontrar una actividad que le genere entusiasmo y le dé sentido a su tiempo.
Para él, esa actividad fue la aviación.
“Yo encontré que hay vida después de la empresa”, afirma. Hoy esa vida incluye volar, viajar, escribir, crear contenido para YouTube y TikTok, reunirse con personas y compartir experiencias.
También incluye una relación diferente con su familia. Dar espacio a sus hijos para que asumieran responsabilidades empresariales, cuenta, permitió que ellos ganaran confianza y se sintieran realizados al dirigir una empresa compleja. A él, a su vez, le permitió disponer de más tiempo para compartir con su esposa y abrirse a nuevas amistades en cada destino.
De alguna manera, la aviación terminó siendo el puente entre dos etapas.
La primera estuvo marcada por la construcción de una empresa. La segunda, por recuperar una pasión que había quedado esperando durante décadas.
Tu opinión enriquece este artículo: