“En el refugio es la primera vez que logramos extraer este tipo de miel dentro del sistema ambiental de Itaipú. En Paraguay ya hay meliponicultura, pero sigue siendo una actividad poco conocida”, explicó en diálogo con InfoNegocios el ingeniero César Mendoza, de la Superintendencia de Medio Ambiente de Itaipú Binacional.
Las protagonistas de esta experiencia son las abejas nativas sin aguijón, conocidas técnicamente como melipónidas. A diferencia de la abeja africanizada (Apis mellifera), estas especies forman parte de la fauna local y cumplen un rol clave en la polinización de los bosques nativos.
“Las abejas nativas que tenemos en Paraguay no tienen aguijón. Las que pican son las exóticas. Estas son nuestras, forman parte de nuestro ecosistema”, señaló Mendoza. Entre ellas, la más conocida es el jate’i, aunque el refugio trabaja con cinco especies diferentes.
La miel que producen estas abejas es escasa, pero altamente valorada. “Se obtiene muy poca cantidad, pero es una miel mucho más cara que la convencional. Es muy apreciada por sus propiedades medicinales”, indicó el ingeniero, al tiempo de aclarar que el objetivo principal no es la producción a gran escala, sino la conservación con aprovechamiento responsable.
Además de la miel, la meliponicultura permite obtener polen y cera, subproductos que también fueron extraídos en esta primera experiencia. “Polen, cera y miel es lo que pudimos obtener en esta cosecha inicial”, detalló Mendoza.
La producción será utilizada con fines educativos y demostrativos, y está prevista una actividad especial para que el público pueda degustar la miel y conocer de cerca el trabajo con estas especies. “Mucha gente nunca probó este tipo de miel. Queremos mostrarla, que la conozcan y que entiendan su valor”, afirmó.
El proyecto comenzó a gestarse a mediados del año pasado, cuando Itaipú decidió convertir el área en un atractivo turístico ambiental. Para ello, se construyeron cajas especiales y se rescataron colonias de abejas que estaban en riesgo, principalmente por tala de árboles, incendios o intervenciones urbanas en zonas cercanas al refugio.
“Rescatamos colonias que iban a ser eliminadas y las trasladamos a cajas preparadas por nosotros. Así armamos este espacio turístico, educativo y demostrativo”, explicó el técnico.
Hoy, el área funciona como un aula abierta de educación ambiental, donde los visitantes pueden aprender sobre la importancia de las abejas nativas y su rol en los ecosistemas.
A diferencia de la apicultura tradicional, el manejo de abejas melipónidas requiere cuidados permanentes. “Son más delicadas. Hay que monitorear constantemente que no sean atacadas por hormigas, arañas o incluso monos, porque estamos en un ambiente silvestre”, explicó Mendoza.
El mantenimiento diario incluye la limpieza de telas de araña, el control de insectos y la protección de las colonias para garantizar su supervivencia y productividad.
Más allá de la experiencia puntual, Itaipú apunta a que el refugio se convierta en un centro demostrativo que motive a otras personas e instituciones a involucrarse en la meliponicultura. “En el futuro queremos firmar acuerdos o convenios para reunir a personas interesadas en trabajar con estas abejas”, adelantó Mendoza.
El mensaje de fondo es claro: las abejas nativas no solo producen miel, sino que son los principales polinizadores de nuestros bosques. “Es momento de empezar a valorarlas y hablar más de ellas. Si no las conservamos, perdemos mucho más que un producto”, concluyó.
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