En primer lugar, Osiw explicó que las piezas más nobles, como la carne fileteada, suelen estar dirigidas a un segmento más exigente. “Este tipo de carne raramente se vende entera en góndolas del exterior. En cambio, se la procesa y presenta en finas tiras, similares a las de un jamón o salmón, para el consumo directo en restaurantes o en gastronomía gourmet”, detalló. Países como Taiwán, Estados Unidos, Chile, Brasil, Uruguay e Israel apuestan por este formato fileteado, ideal para platos de alta gama.
Por otro lado, los productos congelados –sobre todo los de segunda categoría o recortes de carne– tienen un destino más práctico: forman parte de comidas preelaboradas e instantáneas. “Se usan para platos que vienen casi listos: solo hace falta agregar agua y calentar en el microondas. Arroz con carne, guisos, caldos. Es carne como insumo dentro de la industria de la conveniencia alimentaria”, indicó. Estos productos congelados tienen una fuerte presencia en países como Taiwán, Estados Unidos y Colombia, donde el consumo de alimentos listos para calentar sigue en expansión.
Respecto a las hamburguesas, Colombia y Estados Unidos son dos de los principales compradores. Paraguay incluso ya exporta hamburguesas procesadas directamente, lo que representa un salto en valor agregado para el producto cárnico. “La hamburguesa 90/10 –es decir, 90% carne y 10% grasa– es la presentación más habitual que se exporta actualmente”, confirmó Osiw.
En cuanto a menudencias, si bien no se cuenta con tantos datos precisos, suelen consumirse directamente y están destinadas a mercados de menor poder adquisitivo. En cambio, los huesos bovinos –aunque parezca un producto de bajo valor– tienen un uso industrial interesante: sirven como base para la producción de gelatina. Este subproducto, altamente controlado por razones sanitarias, requiere un procesamiento complejo y suele exportarse ya transformado.
“El crecimiento de la industria de la gelatina bovina paraguaya es reciente. Si bien existía producción en pequeña escala desde la década del 2010, fue recién en 2021 cuando se consolidó su exportación, principalmente a mercados como Brasil y Estados Unidos”, comentó Osiw. A este listado se suman también Alemania y México, que compran gelatina paraguaya para usos en la industria alimentaria, farmacéutica y cosmética. El año pasado, el sector alcanzó los US$ 26 millones en exportaciones, impulsado por empresas independientes que compran subproductos a frigoríficos.
En total, los principales mercados para la carne paraguaya en su formato fresco y premium son Chile, Brasil, Uruguay, Israel y Taiwán. Allí, la carne se suele despiezar y reempacar, adaptándola al gusto local y a los estándares de comercialización de cada país.
Osiw también mencionó que la ubicación geográfica de Paraguay influye en las decisiones logísticas de exportación. “Uruguay tiene la ventaja del acceso directo al mar, lo que facilita el envío de productos frescos. En nuestro caso, muchas veces optamos por exportar productos transformados o deshidratados, como ocurre con la leche en polvo, para abaratar costos logísticos”, explicó.
Con esta diversidad de destinos y usos, la carne paraguaya demuestra su versatilidad y valor en distintos segmentos del mercado global, desde platos instantáneos hasta cortes premium en restaurantes internacionales.
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