Natalia Ántola, directora general de Diversidad, Derechos y Procesos Culturales de la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), sostuvo que la fecha representa una reafirmación colectiva. “Es una oportunidad para reconocer que nuestro patrimonio cultural —material e inmaterial— no es solo herencia del pasado, sino una herramienta viva para construir identidad, cohesión social y desarrollo sostenible. También es un llamado a la corresponsabilidad entre el Estado, las comunidades y la ciudadanía en su protección”, afirmó.
Paraguay posee una riqueza patrimonial diversa que abarca monumentos históricos, tradiciones, lengua, gastronomía y expresiones artísticas. Entre los bienes materiales más emblemáticos se encuentran las Misiones Jesuíticas, el Centro Histórico de Asunción, el Palacio de López, el Panteón Nacional de los Héroes y la Casa de la Independencia.
En el plano inmaterial destacan la guarania, el tereré, el ñandutí, el poncho para’i de 60 listas, la gastronomía local, los saberes de pueblos originarios y la lengua guaraní como eje identitario.
Andrea Vázquez, presidenta del Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA), consideró que el concepto de patrimonio evolucionó en los últimos años. “Ya no se limita únicamente a lo material. Hoy el patrimonio cultural inmaterial tiene igual o incluso mayor relevancia, porque sostiene la identidad de las naciones, resguarda sus tradiciones y mantiene viva su memoria colectiva”, señaló.
Para la funcionaria, uno de los mayores valores aún subutilizados es el idioma guaraní. “Es profundamente expresivo y cargado de identidad regional. Debería tener una presencia mucho más fuerte tanto en nuestra comunicación interna como en la proyección internacional del país”, indicó Vázquez.
Desde el IPA también destacaron el valor de los alimentos de origen prehispánico como parte de la herencia cultural paraguaya. Ingredientes como el maíz, la mandioca, la batata, la guayaba y la yerba mate ganan espacio en propuestas gastronómicas contemporáneas y refuerzan la identidad culinaria nacional.
En cuanto a la preservación, Ántola explicó que existe una creciente valoración social del patrimonio, aunque aún insuficiente. Según comentó: “Cada vez más comunidades, instituciones y ciudadanos reconocen su importancia, no solo como memoria, sino como oportunidad de desarrollo. Desde el Estado, este interés se traduce en políticas públicas, programas como ‘Tekorenda’ (programa de salvaguarda urgente del patrimonio cultural material del Paraguay) y una mayor articulación interinstitucional para su protección y puesta en valor. Esto aún no es suficiente: necesitamos involucrar a todos los sectores para sumar esfuerzos a este trabajo, que es de todos, y lograr que la cultura sea un gran motor de desarrollo sin perder nuestra identidad”.
Además, Ántola recordó que en los últimos años se fortaleció el marco normativo con la Ley N.º 5621/2016, mientras se avanzó en proyectos de restauración como la Recova del Puerto y el Centro Cultural del Puerto de Asunción.
Sin embargo, las amenazas persisten. La falta de mantenimiento, las intervenciones inadecuadas, la presión inmobiliaria, los escasos recursos técnicos y financieros, además de los efectos del cambio climático, figuran entre los principales riesgos para sitios históricos y bienes culturales.
“El crecimiento urbano puede ser un desafío cuando no está planificado, porque genera pérdida de identidad y deterioro patrimonial. Pero también puede ser una oportunidad si se integra el patrimonio al desarrollo urbano”, afirmó Ántola.
Como ejemplo, mencionó casos regionales como Lima, Quito y diversas ciudades de Brasil, que lograron revitalizar centros históricos degradados y transformarlos en polos de identidad, turismo y actividad económica.
En el caso paraguayo, “imaginemos por un momento el centro de Asunción revitalizado, lleno de restaurantes, negocios y familias viviendo allí. Un centro que nos permita conocer nuestro pasado, entender hacia dónde vamos y disfrutar de ser paraguayos”, auguró.
Desde el sector artesanal también trabajan en la protección del patrimonio intangible. Vázquez explicó que el IPA prioriza en ferias y espacios de comercialización a exponentes de técnicas tradicionales, además de impulsar talleres, programas de formación y escuelas de salvaguarda. “Nuestro objetivo es identificar, fortalecer y proyectar aquellas técnicas que forman parte de nuestra identidad, asegurando que permanezcan vivas y vigentes en el tiempo”, remarcó.
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