El Día Mundial del Loro se estableció en 2004 por el World Parrot Trust con el objetivo de generar conciencia sobre la conservación de estas aves y las amenazas que enfrentan en distintas partes del mundo. El tráfico ilegal, la caza, el cautiverio irresponsable y la pérdida de hábitat se mantienen entre los principales riesgos para una familia de aves muy presente también en Paraguay.
En nuestro país, loros, cotorras y guacamayos forman parte de la fauna más reconocida por la población. Su presencia está asociada tanto al entorno natural como a una costumbre cultural muy arraigada: tener aves en las casas. Sin embargo, detrás de esa convivencia cotidiana también aparecen desafíos vinculados al bienestar animal, la educación ambiental y la necesidad de comprender mejor cómo deben ser cuidadas estas especies.
La organización Asora trabaja hace 20 años en la recuperación y reintroducción de guacamayos nativos, entre ellos el guacamayo rojo, el guacamayo amarillo y el guacamayo azul. Aunque el foco principal de este proyecto está puesto en los guacamayos, la experiencia de la asociación permite abrir una conversación más amplia sobre el modo en que la sociedad paraguaya se relaciona con las aves.
Enzo Espínola, guía ambiental de Asora, explicó que loros, cotorras y guacamayos pertenecen a la familia de los psitácidos, aunque no son exactamente lo mismo. “No es lo mismo una cotorra, un loro ni un guacamayo, pero son de la familia de los psitácidos”, señaló. Desde la organización, ubicada en Luque, trabajan principalmente con guacamayos, pero el mensaje de fondo también alcanza a los loros y a otras aves que suelen estar en contacto con las personas.
En una entrevista anterior para InfoNegocios, Patricia Roche, especialista de proyectos de WWF Paraguay, afirmó que en el país existen 23 especies de psitácidos y al menos 10 de ellas figuran en los registros de decomisos por tráfico ilegal entre 2012 y 2024, según datos de la Dirección de Vida Silvestre del Mades.
Uno de los puntos que más preocupa es la normalización del cautiverio. A diferencia de especies domesticadas como los perros o gatos, los loros siguen siendo animales silvestres. No atravesaron un proceso de domesticación junto al ser humano, por lo que su presencia en hogares no responde a una convivencia natural desarrollada durante generaciones. En la mayoría de los casos, los loros que terminan como mascotas provienen de la extracción ilegal de su hábitat y del tráfico de fauna silvestre.
El mascotismo
Vale aclarar que no todos los loros en cautiverio pierden la capacidad de vivir en libertad de la misma manera. Cuanto más tiempo pasan encerrados y dependiendo de humanos, mayores son las dificultades para sobrevivir por cuenta propia. Aquellos que pasaron gran parte de su vida encerrados suelen perder habilidades clave, como conseguir alimento, evitar depredadores o relacionarse con otras aves, por lo que liberarlos sin preparación puede ser riesgoso. Aun así, incluso los loros acostumbrados a las personas siguen siendo animales silvestres y no domésticos.
Espínola reconoció que tener animales silvestres como mascotas es una práctica instalada desde hace mucho tiempo, sin embargo, por desconocimiento sobre el manejo adecuado, hay prácticas que terminan dañando a los animales.
La alimentación es otro aspecto clave. Hay gente que los alimenta con pan, con leche, con comida para humanos, restos de asado o incluso alcohol, porque existe el mito de que así hablan mejor, lo cual no es cierto”, aclaró y agregó que estas aves no hablan en sentido estricto, sino que repiten sonidos y palabras que escuchan con frecuencia.
Otras aves
La organización también trabaja con el proyecto Guacamayos Urbanos, mediante el cual recibe ejemplares donados por distintos motivos y los prepara durante un periodo aproximado de uno a tres años para su primera liberación o reintroducción en la naturaleza. De acuerdo con Espínola, en el departamento Central los guacamayos prácticamente habían desaparecido, por lo que la tarea de repoblamiento forma parte de un esfuerzo sostenido.
Actualmente, Asora monitorea entre 130 y 150 guacamayos en libertad en el departamento Central. El número aún es limitado, pero muestra un avance en la recuperación de estas aves en espacios urbanos. El seguimiento se realiza con el apoyo de la ciudadanía, que reporta avistamientos, intentos de captura o posibles casos de venta ilegal. Esta colaboración permite a la organización tener un control más constante sobre la población y actuar cuando detecta riesgos.
Para Espínola, el mayor peligro para estas especies sigue siendo el ser humano. “El mayor peligro que enfrentan, al menos los guacamayos con los que nosotros trabajamos, es el ser humano”, sostuvo. Por eso, la educación ambiental es vista como una herramienta central para cambiar hábitos y construir una relación más responsable con la fauna.
En caso de encontrar un ave herida, caída o aparentemente en peligro, Asora recomienda no intervenir de manera impulsiva. Lo ideal es contactar a la organización a través de WhatsApp para recibir orientación técnica. Espínola explicó que, en algunos casos, un guacamayo puede estar descansando o un pichón puede encontrarse en una etapa natural de su desarrollo, por lo que una mala manipulación puede generar un problema mayor.
La sede de Asora funciona en el centro de Luque, a dos cuadras del estadio del Club Sportivo Luqueño. Allí cuentan con un centro de educación ambiental y utilizan sus redes sociales para mostrar el trabajo que realizan, acercar información y promover una mayor conciencia sobre estas aves.
En el marco del Día Mundial del Loro, el mensaje de la organización apunta a revisar prácticas cotidianas y comprender que el cariño hacia estas aves también debe expresarse en un cuidado adecuado. “Que nos visiten, que conozcan el proyecto que realizamos para poder ayudarlos y asesorarlos. El trabajo que estamos haciendo es para cambiar un poco nuestra cultura y tener más conciencia de lo que nos rodea naturalmente hablando”, concluyó Espínola.
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