El comportamiento del dólar volvió a instalarse como una preocupación para el sector productivo, especialmente para aquellos rubros que dependen de la exportación y comercializan en moneda estadounidense. A esto se suma otro factor sensible para el campo: el aumento o encarecimiento de los combustibles, un insumo transversal que termina impactando en prácticamente todos los eslabones de la cadena.
Carlos Giménez, ministro del MAG, reconoció que la actual coyuntura genera presión sobre la rentabilidad del agro y, en particular, sobre el sector cárnico. “La fiesta nunca puede ser completa”, expresó al analizar el escenario, en referencia a que el buen momento productivo coincide con variables externas que reducen los márgenes del negocio.
Según el titular del MAG, el impacto se da porque buena parte de los insumos del sector se cotizan en dólares, mientras que los ingresos por exportación también dependen de esa moneda. Sin embargo, la diferencia aparece en el momento de comercializar. “Los costos al momento de la compra no varían mucho, pero a la venta sí; todo el peso del comercio afecta bastante, precisamente en lo que es la carne”, señaló Giménez.
Desde la Cámara Paraguaya de Carnes (CPC), su gerente, Daniel Burt, reconoció que la baja del tipo de cambio es un factor que golpea a la industria, aunque aclaró que todavía no cuentan con un estudio específico que cuantifique el impacto económico. “No hicimos ese estudio”, respondió al ser consultado sobre una estimación del efecto que podría tener la reducción del dólar sobre la industria cárnica.
Burt explicó que una parte importante de los costos de la industria frigorífica está dolarizada, lo que vuelve más sensible el negocio cuando el tipo de cambio cae. “Todo está dolarizado”, indicó, aunque hizo una salvedad: “Lo que no es compra de ganado, y hay algunos frigoríficos que sí pagan en guaraníes el ganado”.
El dato no es menor si se considera el peso de la carne dentro del comercio exterior paraguayo. Según Burt, el sector exportó el año pasado por valor de US$ 2.400 millones. Además, mencionó que la carne y las menudencias bovinas tuvieron una participación de 14,8% dentro de las exportaciones, lo que muestra la relevancia del rubro en la generación de divisas para el país.
La preocupación se acentúa porque, si bien la tendencia de reducción del dólar ya se venía observando, desde la CPC remarcan que en 2026 el movimiento se sintió con mayor fuerza. “Sí, pero realmente este año es el que se dio con mayor fuerza”, señaló Burt al comparar el comportamiento reciente del tipo de cambio con el escenario del año pasado.
El ministro Giménez también diferenció la situación entre los grandes operadores del agro y los productores de menor escala. En el caso de los commodities agrícolas, como la soja, explicó que los negocios suelen cerrarse con anticipación y en volúmenes importantes, lo que permite cierto margen de maniobra. Aun así, admitió que la baja del dólar también impacta en el resultado final.
El escenario golpea en un momento en que el país viene de una producción importante en la zafriña de soja. Giménez mencionó incluso un récord productivo, pero advirtió que la baja cotización de la moneda estadounidense vuelve a poner presión sobre un sector que crece y está bien posicionado, aunque no está blindado frente a las variables externas.
“Es un sector que crece, es un sector que está bien posicionado, pero no es sólido”, afirmó. En ese punto, recordó que los conflictos internacionales también terminaron afectando al campo paraguayo en los últimos años, como ocurrió con la guerra entre Rusia y Ucrania, que tuvo consecuencias en los precios de los fertilizantes y de otros insumos.
El combustible aparece como otro componente clave. Para Giménez, se trata de uno de los factores más sensibles porque atraviesa toda la actividad productiva. “El combustible hace todo y, de alguna u otra manera, reduce la rentabilidad de los negocios”, sostuvo.
El impacto, sin embargo, no es igual para todos. El ministro remarcó que los productores de mayor escala pueden acceder a herramientas financieras, negociar volúmenes o utilizar mecanismos para amortiguar el golpe. En cambio, para el pequeño productor, la situación es mucho más directa.
“El pequeño sí; el golpe es inmediato y directo”, expresó Giménez. Según indicó, los productores de menor escala tienen menos capacidad para sentarse a renegociar condiciones o buscar instrumentos financieros que les permitan compensar la pérdida de competitividad cambiaria.
Consultado sobre la posibilidad de aplicar medidas de alivio, el ministro recordó que en años anteriores se habían impulsado instrumentos transitorios junto con el Banco Central del Paraguay para atender situaciones derivadas de eventos climáticos, como sequías. Sin embargo, aclaró que esta vez, según la evaluación técnica, todavía no se configuró un escenario que amerite una medida similar.
Aun así, Giménez consideró que la diferencia cambiaria actual, que ubicó en el orden de los 500 a 700 puntos frente a niveles anteriores, merece ser discutida. “Estamos al borde de G. 6.000, inclusive menos de G. 6.000”, señaló al referirse a la cotización del dólar.
El ministro sostuvo que, aunque no se puede intervenir de cualquier manera sobre una variable determinada por la oferta y la demanda, sí existen otras medidas que podrían analizarse para mitigar el impacto. “Algunas otras medidas se pueden considerar; yo creo que se deberían considerar”, indicó.
En ese sentido, adelantó que el tema podría ser abordado en el espacio del equipo económico nacional, donde habitualmente se analizan este tipo de coyunturas. Para el agro, la discusión llega en un momento clave: con buenos volúmenes productivos, pero con márgenes presionados por el tipo de cambio y los costos operativos.
El desafío será encontrar mecanismos que permitan sostener la competitividad de los sectores exportadores sin alterar los equilibrios macroeconómicos. Para la carne, que representa uno de los principales generadores de divisas del país, el dólar bajo implica una presión directa sobre los ingresos, mientras que los costos internos y externos siguen marcando el pulso de la rentabilidad.
A la vez, la presión sobre los pequeños productores plantea una preocupación adicional, ya que son quienes tienen menor capacidad de absorción ante cambios bruscos de precios, costos o tipo de cambio. En un año de buena producción agrícola y con una industria cárnica que sigue siendo clave para el comercio exterior, el comportamiento del dólar vuelve a recordar que el desempeño del campo no depende solo del clima o del volumen producido, sino también de las condiciones macroeconómicas que terminan definiendo la rentabilidad real del negocio.
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