Ubicada en el distrito de Villa del Rosario, en el departamento de San Pedro, la Cooperativa Volendam se posiciona como una de las experiencias productivas cooperativas más sólidas del norte paraguayo. Fundada en 1947, la organización combina una fuerte base agrícola y ganadera con una apuesta creciente por la producción forestal, rubro que en los últimos años empezó a ganar espacio como alternativa de inversión y diversificación para sus socios.
En entrevista con InfoNegocios, Norbert Weichselberger, ingeniero forestal y coordinador del servicio de asistencia técnica al productor de la Cooperativa Volendam, explicó que la institución mantiene un modelo productivo apoyado en tres pilares: soja, ganado y madera. Esa combinación permite a los productores equilibrar ingresos, reducir riesgos y proyectar nuevas oportunidades de crecimiento en una zona donde la actividad agropecuaria marca el pulso económico.
“La Cooperativa Volendam está desde 1947 acá en la zona. Es básicamente agropecuaria, tenemos alrededor de 55.000 cabezas, 15.000 hectáreas de agricultura y en los últimos años también estamos iniciando en la producción forestal”, señaló Weichselberger.
El rubro agrícola es actualmente el de mayor impacto económico dentro de la cooperativa, con la soja como principal cultivo. Según el técnico, el resultado de cada campaña sojera incide directamente en el desempeño de la entidad y en el movimiento económico de sus asociados. “Económicamente la agricultura es la que mayor impacto causa acá, principalmente el cultivo de soja. Un buen año de soja significa un buen año económico para la cooperativa”, afirmó.
La campaña actual muestra una recuperación significativa frente al ciclo anterior. Weichselberger estimó que este año la producción de soja podría acercarse a las 40.000 toneladas, mientras que el año pasado la cooperativa había rondado las 10.000 toneladas. La diferencia marca un salto importante en volumen y confirma el peso que tiene este cultivo dentro de la matriz productiva de Volendam.
“Este fue un buen año de soja. Yo creo que llegamos cerca de las 40.000 toneladas, y el año pasado estuvimos rondando las 10.000 toneladas. Fue una superproducción de soja”, expresó el coordinador.
La ganadería es el segundo motor productivo de la cooperativa. Con unas 55.000 cabezas, este rubro se mantiene como una actividad extendida entre los socios y aporta estabilidad frente a los altibajos que pueden afectar a la agricultura. Para Weichselberger, esa estabilidad es una de las principales fortalezas del modelo productivo de Volendam, ya que permite sostener ingresos incluso en años climáticamente más complejos.
“La ganadería es una actividad en la que hay muchos socios metidos. Es muy estable; a pesar de que haya sequía o un año mojado, se mantiene”, explicó. Además, destacó que la zona es reconocida por contar con buenos productores de mamones, lo que refuerza la reputación ganadera de la comunidad.
El tercer eje en crecimiento es la producción forestal. Aunque todavía no alcanza el peso económico de la agricultura o la ganadería, la forestación empezó a consolidarse como una inversión de largo plazo para los productores. La cooperativa cuenta con unas 1.600 hectáreas forestales distribuidas en aproximadamente 300 parcelas, lo que refleja un esquema basado en pequeños productores que incorporaron árboles a sus fincas.
“Volendam se caracteriza por tener pequeñas parcelas. Nuestras 1.600 hectáreas están distribuidas más o menos en 300 parcelas. Realmente somos pequeños productores forestales, pero eso también nos fortalece porque hay mucha gente cortando, plantando y volviendo a ampliar superficie”, indicó Weichselberger.
El proceso forestal comenzó a tomar fuerza a partir del año 2000. En una primera etapa, la plantación estuvo vinculada al cumplimiento de normas ambientales. Luego, desde 2005, con el proceso de adecuación ambiental, los productores empezaron a organizar mejor sus superficies. Hacia 2010, la llegada de clones forestales permitió avanzar hacia una producción más comercial.
Actualmente, la cooperativa trabaja principalmente con eucalipto, aunque también realiza ensayos con corimbia y otras especies adaptadas al norte del país. La madera se comercializa según su destino: rollos para laminadoras, materia prima para aserraderos, cortes destinados a una impregnadora y biomasa proveniente de árboles más finos, puntas o copas.
Uno de los hitos del proceso fue la puesta en marcha de una impregnadora de madera en 2018, que permitió agregar valor a parte de la producción. Según Weichselberger, esta industria registró el año pasado ventas cercanas a US$ 800.000, aunque aclaró que ese dato corresponde solo a la unidad industrial y no incluye todo el movimiento generado por los productores forestales asociados.
Para la cooperativa, la forestación funciona cada vez más como una “caja de ahorro” para sus socios. La inversión requiere tiempo y planificación, pero puede generar retornos importantes cuando llega el momento de la cosecha. Por eso, el desafío ahora no es solo reponer lo cortado, sino ampliar la superficie forestal y avanzar en sistemas integrados con la ganadería.
“En los últimos años estamos vendiendo bastante bien, hay buenas experiencias y por eso también nos propusimos volver a trabajar más fuerte, implantar más superficie, no solamente reponer lo que se cosechó, sino ampliar”, sostuvo.
Volendam también acompaña este crecimiento con asistencia técnica y capacitación en manejo responsable de los recursos naturales. En ese marco, la cooperativa desarrolló talleres sobre quemas prescritas y controladas, con el objetivo de promover el uso del fuego solo bajo condiciones técnicas, legales y seguras.
“Nosotros consideramos el fuego bueno si es una quema prescrita y controlada. Ahora, ese mismo fuego en un incendio tiene un efecto totalmente contraproducente, indeseado, y es algo que nadie quiere”, afirmó Weichselberger.
Con 340 socios y una matriz productiva diversificada, Volendam busca sostener un modelo cooperativo que combine escala, estabilidad y visión de largo plazo. La soja mueve el mayor volumen económico, la ganadería aporta equilibrio y la madera empieza a consolidarse como una alternativa de futuro.
“Los productores aman su tierra, le ponen empeño y manejan los recursos naturales. Creo que Paraguay tiene un potencial muy grande en la generación de materia prima”, concluyó Weichselberger.
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