La ciencia ha consolidado que solo alrededor del 25 % de la longevidad está predeterminada por la genética; el resto depende de hábitos cotidianos como la alimentación, la actividad física y las relaciones sociales. En ese marco, el ejercicio regular reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer, diabetes tipo 2, deterioro cognitivo y depresión.
Un estudio danés que siguió a más de 8.500 personas durante 25 años mostró resultados contundentes: quienes jugaron tenis regularmente sumaron hasta 9,7 años de vida más en comparación con quienes llevaron una vida sedentaria. El bádminton también aportó un aumento significativo, con una media de 6,2 años adicionales.
Los expertos atribuyen este liderazgo de los deportes de raqueta a su naturaleza física y mentalmente completa. El tenis, por ejemplo, combina movimientos aeróbicos con ráfagas de intensidad, exige rápidos cambios de dirección, coordinación y agilidad, y trabaja prácticamente todos los grupos musculares.
Además de lo físico, estos deportes promueven una dimensión social valiosa. Jugar con regularidad implica interacción con otras personas, mantener un ritmo constante de encuentros y compromisos deportivos, y construir redes de apoyo que incentivan la adherencia al ejercicio a lo largo del tiempo, factores que también influyen en la salud a largo plazo.
El ejercicio no solo fortalece músculos y corazón: modula procesos celulares relacionados con el envejecimiento, protege los telómeros del deterioro, disminuye la inflamación sistémica y potencia el sistema inmunológico. Esto se traduce en mejores funciones cognitivas, estado de ánimo más equilibrado, sueño de calidad y huesos más fuertes.
Aunque los deportes de raqueta destacaron, otras disciplinas como el ciclismo, la natación o el fútbol también aportan beneficios de salud y años de vida extra, aunque en menor medida. Por eso, especialistas recomiendan combinar actividades aeróbicas con entrenamiento de fuerza y ejercicios de equilibrio para maximizar los efectos del ejercicio.
La clave, subrayan los investigadores, no es solo qué deporte se practica, sino cómo se integra el ejercicio en la vida diaria: encontrar una actividad que guste, que se pueda sostener y que fomente la sociabilidad puede marcar la diferencia para vivir más años con salud y vitalidad.
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