La fruta del dragón florece en suelo guaraní: el testimonio de un pionero en el cultivo de pitaya

(Por SR) Cándido Barua, productor de pitaya certificado por el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave), es un claro ejemplo de cómo la determinación y el amor por la naturaleza pueden transformar una vida. Hace nueve años, Barua enfrentaba una dura realidad: dos infartos lo dejaron con secuelas que le impedían llevar una vida normal. Pero su historia de recuperación está estrechamente ligada a una fruta exótica que llegó a su vida de forma inesperada.

"En ese tiempo, un vecino me trajo tres frutas, la 'fruta del dragón', y me dijo que me iba a hacer bien para el corazón. Empecé a comer una fruta al día y, en solo una semana, comencé a sentirme mejor. Ya no me dolía la cabeza y pude volver a atender mi negocio y salir al sol", relató Barua para InfoNegocios.

Fue así como la pitaya, también conocida como fruta del dragón, pasó a ser una parte fundamental de su vida, no solo por sus beneficios para la salud, sino también por el deseo de cultivar esta maravillosa fruta.

Barua decidió dar el paso y comenzar su propio cultivo de pitaya bajo la marca Pitaya Frutihortícola. Empezó con ocho plantines, que un vecino le facilitó, y luego consiguió más semillas en Brasil, diversificando las variedades. Hoy, cuenta con 12.000 plantas de 14 variedades distintas, siendo 9.000 de ellas las más productivas. La producción de su campo creció de manera exponencial, alcanzando 10.000 kilos en la temporada actual, con expectativas de llegar a 15.000 kilos en la siguiente.

Según el especialista, la temporada de cosecha comienza a finales de octubre, cuando el calor favorece el desarrollo de la fruta, alcanzando su pico entre octubre y diciembre. En este período, debido a la alta demanda, Barua, que tiene un equipo estable de dos personas, debe incorporar un colaborador adicional para atender la cantidad de pedidos.

Su fruta es comercializada en supermercados de Ciudad del Este y Asunción, así como a clientes más selectos, como la Cooperativa Yguazú, que fue el primer cliente del emprendimiento y con el que han trabajado durante los últimos cinco años.

La creciente demanda de pitaya en el mercado local se debe, según Barua, a un aumento en el conocimiento sobre los beneficios de la fruta, como su capacidad para cuidar el corazón, reducir el colesterol y controlar los niveles de azúcar en la sangre.

"La gente está aprendiendo cada vez más sobre los beneficios de la pitaya, por lo que la demanda está superando nuestras expectativas", afirmó.

De hecho, la calidad de la producción paraguaya de pitaya se destaca frente a la competencia brasileña. La fruta paraguaya tiene más color, es más dulce y resiste mejor el paso del tiempo antes de descomponerse.

Este cambio fue tan significativo que, en 2023, Barua solicitó la intervención del Senave para frenar el contrabando de pitayas brasileñas, que llegaban al país debido a la alta demanda local.

El negocio de Barua no solo está centrado en la producción y venta de la fruta, sino también en la comercialización de semillas y plantines para aquellos que deseen comenzar su propio cultivo.

Además, Barua mencionó el interés de empresas como Frutika, que estarían trabajando en el desarrollo de jugos de pitaya.

El cultivo de Pitaya Frutihortícola se encuentra en un terreno de 10.087 m², ubicado en el kilómetro 24, a 5.000 metros de la Ruta Py N° 2 en Minga Guazú (Alto Paraná), mientras que su local comercial está en el Hotel Lili de Ciudad del Este.

También es un lugar de aprendizaje, recibiendo a estudiantes universitarios interesados en conocer más sobre el cultivo de esta exótica fruta.

El cultivo de pitaya sigue siendo relativamente nuevo en Paraguay, con pocos productores como Barua. Sin embargo, su historia es una clara muestra de cómo una planta puede transformar vidas, no solo mejorando la salud, sino también generando oportunidades de negocio y contribuyendo al desarrollo de una industria agroexportadora cada vez más prometedora.

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