Este pacto forma parte de una red de acuerdos que Europa viene tejiendo con Indonesia y de la siempre pendiente modernización del acuerdo con el Mercosur. En un contexto global marcado por la incertidumbre, con políticas arancelarias agresivas como las impulsadas por Donald Trump y una crisis de los organismos internacionales del orden liberal, los acuerdos comerciales bilaterales se convirtieron en mecanismos de amortiguación esenciales para sostener y dar previsibilidad a las relaciones internacionales.
La Unión Europea tomó decididamente este camino, buscando consolidar alianzas y asegurar cadenas de suministro en un mundo cada vez más fragmentado.
El acuerdo con India, un gigante económico de 1.400 millones de habitantes, implica una reducción significativa de aranceles en una amplia gama de sectores. Se espera que la UE obtenga mayor acceso para sus productos manufacturados, automóviles, vinos y licores, mientras que India se beneficiará en sus sectores de servicios y en las exportaciones de textiles y productos agrícolas.
Cabe recordar que, en el acuerdo que se negocia con el bloque sudamericano, el mayor interés para el Mercosur radica en las cuotas arancelarias para productos agropecuarios, un punto de extrema sensibilidad política dentro de Europa debido a la presión de lobbies agrícolas fuertemente organizados.
El acuerdo con India, en cambio, al involucrar economías con perfiles exportadores distintos, no amenaza de la misma manera directa a esos intereses organizados europeos, como los ganaderos o los productores de etanol, lo que facilita su aceptación interna.
Para analizar las complejas interacciones entre estos acuerdos, InfoNegocios conversó con la especialista Julieta Zelicovich, investigadora del Conicet y doctora en Relaciones Internacionales. Zelicovich, profesora de la Universidad Nacional de Rosario, explicó que los efectos de interacción entre los acuerdos India–UE y Mercosur–UE operan en dos niveles clave: la tensión entre los actores involucrados y la lógica competitiva que se establece.
“El acuerdo con India puede llamar más la atención en el corto plazo y, de alguna manera, crear una presión adicional”, señaló. Esta presión no es necesariamente negativa, pero introduce una nueva variable en un tablero ya complejo.
La investigadora argumentó que el cierre del pacto con Nueva Delhi podría perjudicar la finalización del acuerdo con el Mercosur. “Al tener ya un acuerdo con otra economía grande del sur global, la urgencia europea por cerrar el capítulo sudamericano podría disminuir”, analizó Zelicovich.
Además, subrayó que India probablemente consiga cerrar más rápido el acuerdo en su Congreso y también en Europa, porque no despierta las mismas resistencias sectoriales organizadas. Esta ventaja en la velocidad de ratificación dejaría al Mercosur en una posición de desventaja y espera, mientras la UE diversifica sus alianzas.
Mientras el bloque sudamericano continúa debatiendo internamente concesiones y protecciones, la UE gana espacio de maniobra y reduce su dependencia de un solo acuerdo. Actualmente, el acuerdo está siendo estudiado en la Corte de la Unión Europea y es probable que un fallo sobre la juridicidad del mismo se resuelva en uno o dos años.
Mientras tanto, en Paraguay, Santiago Peña comenzó a reunirse con sectores empresariales para comentarles cómo se implementaría en la práctica el acuerdo y en qué aspectos podría beneficiar a los rubros de la economía local.
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