Según datos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y de la Dirección de Extensión Agraria (DEAg) de Yuty, la última campaña cerró con una cosecha cercana a 700 kilos de maní. El número cobra mayor relevancia al compararlo con la zafra anterior, cuando la producción rondó apenas los 200 kilos.
“La diferencia es muy grande. Pasamos de 200 a casi 700 kilos en una superficie que no llega a 1 hectárea”, explicó Ramón Irepa, jefe técnico de la DEAg de Yuty, en diálogo con InfoNegocios. La siembra se realizó en octubre y la cosecha comenzó en enero, con parcelas que oscilan entre 0,5 y 0,75 hectáreas.
El crecimiento no solo fue productivo, sino también comercial. Toda la cosecha ya fue vendida, principalmente en su forma tradicional, con cáscara o desgranado, sin procesos industriales ni valor agregado. “Tras una publicación, prácticamente se negoció todo el stock”, comentó el técnico, dando cuenta de una demanda activa y sostenida.
Los compradores adquirieron volúmenes variados: desde 10 o 20 kilos hasta cargas de 200 kilos, destinados tanto al consumo como a la utilización como semilla. La comercialización se dio tanto dentro de la comunidad como hacia otras zonas, lo que refuerza el potencial del maní como un rubro con mercado inmediato y baja complejidad logística.
Uno de los factores clave detrás del salto productivo fue el manejo técnico del cultivo, en especial el control de plagas. “Este año el acompañamiento se centró en el control de arañita y otras plagas que afectan mucho al maní. Eso marcó una diferencia importante en el rendimiento”, explicó Irepa. No hubo incorporación de maquinaria ni grandes inversiones, sino mejoras puntuales en el manejo agronómico.
El cultivo de maní no es nuevo en la zona, pero sí lo es su escala actual. Antes, los productores trabajaban superficies muy pequeñas, de alrededor de un cuarto de hectárea. El aumento del área sembrada respondió directamente a la buena salida comercial del producto, un incentivo clave para que las familias amplíen su apuesta.
En cuanto a la semilla utilizada, los productores trabajan con variedades tradicionales, conocidas localmente como maní guazú o mandubí, bien adaptadas a las condiciones del sur del país. Aunque no se trata de materiales mejorados, los resultados muestran que, con un manejo adecuado, pueden ofrecer rendimientos atractivos en pequeña escala.
Desde el MAG calificaron la cosecha como exitosa y remarcaron que el caso de Yuty se enmarca dentro de las estrategias de fortalecimiento de la agricultura familiar, apuntando a rubros de rápida rotación, bajo costo y alta aceptación en el mercado.
El ejemplo de Caazapá deja una señal clara: incluso con superficies reducidas, el maní puede transformarse en un negocio rentable, especialmente cuando se combinan asistencia técnica, organización comunitaria y un mercado dispuesto a comprar. En un contexto donde la diversificación productiva gana peso, el maní empieza a dejar de ser un cultivo secundario para convertirse en una oportunidad concreta de ingresos para pequeños productores.
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