El presidente de la Federación Paraguaya de Mipymes (Fedepymes), Luis Tavella, señaló que la situación no resulta del todo inesperada para el sector, aunque sí evidencia problemas en el diseño y la socialización de la herramienta. En ese sentido, sostuvo que la baja adhesión ya era un escenario contemplado desde su aprobación.
“Nos sorprendió la expresión de la ministra. Yo no creo que nadie se haya inscrito, quizás muy poca gente, pero ya estaba previsto que fuera muy poca”, expresó Tavella, en referencia a las declaraciones oficiales sobre la falta de registros.
La referencia concreta surge de declaraciones realizadas por la ministra Mónica Recalde en el programa Políticamente Yncorrecto, donde confirmó que “ninguna mipyme había comunicado todavía la aplicación del régimen de salario diferenciado del 80% del salario mínimo”.
Uno de los principales factores que explica este bajo nivel de adopción, según el dirigente gremial, es la escasa difusión institucional del régimen desde su reglamentación en septiembre de 2025. Indicó que ni el Ministerio de Trabajo ni el Instituto de Previsión Social desarrollaron campañas de comunicación amplias que permitan a las mipymes comprender cómo funciona el sistema y qué beneficios concretos ofrece.
A esto se suma la estructura misma del universo mipyme en Paraguay, caracterizado por una alta informalidad y una fuerte presencia de unidades económicas de muy pequeña escala. Tavella explicó que, de las aproximadamente 400.000 mipymes existentes, cerca de la mitad corresponde a microempresas con niveles de facturación muy bajos, muchas de ellas de carácter familiar.
Este contexto, según indicó, limita de manera natural la capacidad de estas unidades para incorporarse a esquemas formales más complejos, incluso cuando estos puedan representar ventajas en términos de costos laborales.
Otro punto crítico señalado es la complejidad administrativa del proceso de formalización asociado al régimen. El dirigente explicó que los procedimientos actuales exigen una serie de trámites digitales y contractuales que resultan difíciles de gestionar para emprendedores sin formación técnica o sin apoyo contable especializado.
En ese sentido, remarcó que muchas microempresas dependen de servicios contables básicos y de bajo costo, lo que limita su capacidad de adaptación a sistemas más exigentes en términos de carga administrativa y cumplimiento documental.
Además, Tavella planteó que la formalización del empleo no depende únicamente de incentivos económicos, sino también de factores sociales y estructurales que afectan tanto a empleadores como a trabajadores.
Uno de los elementos que mencionó es la resistencia de los propios trabajadores a ser formalizados dentro del sistema de seguridad social. Según explicó, en muchos casos esto se debe a situaciones de endeudamiento personal o inclusión en bases de datos de riesgo crediticio, lo que genera temor a embargos salariales automáticos una vez registrados formalmente.
A esto se suma la percepción sobre el sistema de seguridad social en sí mismo, particularmente el Instituto de Previsión Social (IPS), que, según Tavella, enfrenta problemas de funcionamiento, atención y provisión de servicios. Este factor, afirmó, influye directamente en la decisión de trabajadores y empleadores de mantenerse en la informalidad.
El dirigente sostuvo que estas condiciones generan un círculo complejo: por un lado, el empleador no encuentra incentivos claros para formalizar; por otro, el trabajador tampoco percibe beneficios inmediatos que justifiquen su incorporación al sistema.
“Hasta que la gente no sienta que es un buen negocio formalizarse, no lo va a hacer”, afirmó Tavella, al resumir la lógica predominante en el mercado laboral de las mipymes.
Asimismo, indicó que la alta rotación de mano de obra en el sector también dificulta la implementación del régimen, ya que las empresas pequeñas suelen operar con esquemas laborales más flexibles y menos estables, lo que vuelve más complejo sostener relaciones laborales formalizadas en el tiempo.
Desde su perspectiva, el problema no radica únicamente en la existencia del régimen, sino en su diseño operativo y en la falta de acompañamiento institucional para su implementación. Señaló que la socialización de la normativa y de sus beneficios ha sido insuficiente, lo que impide que los actores del sector comprendan plenamente las ventajas del sistema.
Tavella también destacó que existen nuevos instrumentos dentro del esquema de formalización que no están siendo suficientemente difundidos, como la plataforma de cuenta única empresarial, que permite centralizar movimientos financieros hasta determinados montos, facilitando la gestión administrativa de las mipymes.
Sin embargo, insistió en que, sin una estrategia de comunicación más agresiva y una simplificación de procesos, el régimen difícilmente logrará masificarse en el corto plazo.
Finalmente, consideró que la formalización del empleo en el sector mipyme debe entenderse como un proceso gradual y de mediano plazo, y no como una transformación inmediata derivada de la aprobación de una ley.
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