¡Miren el tamaño de esos huevos! Productores de codorniz quieren multiplicar sus ventas con más aves e innovación

(Por SR) La producción de huevos de codorniz busca ganar escala de la mano de pequeños emprendedores que apuestan por incorporar más aves, mejorar sus procesos y desarrollar tecnología propia. Bruno Ayala y Facundo Gutiérrez muestran dos caminos para hacer crecer un nicho todavía reducido.

Pequeñas en tamaño, pero con potencial para convertirse en un negocio mayor: así se mueve la producción de codornices en Paraguay, una actividad que encuentra oportunidades entre emprendedores que buscan generar ingresos con una inversión relativamente acotada, aunque todavía enfrenta desafíos para ampliar sus canales de comercialización.

Bruno Ayala, propietario de la marca Codornito, lleva ocho años trabajando con huevos de codorniz y actualmente mantiene un plantel de aproximadamente 2.000 aves. Su próximo objetivo es llegar a 3.000 codornices para finales de este año y aumentar así su capacidad productiva.

El productor estima que, de las 2.000 aves, alrededor del 80% se encuentra en producción, lo que le permite alcanzar un promedio de aproximadamente 11.200 huevos semanales. Con la ampliación del plantel espera incrementar ese volumen, aunque también deberá contemplar la renovación de las aves, cuyo período productivo ronda un año.

“Para fin de año quiero llegar hasta las 3.000 aves”, explicó para InfoNegocios Ayala, quien anticipó que posteriormente deberá retirar parte del lote para mantener una producción eficiente.

Uno de los principales desafíos para el emprendimiento no está solo en producir más, sino en conseguir que ese volumen llegue al consumidor de manera rentable. Actualmente, Codornito comercializa sus huevos en supermercados, entre ellos Real, pero ampliar la presencia en otros locales implica afrontar costos logísticos que pesan sobre una microempresa.

“Me cuesta mucho la logística para las entregas porque la facturación es baja para cada local”, señaló.

Ayala considera que la formalización de su emprendimiento y la obtención de los permisos correspondientes fueron fundamentales para sostenerse en el mercado. El acceso a supermercados le permitió contar con un canal de venta más estable después de comenzar, años atrás, comercializando su producción entre conocidos y amigos.

El productor también observa una oportunidad todavía poco explotada en la carne de codorniz, aunque su experiencia en este segmento es limitada y no identifica una demanda comercial constante.

Las aves se mantienen en jaulas y reciben alimento balanceado específico para la especie, disponible actualmente a través de varias empresas que comercializan este insumo en el mercado local.

De una heladera a una incubadora

En Pilar, Facundo Gutiérrez encontró otra forma de reducir costos y desarrollar su emprendimiento: fabricar su propia tecnología.

En entrevista con nuestra redacción, el joven relató que su interés por la producción de codornices comenzó hace aproximadamente un año y, a partir de la investigación y la experiencia de un amigo, desarrolló una incubadora utilizando una heladera reciclada. La inversión fue de unos G. 700.000, frente a un costo de entre G. 2 millones y G. 3 millones por un equipo nuevo, según las referencias que maneja.

Su máquina puede incubar hasta 300 huevos de codorniz y alrededor de 200 huevos de gallina. Los huevos de codorniz pueden eclosionar en unos 16 a 17 días, mientras que los de gallina requieren aproximadamente 21 días.

El sistema incorpora termostato, sensores, control de humedad, ventiladores y focos de calor, además de un mecanismo que permite mover los huevos periódicamente. De acuerdo con la experiencia de Gutiérrez, la incubadora alcanza una tasa de nacimiento de entre 50% y 70%.

Actualmente, el equipo está destinado principalmente al uso interno, aunque el joven no descarta fabricar nuevas unidades para comercializarlas en el futuro.

Capital para seguir creciendo

El proyecto de Gutiérrez también recibió un impulso mediante un programa de Capital Semilla de la Municipalidad de Pilar, que le otorgó G. 10 millones. El emprendedor prevé utilizar esos recursos para incorporar un generador eléctrico que reduzca el riesgo de pérdidas durante la incubación, además de una sierra de banco para fabricar jaulas y otras herramientas.

Su producción actual incluye unas 30 hembras de codorniz y algunos machos. También adquiere en agroveterinarias parte de los huevos y las aves que utiliza.

Para Gutiérrez, una de las ventajas de la actividad es que las codornices requieren poco espacio, producen huevos diariamente y pueden convertirse tanto en una fuente de ingresos como en una alternativa de autoconsumo.

“Yo les recomiendo que no tengan miedo de fracasar, pero sí tengan miedo de no intentar”, sostuvo el joven, convencido de que la combinación de creatividad, tecnología y perseverancia puede abrir nuevas oportunidades para pequeños productores.

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