Según proyecciones de múltiples análisis económicos, el evento podría mover más de US$ 80.000 millones a nivel global, mientras la FIFA recaudó en Qatar alrededor de US$ 7.500 millones en ingresos totales. Esta cifra incluye no solo el gasto directo en turismo y actividades relacionadas con los partidos, sino también el impacto indirecto en industrias como transporte, comercio y servicios profesionales asociados al evento.
Un componente clave de esta cifra récord es la venta de derechos de transmisión y patrocinio. Con avances de contratos de televisión y acuerdos globales, las proyecciones sitúan los ingresos por derechos audiovisuales por encima de los US$ 4.200 millones, un nuevo hito histórico, mientras que los patrocinios sumarían otros US$ 2.800 millones, cifras nunca antes alcanzadas en un Mundial.
La FIFA también ajustó su política interna de distribución de ingresos hacia las selecciones participantes. El “pool” total de premios, que ya había marcado un récord con cifras previstas superiores a US$ 727 millones, experimentó un nuevo incremento y ahora ronda casi US$ 900 millones en total, incluyendo pagos por participación, preparación y patrocinio a cada una de las 48 federaciones.
Este incremento de recursos no solo impulsa a las selecciones más destacadas, sino que también mejora significativamente la situación económica de las asociaciones menores, que ahora reciben aportes más sólidos para cubrir costos operativos y logísticos sin perder competitividad.
La preparación del torneo también ha generado un boom en marketing digital y publicidad, donde las marcas globales han destinado más de US$ 10.500 millones en campañas que aprovechan la presencia de creadores de contenido, transmisiones en tiempo real y la interacción con millones de aficionados en redes sociales. Esta estrategia refleja la convicción de que el Mundial es mucho más que fútbol: es un escaparate global para posicionar productos y servicios.
Además del impacto financiero, la organización del Mundial proyecta una creación de empleo equivalente a más de 800.000 puestos de trabajo directos e indirectos en sectores como construcción, logística, hospitalidad, seguridad y entretenimiento, consolidando al torneo como un verdadero motor de actividad económica en América del Norte y otros mercados que se apoyan en la industria deportiva.
En términos culturales, el Mundial 2026 concentrará la atención de miles de millones de espectadores a nivel global, impulsará el consumo de contenidos en televisión y plataformas digitales, y generará movimiento comercial en torno a la venta de entradas, turismo, merchandising y campañas publicitarias. Además, el torneo servirá como escenario para que marcas y patrocinadores desarrollen estrategias de posicionamiento en mercados internacionales, mientras las ciudades sede buscan capitalizar el flujo de visitantes durante el evento.
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