Con el final del invierno y el aumento progresivo de las temperaturas, comienza una etapa clave para la reproducción del mykure en Paraguay. Durante agosto y septiembre es más frecuente encontrar hembras con crías en el marsupio, por lo que los especialistas piden extremar los cuidados para evitar que una camada termine muriendo.
La veterinaria Loiken Knöpfelmacher, conocida popularmente como la Dra. Mykure, explicó a InfoNegocios que los cambios climáticos y la pérdida de hábitat están modificando los patrones de aparición de estos animales, que actualmente pueden encontrarse prácticamente durante todo el año.
“Normalmente en agosto, septiembre ya empezamos a ver crías, o sea, madres con crías en el marsupio”, señaló. El aumento de las temperaturas favorece que estos animales salgan de sus refugios, ya que durante el invierno permanecen más protegidos del frío debido a su baja temperatura corporal, que ronda entre 31 y 32 °C.
Cuando las condiciones se vuelven más favorables, los mykures salen en busca de alimento y pareja. Su reproducción es particularmente rápida: la gestación dura aproximadamente 15 días. Después, las crías nacen extremadamente pequeñas, prácticamente del tamaño de un grano de arroz, y deben desplazarse hasta el marsupio para continuar su desarrollo.
Una hembra puede tener entre 12 y 15 crías, aunque no todas llegan a sobrevivir. Las que consiguen alcanzar el marsupio se sujetan al pezón de la madre y permanecen allí mientras completan su desarrollo durante aproximadamente un mes o un mes y medio. En total, las crías permanecen vinculadas a la madre cerca de dos meses y luego comienzan a acompañarla sobre su espalda.
Uno de los mayores riesgos para los mykures que aparecen en zonas urbanas y suburbanas son los perros domésticos. Knöpfelmacher recomendó una medida sencilla para reducir los ataques: no dejar alimento para las mascotas durante la noche.
“Los perros comen de día y a la noche hay que guardar la comida”, explicó, debido a que los mykures pueden acercarse a los platos en busca de alimento y terminar siendo atacados.
El problema se vuelve todavía más delicado cuando una hembra muere y quedan crías huérfanas. La especialista señaló que actualmente ya no cuenta con un refugio para recibirlas, mientras que el Zoológico de Asunción también tiene una capacidad limitada para atender ejemplares rescatados.
Por eso, ante una zarigüeya muerta, la recomendación es revisar siempre el marsupio, ya que puede contener crías vivas. Solo las hembras poseen esta estructura y, si se encuentran crías, deben ser retiradas, debido a que continuar mamando de una madre muerta puede exponerlas a bacterias y reducir sus posibilidades de sobrevivir.
En caso de encontrar una zarigüeya que necesite asistencia o crías huérfanas, se puede recurrir al Zoológico de Asunción o al Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) para recibir indicaciones.
Una especie que ayuda al ecosistema
La especie más común en zonas urbanas y suburbanas es Didelphis albiventris, aunque Paraguay cuenta con otras especies de zarigüeyas. La pérdida de bosques y hábitats naturales también está llevando a ejemplares que normalmente habitan áreas boscosas hacia zonas pobladas.
Para la veterinaria, el desafío es aprender a convivir con estos animales, que cumplen funciones beneficiosas para el medio ambiente y que cada vez disponen de menos espacios naturales. Los mykures son omnívoros y se alimentan de insectos pequeños y arácnidos como cucarachas, grillos, escarabajos, arañas, escorpiones, caracoles, garrapatas, así como de animales pequeños como roedores. Además, se valen de frutas y materia vegetal.
Ante el hallazgo de un ejemplar vivo también se debe actuar con precaución. Aunque generalmente huyen por miedo, pueden morder si se sienten amenazados o están heridos. Por eso, no se recomienda intentar manipularlos sin los conocimientos adecuados.
Con el inicio de la temporada reproductiva, medidas tan simples como guardar el alimento de los perros durante la noche pueden ayudar a reducir los ataques y evitar la muerte de hembras que podrían llevar varias crías en su marsupio. El llamado de la especialista es claro: no matar al mykure y aprender a convivir con la fauna silvestre.
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