“Los millennials que son buenos son mejores que nosotros, porque están mejor formados y tienen mayores habilidades”, sostiene el abogado, quien desde hace aproximadamente 15 años trabaja en consultoría de empresas familiares.
Desde su experiencia de más de 30 años en el ejercicio del Derecho, Codas observa que uno de los principales desafíos actuales dentro de las empresas familiares es, precisamente, conseguir que juventud y experiencia trabajen juntas, sin que las diferencias entre generaciones se conviertan en un conflicto.
“Los jóvenes son diferentes a nosotros”, dice.
Cuando cambió la forma de entender el trabajo
Para explicar esa diferencia, Codas pone como ejemplo uno de los paradigmas más instalados en las generaciones anteriores: el horario de llegada a la oficina.
“Para nosotros es muy importante llegar a las 7 de la mañana a la oficina. Hoy los chicos trabajan, de repente, de noche o trabajan de mañana temprano y llegan a las 8 y media a la oficina porque antes se fueron al gimnasio. Pero tenemos que romper ese paradigma”, plantea.
Y agrega una pregunta que resume su punto de vista: “¿De qué me sirve a mí que el equipo llegue a las 7 si a las 6 y media me contestó desde su casa todos los correos electrónicos?”.
Para el abogado, las nuevas formas de trabajar no necesariamente significan menor compromiso. Por el contrario, considera que las empresas familiares tienen una oportunidad importante si consiguen combinar las habilidades de las generaciones jóvenes con la experiencia de quienes llevan años al frente de los negocios.
“Creo que la gran potencia que tenemos en el mundo de las empresas familiares es esa juventud y esa experiencia”, afirma.
Pero reconoce que esa convivencia también genera dificultades. La clave, según explica, está en administrarlas mediante espacios de diálogo en los que cada generación pueda plantear sus diferencias, aprovechar sus fortalezas y minimizar sus debilidades.
Una empresa familiar necesita profesionalizarse
Codas se incorporó en 1991 al Estudio Codas, un estudio jurídico familiar, y desde hace aproximadamente 15 años comenzó a formarse y a ofrecer servicios de consultoría a empresas familiares.
En ese tiempo observó un cambio importante en las compañías: una mayor preocupación por profesionalizar e institucionalizar los negocios.
Según explica, una de las debilidades habituales aparece cuando un emprendimiento comienza a crecer y necesita adquirir una estructura empresarial.
“Si no se adquiere esa estructura empresarial, es difícil que este emprendimiento pueda proyectarse en el tiempo”, señala.
En este punto, recuerda una frase del especialista argentino Juan Carlos Aimeta: las empresas familiares en primera generación pueden manejarse con las reglas de una familia, pero en segunda generación tienen que manejarse necesariamente con las reglas de una empresa.
Para Codas, justamente una de las grandes diferencias que observa respecto de hace tres décadas es esa mayor “vocación”, “preocupación y ocupación” de las empresas familiares por dotarse de una estructura que les permita continuar.
Generaciones cada vez más cortas
El cambio generacional también se volvió más rápido. “Anteriormente una generación estaba 20 o 25 años, pero hoy una generación dura 10 años o menos”, explica.
Ante esa dinámica, considera necesario que las organizaciones también incorporen nuevas generaciones y se adapten a los cambios. En el propio Estudio Codas, señala que incorporan como socios a personas más jóvenes de empresas familiares.
También menciona cambios en el marco legal que acompañaron esta transformación, entre ellos la incorporación de la Empresa por Acciones Simplificadas (EAS), que facilita la constitución de una persona jurídica, y las modificaciones relacionadas con las estructuras de holding.
Pero, para Codas, adaptarse a los nuevos tiempos no significa descartar lo anterior.
“No tener la idea de que los mayores ya están como obsoletos y son solamente los más jóvenes los que saben las cosas”, advierte.
Su planteamiento es que ambas generaciones tienen conocimientos diferentes y que el desafío consiste en encontrar la manera de aprovecharlos.
“Yo creo que ambas generaciones saben muy bien muchísimas cosas, pero lo que hay que aprovechar son las mayores fortalezas que tiene cada fraja etaria para trabajar en conjunto”, sostiene.
El conflicto empresarial también puede afectar a la familia
En una empresa familiar, las discusiones de negocios tienen una particularidad: quienes participan de ellas muchas veces también son padres, hijos, hermanos o parejas.
Por eso, Codas advierte que un conflicto que comienza dentro de la empresa puede trasladarse rápidamente al ámbito familiar.
“Cuando surge un conflicto por cuestiones empresariales, eso se traslada a la familia”, explica.
Y si ese conflicto escala, las consecuencias pueden ser especialmente delicadas, porque ya no afectan solamente al negocio.
“Las consecuencias son muy peligrosas porque no son solamente para la empresa, sino también para la familia”, sostiene.
Por eso, considera fundamental generar espacios de diálogo y construir estructuras que permitan ordenar las relaciones dentro de la empresa.
El recambio no significa sacar a los mayores
Codas también cuestiona otro concepto que suele aparecer cuando se habla de sucesión en empresas familiares: que los integrantes mayores deberían dejar la gestión y limitarse a ocupar lugares de dirección.
“Eso tiene que ser tomado con pinzas”, afirma.
Para el abogado, no existe una fórmula que pueda aplicarse a todas las familias. La decisión depende de la edad de las generaciones, del flujo de dinero disponible para cubrir los gastos y de las habilidades de cada persona.
“Lo que hay que aprovechar es lo mejor de las personas en cada posición y en cada momento de su vida”, sostiene.
Su cuarto libro: “Dar el salto”, del emprendimiento a la empresa familiar
Toda esta experiencia también se convirtió en el contenido de su cuarto libro, Dar el salto del emprendimiento a la empresa familiar, que Codas presentará este miércoles 2 de septiembre.
La obra reúne experiencias acumuladas durante sus años de trabajo con familias empresarias y aborda el proceso que atraviesa un negocio desde que nace como emprendimiento hasta que adquiere una estructura que le permita convertirse en una empresa familiar y proyectarse en el tiempo.
“Ponemos muchos ejemplos, desde luego sin ninguna referencia, ningún nombre ni ningún apellido”, explica.
Codas parte de la figura del emprendedor, esa persona capaz de “ver un negocio donde nadie visualiza nada” o incluso de encontrar una oportunidad allí donde otros solamente ven problemas.
A partir de allí, el libro plantea cómo ese emprendimiento se desarrolla hasta transformarse en una empresa familiar.
“Cuando ya hablamos de una empresa familiar, a lo que apuntamos es que esta ya esté debidamente estructurada desde el punto de vista empresarial, de modo tal que pueda continuar en el tiempo”, explica.
Sin embargo, el abogado vuelve a poner el foco en las personas y aclara que profesionalizar una empresa no significa necesariamente sacar a la familia de la gestión.
“Eso tiene que ser tomado con pinzas”, insiste.
Para Codas, lo importante es aprovechar las capacidades de cada integrante y de cada generación según las circunstancias.
Tu opinión enriquece este artículo: