La pediatría está ampliando su campo de acción. Si bien las enfermedades respiratorias y gastrointestinales continúan formando parte de las consultas habituales, el perfil de los pacientes también refleja cambios en los hábitos de vida de las familias y en el entorno en el que crecen niños y adolescentes.
Para el doctor Pierre Bernard, uno de los principales desafíos actuales de los pediatras es acompañar a las familias en un escenario marcado por el acceso prácticamente ilimitado a información, especialmente a través de redes sociales. El problema, según explicó, es que no toda esa información cuenta con respaldo científico.
En este contexto, el rol del pediatra también consiste en aclarar dudas, explicar las razones detrás de cada recomendación médica y mantener un vínculo de confianza con los padres.
“Necesitamos muchísimo el diálogo con los padres para crear y fortalecer ese vínculo de confianza”, sostuvo Bernard, quien considera que el acceso a mayor información también modificó la relación entre médicos y pacientes.
Obesidad infantil, una preocupación que crece
Uno de los principales cambios observados en las consultas pediátricas es el aumento del sobrepeso y la obesidad infantil.
El especialista señaló que una encuesta nacional había evidenciado que uno de cada tres niños presenta sobrepeso u obesidad. Los datos oficiales más recientes del Ministerio de Salud muestran que el 34,6 % de los niños y adolescentes en Paraguay presenta exceso de peso, según datos del Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional correspondientes a 2024.
Bernard advierte que se trata de un problema que muchas veces avanza de manera silenciosa y que puede tener consecuencias que trascienden la infancia.
“Es una patología infantil que está creciendo de manera silenciosa”, afirmó.
El especialista relaciona esta situación con varios factores que forman parte de la vida cotidiana: los hábitos alimentarios, la disponibilidad de determinados alimentos, el menor nivel de actividad física y el aumento del tiempo frente a pantallas.
El impacto puede extenderse hacia la adultez, especialmente cuando los hábitos poco saludables se mantienen durante años y comienzan a aparecer problemas metabólicos.
Por eso, el abordaje debe comenzar temprano y no esperar a que el niño desarrolle una enfermedad para intervenir.
El problema no es solamente el peso
Para Bernard, cuando un niño presenta sobrepeso u obesidad, la intervención no puede centrarse exclusivamente en él.
“Cuando nosotros tratamos a un niño con estos problemas no le tratamos al niño, le tratamos a todo su entorno”, explicó.
Esto implica involucrar a toda la familia en los cambios: mejorar la alimentación, aprender a elegir los alimentos, incorporar movimiento y actividad física y establecer límites para el uso de dispositivos electrónicos.
El Ministerio de Salud también identifica la inactividad física, el bajo consumo de frutas y verduras y la alta disponibilidad de productos ultraprocesados entre los factores que favorecen el exceso de peso en niños y adolescentes.
El desafío, por tanto, no consiste en imponer cambios durante unos días, sino en generar hábitos que puedan sostenerse en el tiempo.
Pantallas: un desafío según cada etapa
El uso de dispositivos electrónicos también ocupa un lugar cada vez más importante en la consulta pediátrica.
Bernard explicó que el impacto depende de la edad del niño, el tiempo de exposición y el tipo de contenido al que accede.
En los más pequeños, una exposición excesiva puede interferir en aspectos como el desarrollo del lenguaje, la imaginación y la capacidad de autorregulación. Además, puede generar dificultades para sostener actividades como el juego sin dispositivos.
En adolescentes, el problema adquiere otras dimensiones. El tiempo frente a las pantallas puede competir directamente con la actividad física y favorecer el sedentarismo.
A esto se agregan otros riesgos relacionados con el contenido que consumen y las interacciones que mantienen en internet, desde situaciones de bullying hasta problemas vinculados con la imagen corporal o el contacto con adultos que puedan tener malas intenciones.
Por eso, el control del uso de pantallas no debería entenderse únicamente como una prohibición, sino como parte de la construcción de hábitos saludables dentro de la familia.
Salud mental: escuchar también es prevenir
La salud mental se convirtió en otro componente de la evaluación pediátrica. El seguimiento no se limita al peso, la talla o las vacunas: también contempla el comportamiento, el estado de ánimo y los cambios que puedan aparecer durante el desarrollo.
Bernard recomienda prestar especial atención durante etapas como la pubertad y la adolescencia, cuando pueden producirse modificaciones importantes en la conducta.
Uno de los principales consejos para los padres es evitar minimizar aquello que los niños o adolescentes sienten.
Un problema que para un adulto puede parecer pequeño puede representar una preocupación enorme para un adolescente. Escuchar, empatizar y comprender el contexto son herramientas que pueden facilitar la comunicación y permitir detectar señales de alarma.
“Cuando un niño se nos acerca o un adolescente se nos acerca y nos confía algo, ponernos en el contexto de que probablemente a esa edad eso sea lo más grande con lo que ellos tengan que lidiar”, explicó.
Menos antibióticos sin indicación
Otro aspecto que los pediatras buscan corregir es el uso innecesario de antibióticos.
Bernard señaló que todavía existe entre algunas familias la idea de que cuadros como la fiebre o las infecciones respiratorias requieren necesariamente este tipo de medicamentos.
Sin embargo, recordó que una gran parte de las infecciones que afectan a los niños son virales y que los antibióticos no actúan contra los virus.
Por eso, la recomendación es no recurrir a la automedicación y permitir que el pediatra evalúe la evolución del cuadro para determinar si realmente es necesario un antibiótico u otro tratamiento.
La conducta médica, sostuvo, debe estar basada en la evaluación del paciente y en la evolución de los síntomas, no únicamente en la expectativa de recibir un medicamento.
Cuando los padres también necesitan cambiar hábitos
La alimentación es otro terreno donde los padres pueden encontrarse con dificultades, especialmente durante las etapas de selectividad alimentaria.
Bernard explicó que, en ocasiones, con el objetivo de conseguir que el niño coma, los adultos terminan cediendo constantemente ante sus preferencias, y esto puede contribuir a consolidar hábitos poco saludables.
El pediatra reconoce que poner límites no siempre resulta sencillo, pero considera que forma parte de la responsabilidad de los adultos.
Lo mismo ocurre con la actividad física y el uso de pantallas: establecer rutinas saludables durante la infancia puede resultar más efectivo que intentar corregir los hábitos cuando ya están profundamente instalados.
El pediatra como aliado de la prevención
La consulta pediátrica permite observar al niño de manera integral. Además de atender el motivo puntual de consulta, el profesional puede evaluar el neurodesarrollo, el estado nutricional, el esquema de vacunación, el comportamiento y otros aspectos relacionados con su crecimiento.
Ese seguimiento periódico permite detectar problemas antes de que evolucionen.
El especialista considera que esta es precisamente una de las principales ventajas de la pediatría preventiva: intervenir cuando todavía existe margen para modificar una conducta o evitar una complicación.
“Prevenir es siempre mejor que curar”, resumió Bernard.
En un contexto en el que los niños enfrentan nuevos desafíos relacionados con la alimentación, el sedentarismo, la tecnología y el bienestar emocional, la pediatría amplía su mirada. Ya no se trata solamente de tratar la enfermedad cuando aparece, sino de acompañar al niño y a su familia para reducir los riesgos antes de que se conviertan en problemas de salud.
El desafío, en definitiva, comienza en casa y continúa en el consultorio: mejores hábitos, controles periódicos, información confiable y una relación de confianza entre pediatra y familia pueden marcar la diferencia en la salud de los niños a corto y largo plazo.
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