En conversación con InfoNegocios, Javier Islas, director financiero de Tecnomyl, reveló el impacto cuantitativo que tendrá esta inyección de capital en la capacidad industrial instalada en el país. La compañía inauguró en 2023 su planta de productos biológicos, con una capacidad de producción inicial de 500.000 litros al año. Con los nuevos recursos, dará un salto de escala para alcanzar los 4 millones de litros anuales.
Aunque el mercado local absorberá una parte de este volumen para abastecer la demanda interna, la estrategia de expansión está diseñada para mirar hacia los mercados externos. El principal objetivo es Brasil, donde la firma ya ocupa el octavo lugar entre las mayores distribuidoras de insumos agrícolas y avanza en la tramitación de diversos registros sanitarios y comerciales.
Desde la perspectiva de Tecnomyl, Paraguay cuenta con un factor competitivo decisivo que va más allá de la estabilidad macroeconómica y fiscal: su ubicación. La planta de producción se encuentra a entre 300 y 400 kilómetros de las principales zonas agrícolas del país y a no más de 350 kilómetros del corazón productivo brasileño. Esta ventaja logística explica por qué la empresa proyecta que, en 2026, aproximadamente el 55% de su producción de bioinsumos se destinará directamente a la exportación.
Rendimiento real frente a la barrera cultural
El uso de microorganismos para la protección y nutrición de los cultivos no busca desplazar radicalmente a la química tradicional, sino complementarla. En la práctica, estas soluciones permiten mejorar el desarrollo radicular y la salud del suelo, lo que ayuda a las plantas a resistir fenómenos climáticos cada vez más frecuentes, como las sequías prolongadas y las olas de calor extremo. Además, reducen la dependencia de insumos importados y disminuyen entre un 50% y un 80% las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con los agroquímicos sintéticos.
Según los monitoreos que la firma realiza junto con sus clientes, la incorporación planificada de productos biológicos aporta un incremento de la productividad de entre el 5% y el 30% por hectárea, lo que mejora el margen de rentabilidad del agricultor. Asimismo, como no dejan residuos regulados, estos productos facilitan que la producción agrícola paraguaya cumpla con los exigentes límites máximos de residuos (LMR) impuestos por mercados como la Unión Europea.
Sin embargo, el reto más complejo no es técnico, sino cultural. El productor agrícola suele estar habituado al agroquímico tradicional por su efecto inmediato, mientras que el insumo biológico actúa de forma preventiva y a largo plazo. Para acortar esta curva de aprendizaje, la compañía impulsa parcelas demostrativas en el campo y prepara una jornada de capacitación técnica para noviembre de este año, respaldada por la IFC y con la presencia de expertos internacionales.
Atracción de talento científico e inclusión
La ampliación de la capacidad industrial traerá consigo una demanda directa de personal calificado y de perfiles altamente especializados dentro del país. La operación requerirá la incorporación de biotecnólogos y microbiólogos orientados al control y escalado de cepas en biorreactores; ingenieros químicos e industriales para la automatización de procesos; químicos analíticos para el control de calidad bajo estándares globales; e ingenieros electromecánicos para la gestión de utilidades críticas.
A la par del desarrollo tecnológico, la alianza con el organismo internacional contempla iniciativas concretas para promover la equidad de género en la industria e incluye estrategias de reclutamiento y formación continua para aumentar la presencia de mujeres en las áreas técnicas de la planta.
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