La cadena porcina paraguaya aparece como uno de los rubros con mayor margen de expansión dentro del sistema agroindustrial. Así lo sostuvo Hugo Jiménez de Recalde, experto nacional en inversiones agropecuarias y especialista en fauna de la FAO, quien explicó que el organismo trabaja junto con el Gobierno en un estudio orientado a identificar territorios con potencial productivo y oportunidades de inversión.
El trabajo se enmarca en una iniciativa global de la FAO que abarca más de 90 países y busca orientar las inversiones con base en información y evidencias. En Paraguay, el análisis se concentra en cadenas como carne, forestal y porcina, esta última con avances presentados recientemente ante actores públicos y privados.
“Lo que dice esta iniciativa es que hay que actuar sobre información y evidencias para focalizar las inversiones en los sectores correctos”, explicó Jiménez en entrevista con InfoNegocios. En ese sentido, indicó que el estudio utiliza microdatos del censo agropecuario para construir tipologías territoriales e identificar zonas donde la porcicultura puede desarrollarse con mayor eficiencia.
Uno de los datos más relevantes señalados por el especialista es que la industria frigorífica vinculada al rubro porcino tiene actualmente una capacidad ociosa cercana al 45%. Para Jiménez, este número invita a mirar el sector con atención, porque muestra que existe infraestructura disponible, pero todavía falta materia prima suficiente para abastecerla.
“Necesitamos producir más materia prima mientras el mundo necesita alimentos”, afirmó. El técnico recordó que, según estudios internacionales citados por la FAO, la demanda global de alimentos seguirá creciendo, y América del Sur aparece como una de las regiones con mejores condiciones para responder a esa necesidad. En ese escenario, Paraguay tiene ventajas por su competitividad en granos y carnes.
La porcicultura, además, permite integrar varias actividades económicas. El cerdo demanda maíz, soja y otros insumos agrícolas, por lo que su crecimiento puede generar una simbiosis entre agricultura, ganadería, industria, servicios, logística y empleo. “Hay un potencial enorme que debe crecer desde el punto de vista productivo”, remarcó Jiménez.
El desafío, sin embargo, no pasa solo por producir más. Según el estudio mencionado por el especialista, más del 80% de los productores porcinos son pequeños, con unidades de entre uno y diez animales, orientadas principalmente al autoconsumo o al abastecimiento local. En el otro extremo, el sector industrial, que representa apenas el 0,8% de los productores, concentra gran parte de las cabezas y ya muestra dinamismo exportador hacia mercados como Taiwán.
Para cerrar esa brecha, Jiménez planteó la necesidad de incorporar gradualmente a pequeños y medianos productores a sistemas más organizados, con protocolos de sanidad, manejo, saneamiento e inocuidad. “El financiamiento tiene que venir condicionado a la adopción de paquetes tecnológicos y, sobre todo, a la asistencia técnica, porque si no ese recurso se va a evaporar”, advirtió.
También mencionó que el sector requiere líneas de crédito de largo plazo, con períodos de gracia, debido a que la actividad necesita tiempo para alcanzar estabilidad y punto de equilibrio. En esa tarea, señaló que instituciones como el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Industria y Comercio y el sistema financiero pueden desempeñar un rol clave.
Otro punto central es el consumo. Jiménez recordó que Paraguay pasó de consumir alrededor de 3 kilos de carne porcina por persona al año hace una década a unos 11 kilos actualmente, aunque algunos estudios estiman incluso cifras mayores por posibles subregistros. Aun así, el país sigue teniendo una fuerte tradición de consumo bovino, mientras que la carne aviar ganó espacio por precio y disponibilidad.
“El porcino necesita una educación y una cultura previas a ese consumo”, sostuvo. Para el especialista, aún persisten mitos sobre la carne de cerdo, pese a que hoy existen cortes magros y productos con alto valor proteico. También destacó que en otros mercados, especialmente en Asia, existe una amplia variedad de alimentos elaborados a partir del cerdo, lo que demuestra el margen que todavía tiene Paraguay para diversificar su oferta.
El especialista valoró espacios como la FEPY y el primer encuentro de la cadena porcina, porque permiten reunir a productores, industrias, organismos públicos, entidades financieras y actores sanitarios en torno a una misma agenda. “Definitivamente sirve, porque es un espacio de diálogo”, afirmó.
Para Jiménez, el camino está claro: producir más, asociar al pequeño productor, mejorar la asistencia técnica, aprovechar la capacidad industrial disponible y buscar nuevos mercados. “La potencialidad es esa. Nos faltan más mercados, pero para llegar a más mercados nos falta producir más”, concluyó.
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