La campaña agrícola empieza a mostrar sus primeras señales para el sector sojero, con una cosecha de zafriña que ya está en marcha en algunas zonas del país y con productores que proyectan mantener el área de siembra para la próxima zafra. Según Lindemar Cesca, presidente de la Asociación de Productores de Soja (APS), los trabajos avanzan principalmente en Canindeyú, mientras que en el sur del país la cosecha viene un poco más retrasada debido a la siembra tardía y a las condiciones climáticas.
En diálogo con InfoNegocios, Cesca explicó que los rindes actuales de la soja zafriña se ubican entre 1.800 y 2.400 kilos por hectárea, dependiendo de la zona y de las parcelas ya cosechadas. Si bien los números permiten cubrir los principales costos de producción, el dirigente aclaró que el escenario ideal para obtener un margen más cómodo debería estar más cerca de los 2.800 kilos por hectárea.
“Con 1.800 kilos por hectárea ya se pagan los gastos principales, pero tendría que ser por lo menos 2.800 kilos para que quede un sobrante”, señaló Cesca. En ese sentido, indicó que hay algunas parcelas con resultados más bajos, aunque todavía son pocas las áreas cosechadas y el panorama general se irá definiendo con el avance de los trabajos en las próximas semanas.
Uno de los factores que está marcando el desarrollo de la campaña es el régimen de lluvias. Cesca comentó que mayo, históricamente, suele ser un mes más seco, pero este año se presenta con precipitaciones por encima de la media. Aunque las lluvias no se dan en grandes volúmenes, sí aparecen con frecuencia, generando jornadas interrumpidas para la cosecha.
Para el titular de la APS, este comportamiento climático también abre una expectativa positiva de cara a la próxima siembra. “La perspectiva de El Niño es que venga más lluvia. Si hablamos del mes de mayo, históricamente era seco y ahora está un poco más lluvioso, por encima de la media”, expresó.
Bajo ese escenario, los productores esperan que las condiciones de humedad acompañen mejor los meses de septiembre y octubre, cuando se inicia la implantación de la soja de la zafra principal.
En cuanto al calendario, Cesca recordó que la soja zafriña debería finalizar hacia el 15 de junio, luego de que los productores solicitaran una extensión al Senave, debido a que la siembra se realizó más tarde, principalmente en el sur del país. El vacío sanitario tenía como fecha inicial el 1 de junio, pero fue extendido considerando ese retraso en la implantación.
Tras el cierre de la zafriña, la atención se trasladará al maíz, cuya cosecha podría comenzar entre mediados y la segunda quincena de junio, siempre que las condiciones climáticas permitan secar los cultivos y avanzar con normalidad en el campo. Cesca explicó que la soja zafriña no ocupa una superficie muy grande y se concentra principalmente en zonas como Canindeyú y el norte de Alto Paraná, mientras que el maíz tiene una presencia más fuerte en esta etapa del calendario agrícola.
Respecto a la próxima campaña de soja, el presidente de la APS sostuvo que el área de siembra se mantendría estable, en torno a 3,5 millones a 3,7 millones de hectáreas a nivel país. Según explicó, la superficie ya está prácticamente consolidada, debido a las restricciones para la apertura de nuevas áreas en la Región Oriental y a que los cambios de uso de suelo son cada vez más limitados.
“Creo que la cantidad de soja que se planta ya está establecida desde hace tiempo. En Paraguay ya no se pueden abrir más áreas de desmonte; puede haber algún cambio de uso de suelo, pero muy poco”, apuntó.
Cesca también señaló que, pese a la posibilidad de diversificación con rubros como maíz o algodón, la soja seguirá siendo el cultivo principal para la mayoría de los productores, especialmente por su capacidad de generar mejores márgenes frente a otras alternativas. “El rubro principal y el que deja un poco más de plata es la soja”, afirmó.
Finalmente, el dirigente adelantó que la APS realizará el próximo 3 de septiembre su apertura de siembra, este año en la zona de Campo Nueve. El evento marcará simbólicamente el inicio de una nueva campaña agrícola, en un contexto en el que los productores observan con atención el clima, los costos y las perspectivas de rentabilidad.
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