Sostenibilidad hídrica en el Chaco: El modelo de gestión compartida que busca bajar costos y maximizar el impacto social

(Por BR) En pleno corazón del Chaco paraguayo, el acceso al agua históricamente es un desafío constante. Sequías cíclicas, suelos salinos y la limitada disponibilidad de recursos hídricos obligaron a las comunidades indígenas y rurales a depender de soluciones tradicionales, como la recolección de agua de lluvia.

Walter Godoy, especialista socioambiental de la Dirección de Proyectos, Planificación y Políticas del Senasa, explicó que el Chaco enfrenta dos extremos, sequías prolongadas y limitaciones geológicas que dificultan el acceso a agua potable. “Generalmente, el agua obtenida no es apta para consumo humano debido a su alto contenido de sal. Por eso, recurrimos a la captación de agua de lluvia y, en algunos casos, a pequeñas plantas salinizadoras, aunque estas últimas no siempre son sostenibles por los altos costos de mantenimiento”, señaló Godoy.

Senasa promueve sistemas de captación a pequeña escala, especialmente a través de techos comunitarios o individuales. Sin embargo, estos sistemas no siempre logran abastecer durante los períodos de sequía más prolongados. La solución que actualmente se implementa se denomina macrocaptación, un modelo inspirado en la experiencia de las comunidades menonitas del Chaco, adaptado a las necesidades de las comunidades indígenas.

Los sistemas de macrocaptación abarcan grandes extensiones de tierra, con un promedio de 25 hectáreas, donde el agua de lluvia se concentra en camellones, estructuras diseñadas para canalizar el líquido hacia reservorios principales. “Estas infraestructuras están protegidas con membranas impermeabilizantes, permitiendo almacenar hasta 100.000 metros cúbicos de agua, suficiente para garantizar suministro durante las largas sequías”, detallo Godoy.

Actualmente, las primeras comunidades beneficiadas son las del complejo denominado La Patria y la zona de Mariscal Tigrribia, conocida como Laguna Negra. Un solo sistema de macrocaptación puede abastecer a cinco o seis comunidades, proporcionando agua mejorada, aunque aún no al nivel de agua potable según las normas técnicas. Este avance representa un cambio significativo frente a los sistemas individuales tradicionales, que limitaban el acceso y la calidad del recurso hídrico.

Godoy enfatizó que estos proyectos no solo buscan mejorar la disponibilidad de agua, sino también distribuir equitativamente la carga social y económica. La participación de múltiples actores (Senasa, comunidades indígenas, gobernaciones y municipalidades) permite reducir costos y garantizar el mantenimiento de la infraestructura, especialmente la limpieza periódica de los canales para asegurar la captación continua de agua. “Cualquier infraestructura que construimos en esta zona tiene que ser sostenible, principalmente considerando los costos y la vulnerabilidad de las comunidades”, añadió.

Pensando en el futuro, Senasa ya tiene en marcha proyectos adicionales. En el Distrito General Burguez y en Pozo Colorado, se diseñan sistemas de macrocaptación que beneficiarán tanto a áreas urbanas como rurales, funcionando también como puntos de emergencia para comunidades aisladas. Godoy recordó que, durante la última emergencia hídrica, el agua tuvo que ser transportada desde Asunción y Concepción, un proceso costoso y complejo. Con estas nuevas instalaciones, el recurso estará más cerca y será más accesible.

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