Trastornos del lenguaje infantil: las señales que los padres no deberían pasar por alto

(Por LM) El desarrollo del lenguaje es uno de los indicadores más importantes del crecimiento infantil durante los primeros años de vida. Sin embargo, muchos padres aún tienen dudas sobre cuándo un retraso en el habla forma parte del desarrollo normal y cuándo es momento de consultar con un especialista. Para aclarar estas inquietudes, la licenciada en fonoaudiología, Romina Román, explicó cuáles son los hitos esperados del lenguaje, las señales de alerta y la importancia de una detección temprana.

Según la especialista, el proceso de adquisición del lenguaje comienza desde los primeros meses de vida. Entre los cero y seis meses, los bebés reaccionan a los sonidos, sonríen, emiten gorjeos y comienzan a balbucear. Más adelante, entre los seis y 10 meses, aparecen las primeras combinaciones de consonantes y vocales, como “ma”, “pa” o “ba”, mientras que alrededor del primer año comienzan a surgir las primeras palabras con significado.

Román enfatiza que el balbuceo no debe ser considerado un simple ruido sin sentido. “Es una etapa de entrenamiento de las cuerdas vocales que prepara al niño para la comunicación futura”, explicó.

Existen señales de alerta que justifican una consulta con un fonoaudiólogo. Por ejemplo, si a los seis meses el bebé no emite sonidos vocales o guturales, si a los diez meses no repite sílabas o si pierde habilidades que ya había adquirido. También es importante prestar atención si, al cumplir un año, no utiliza gestos para comunicarse, como señalar objetos, despedirse con la mano o responder a su nombre.

La especialista advierte que, a los 18 meses, un niño ya debería decir algunas palabras con significado y comprender órdenes simples. A los dos años, en tanto, debería contar con un vocabulario aproximado de 50 palabras y ser capaz de formar frases de dos palabras. Si esto no ocurre, recomienda buscar orientación profesional.

“A los tres años el habla ya debería ser más comprensible para las personas que rodean al niño. Si no sucede, también es un motivo para consultar”, señaló.

Uno de los conceptos que más confusión genera entre las familias es la diferencia entre retraso y trastorno del lenguaje. Román aclaró que, en los casos de retraso, el niño sigue el mismo camino de desarrollo que sus pares, pero a un ritmo más lento. En cambio, cuando existe un trastorno del lenguaje, el desarrollo sigue un patrón diferente y pueden verse afectadas tanto la capacidad de hablar como la comprensión.

Mientras que un retraso puede compensarse con una adecuada estimulación y alcanzar los niveles esperados para la edad, los trastornos del lenguaje suelen requerir intervenciones más intensivas y prolongadas en el tiempo.

Las dificultades en el desarrollo del lenguaje pueden tener múltiples causas. Entre los factores biológicos, la profesional menciona la prematuridad, los antecedentes familiares, las condiciones genéticas y los problemas auditivos, que muchas veces pasan desapercibidos durante los primeros meses de vida.

A esto se suman factores ambientales cada vez más frecuentes. El exceso de pantallas, la disminución de las interacciones verbales dentro del hogar y los estilos de vida acelerados pueden limitar las oportunidades de estimulación lingüística. “Hoy muchos padres tienen poco tiempo para interactuar de manera personalizada con sus hijos, leer cuentos o conversar con ellos”, indicó la especialista.

Uno de los mensajes centrales de Román es que nunca es demasiado pronto para evaluar una posible dificultad. La explicación está en la plasticidad cerebral de los primeros años de vida, una etapa en la que el cerebro tiene una enorme capacidad para aprender y adaptarse.

“La intervención temprana mejora significativamente el pronóstico”, aseguró. Un tratamiento oportuno favorece el desarrollo del habla, fortalece la autoestima y facilita la integración social y escolar. Por el contrario, cuando los problemas no son abordados a tiempo, pueden aparecer dificultades de aprendizaje, problemas de comunicación y situaciones de exclusión o burlas por parte de otros niños.

La estimulación del lenguaje no requiere grandes inversiones ni materiales especiales. Para la licenciada, las acciones más efectivas son también las más simples: hablar con los niños durante las actividades cotidianas, describir lo que ocurre a su alrededor, leer cuentos, cantar canciones y darles tiempo para responder.

También recomienda limitar el uso de pantallas y reforzar cada intento de comunicación, ampliando las palabras que el niño utiliza y generando oportunidades para que se exprese.

Finalmente, Román deja un mensaje claro para las familias: “Cada niño tiene su ritmo, pero ninguna dificultad debe esperar para ser evaluada. Si algo llama la atención de los padres, es mejor consultar cuanto antes”.

En materia de lenguaje infantil, la detección temprana sigue siendo la mejor herramienta para garantizar que cada niño alcance su máximo potencial comunicativo y tenga mayores oportunidades de desarrollo personal, social y académico.

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