Cuando hablamos de gatos y perros, muchas personas creen erróneamente que ambos requieren los mismos cuidados. En palabras de algunos veterinarios, “consideran que los gatos son como perros pequeños”, algo que no se aplica, ya que se trata de especies diferentes, aunque ambos sean carnívoros y mamíferos.
El comportamiento es distinto, así como su cuidado de salud, enfermedades comunes, alimentación y esquema de vacunación. El perro es demostrativo en cuanto a sus síntomas, mientras que los gatos son más reservados.
En sus primeras semanas de vida los perros cachorros están especialmente expuestos a enfermedades puesto que “aún no tienen un sistema inmunológico desarrollado, que demora en madurar 30 días. Y a partir de los 45 días se empieza el plan de vacunación, que es el tiempo aproximado que duran las defensas que le pasa la madre al cachorro mediante el calostro”, afirmó la veterinaria Vanesa Velázquez.
La calidad de las defensas depende mucho del estado general de la madre, es decir nivel de cuidado, vacunación y desparasitación al día y si recibió o no suplementos durante su embarazo.
Por otra parte, el grado de exposición a enfermedades depende de si salen a la calle o no. Si así fuera, mayor será su nivel de exposición a patógenos (cualquier agente biológico capaz de causar una enfermedad o daño en un organismo huésped).
Y si a esta altura pensabas que tu mascota estaba a salvo porque vivís en un departamento y solo sale en el patio interno, lamentablemente no es así. “Tuve casos de animales que viven en departamento y se enferman de leptospirosis por la presencia de palomas. Normalmente esta enfermedad es transmitida por ratas, pero el ave también puede ser una fuente de contagio”, afirmó la especialista.
Parte del comportamiento del perro es olfatear lo que sea y a veces mordisquear plantas o pasto, con lo cual de manera accidental puede ingerir heces u orina con parásitos o bacterias.
Los cachorros no vacunados, por ejemplo, son más vulnerables a enfermedades como el parvovirus (contacto con heces de un perro infectado), el moquillo (se contrae por gotitas y secreciones respiratorias), parainfluenza (gotitas respiratorias), provocadas por virus. Por otra parte están los parásitos intestinales que generan patologías como giardiasis, coccidiosis y anquilostomiasis, adquiridas mediante diferentes vías, entre ellas la ingestión de formas infectantes presentes en agua, alimentos, heces o ambientes contaminados. Y, además, están aquellas provocadas por vectores (organismos vivos que transportan y transmiten enfermedades) como pulgas y garrapatas tales como erliquiosis, anaplasmosis y micoplasmosis.
¿Cuándo vacunar y con qué?
La primera vacuna el cachorro debería recibirla a los 45 días de haber nacido y se divide en tres dosis con intervalo de 15 a 21 días entre cada dosis. La última dosis, debe evaluarla si aplicar el refuerzo o no. En esta primera inmunización el cachorro recibe protección contra la parvovirosis canina y contra el moquillo, las cuales se hacen efectivas recién a los tres y siete días, respectivamente. Lo último varía según el tipo de vacuna.
Cabe destacar que ambas enfermedades pueden presentar una elevada mortalidad, en algunos casos de hasta 90%, particularmente en cachorros no vacunados; el pronóstico depende de la edad, el estado inmunitario, la gravedad y el acceso temprano al tratamiento.
La siguiente vacuna que debe recibir es la sextuple, que brinda protección contra moquillo, parvovirus, hepatitis infecciosa, parainfluenza, adenovirus tipo 2 y leptospirosis. Para este caso, se requieren un mínimo de 2 dosis y se recomienda la revacunación anual con una dosis.
A partir del tercer y cuarto mes de vida se aplica la vacuna antirrábica, que requiere una segunda dosis de refuerzo a los 30 días y la tercera dosis a los 7 meses de la primera y luego refuerzo anual.
Además de las mencionadas, está la vacuna contra la bordetella (tos de la perrera), cuya exposición aumenta cuando el animal va al pet shop, guardería o parque.
¿Y la desparasitación?
La protección debería ejecutarse entre los primeros 20 a 30 días del perro. “Si querés lograr una buena desparasitación lo mejor es realizarla de manera combinada, para proteger al animal de parásitos internos (como los intestinales) y los externos como pulgas y garrapatas, que también pueden provocar enfermedades”, afirmó la veterinaria.
La especialista explicó que la frecuencia depende de los hábitos de la mascota. Si se trata de un perro que no tiene contacto con otros animales -sin importar la especie- se puede realizar cada tres a cuatro meses, pero si está expuesto a otros animales, lo recomendable es cada dos meses.
Atención especial y lo que se debe evitar
Velázquez recordó que es importante estar atento a signos que puedan sugerir que la mascota está cursando algún tipo de patología, tales como: falta de apetito, apatía y desgano general, vómitos y diarrea.
Por otro lado, se debe evitar a toda costa medicar a las mascotas sin prescripción veterinaria y aún menos con medicamentos destinados a humanos, puesto que lo que es apto para un ser humano puede ser tóxico para un animal.
“Veo casos de personas que le dan dosis de ibuprofeno pediátrico a los perros o gatos, y para los animales este medicamento resulta tóxico para el hígado y riñones, que en casos graves puede desarrollarse insuficiencia hepática, lo que significa un deterioro en las funciones del órgano que en el peor de los casos puede ser irreversible”, advirtió.
Ante la duda, siempre es mejor consultar. No podemos entender lo que dicen, pero sí estar atentos a cambios en su conducta.
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