Sisul explicó que el wakeboard forma parte del esquí náutico y se practica sobre una tabla similar en forma a la de snowboard, aunque diseñada específicamente para el agua. El deportista se desliza detrás de una lancha especial, sujeto a una cuerda, mientras la embarcación genera olas laterales que funcionan como rampas. “El objetivo es utilizar esas olas para saltar y realizar maniobras y acrobacias en el aire”, detalló.
La atleta aclaró que el wakeboard solo se vuelve un deporte extremo en niveles avanzados, cuando las maniobras aéreas aumentan en complejidad. En etapas iniciales, la práctica resulta segura y accesible. “La lancha circula a una velocidad baja y nadie hace piruetas de la noche a la mañana. Todo lleva tiempo, constancia y mucha práctica”, afirmó, y remarcó que en Paraguay son muy pocos los riders que alcanzan niveles técnicos elevados.
La mayoría de las personas practica wakeboard como una actividad recreativa, vinculada al ocio y al disfrute del verano. En ese sentido, el deporte admite participantes de distintas edades. Sisul acepta alumnos desde los 8 años y señaló que los niños suelen adaptarse con mayor facilidad. “Tienen menos miedo y aprenden más rápido. Mi enfoque principales son ellos, aunque también trabajo con adultos”, comentó.
Durante la temporada de verano, Sisul dicta clases en clubes náuticos del país, donde el wakeboard funciona como un beneficio para los socios. Según explicó, las organizaciones privadas cumplen un rol clave en el sostenimiento y crecimiento del deporte. “Los clubes apoyan mucho, ofrecen horarios, infraestructura y facilidades para los socios. Hoy, el 95% de mis alumnos son socios del club”, indicó.
En contraste, la deportista marcó una diferencia con el acompañamiento estatal. Si bien reconoció avances, señaló que el apoyo sigue siendo limitado. “Hoy existen algunos chicos dentro de programas de entrenamiento para competencias internacionales, algo que antes no pasaba, pero el porcentaje sigue siendo bajo”, sostuvo. La federación logró adquirir una lancha gracias a gestiones y alianzas, aunque el equipamiento resulta insuficiente para cubrir toda la demanda.
La demanda por clases, sin embargo, se mantiene alta. Sisul da clases privadas todos los días durante el verano y trabaja con horarios definidos por los clubes. “En esta época casi no quedan horarios disponibles fuera del club”, explicó. Las condiciones del lago y la falta de estudios técnicos, como la batimetría, también influyen en la actividad, ya que el bajo nivel del agua limita el uso seguro de las lanchas.
A pesar de los obstáculos, el wakeboard mantiene una presencia histórica en Paraguay. Sisul recordó que el deporte se practica en el país desde hace más de tres décadas y que siempre contó con referentes locales. Ante la falta de entrenadores capacitados, muchos atletas aprendieron de forma autodidacta hasta que ella decidió formarse en el exterior con Dean Lavelle, seis veces campeón mundial, con quien construyó toda su carrera profesional.
Esa formación la llevó a representar a Paraguay en competencias internacionales y a consagrarse campeona mundial en 2018, además de lograr podios en torneos globales y en los Juegos Bolivarianos de Playa. “Hoy tenemos representación internacional y potencial deportivo. Con un buen entrenador y acompañamiento, se pueden lograr muchas cosas sin necesidad de grandes inversiones iniciales”, aseguró.
Con una demanda sostenida, fuerte respaldo de clubes privados y atletas que posicionan al país en el exterior, el wakeboard avanza como un deporte de verano que combina espectáculo, disciplina y crecimiento, aunque todavía enfrenta el desafío de consolidar un mayor apoyo institucional.
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