La clave de este modelo está en el lema “aprender haciendo, vendiendo y ganando”. Los estudiantes, de entre 15 y 18 años, no solo reciben clases teóricas, sino que participan activamente en más de 20 unidades productivas que financian el funcionamiento de la escuela. “Nuestros chicos aprenden en un escenario real: ordeñan vacas, elaboran quesos, atienden huéspedes en el hotel y hasta manejan drones. Todo esto bajo supervisión y con estándares de calidad exigidos por organismos nacionales”, explicó Enciso a InfoNegocios.
El corazón productivo de la escuela es su hotel, que genera entre el 50% y 60% de los ingresos necesarios para la autosuficiencia financiera. Pero la diversidad de rubros es amplia: producción de leche de vaca y cabra, huevos de gallina y codorniz, cría de conejos, hortalizas en invernaderos y campo abierto, además de una fábrica de quesos que se ha convertido en su sello distintivo con el queso tipo ibérico como producto estrella. Estas actividades no solo sostienen la institución, sino que preparan a los jóvenes para un futuro laboral inmediato.
La Ruta del Queso, iniciativa turística impulsada desde la escuela, permite a visitantes recorrer las unidades productivas, observar de cerca el proceso de elaboración y almacenamiento de quesos, y degustar productos elaborados por los propios estudiantes. “Cualquier grupo, familia o empresa puede visitar nuestras instalaciones. Cada vez que alguien nos elige, nos ayuda a seguir sosteniendo este modelo que está pensado para dar oportunidades reales a los jóvenes del país”, señaló Enciso.
El plan educativo se extiende durante tres años y culmina con el título de técnico agropecuario o técnico en hotelería y turismo, de acuerdo con la modalidad elegida. Además, la Fundación Paraguaya incorpora materias complementarias que fortalecen el perfil de los egresados, como robótica, manejo de drones, educación financiera, arte y natación. “Nos interesa que salgan como líderes, con la capacidad de emprender o de insertarse rápidamente en el mercado laboral”, destacó el director.
Los resultados ya son visibles: exalumnos de Cerrito trabajan en frigoríficos, establecimientos ganaderos, sistemas de producción hidropónica y proyectos de confinamiento, mientras que otros continúan sus estudios universitarios en carreras vinculadas —y no siempre vinculadas— al agro. “Lo que buscamos es darles herramientas para que puedan ser exitosos en lo que decidan, aunque la mayoría termina orientándose al campo”, agregó Enciso.
Un punto central de la propuesta es la educación financiera, tema poco explorado en la enseñanza tradicional de nuestro país. Desde temprana edad, los estudiantes aprenden sobre presupuestos, ingresos, egresos y planificación económica. “En Paraguay todavía hablar de dinero con jóvenes parece un tabú, pero creemos que este es el momento clave para enseñarles. Si esperan hasta entrar en la vida laboral, ya será tarde. Aquí tienen la posibilidad de aprender a generar y administrar recursos desde los 15 años”, subrayó el director.
La Escuela Agrícola Cerrito se sostiene al 100% con recursos propios y no recibe aportes del Estado. Cada año, su equipo de más de 40 colaboradores establece metas financieras trimestrales y anuales que son cubiertas a través de la producción y los servicios que ofrecen. “No somos una escuela estatal, somos un prestador de servicios. Y lo que nos mantiene vivos es que cada actividad genera un ingreso que vuelve a invertirse en la formación de nuestros estudiantes”, puntualizó Enciso.
Con más de 22 años de experiencia, la institución se ha convertido en un referente no solo en Paraguay, sino también en el exterior, donde sus egresados son reconocidos por su capacidad técnica y su espíritu emprendedor. Cerrito demuestra que es posible formar jóvenes preparados para enfrentar los desafíos del agro, la hotelería y los negocios, en un esquema donde la teoría se convierte en práctica y la práctica en oportunidades reales.
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