Flor de coco: tradición guaraní que crece en ventas y apunta a 6.000 unidades este año

(Por SR) La flor de coco, también conocida como mbocayá, vuelve a ganar protagonismo en la previa de la Navidad paraguaya, no solo como un símbolo cultural profundamente arraigado, sino también como un producto que empieza a mostrar números interesantes en términos de producción y comercialización. Detrás de esta actividad se encuentra la Asociación de Floricultores de la Cordillera (Aflocor), integrada por pequeños productores que desde Caacupé impulsan un modelo asociativo con crecimiento sostenido.

“La flor de coco es parte de nuestra historia y de nuestra Navidad. Es un legado de los guaraníes que sigue vivo”, expresó Elíseo Rolón, miembro y tesorero de Aflocor, en conversación con InfoNegocios. El producto, reconocido por su aroma dulce y sus espigas amarillas, forma parte del pesebre tradicional paraguayo y hasta está presente en la letra de la icónica canción Navidad del Paraguay, fusionando la herencia guaraní con la tradición católica.

Actualmente, la asociación reúne a 33 productores, con base productiva en la compañía Cabañas de Caacupé, y cuenta con un punto de exposición y venta en el Centro Expo Flora, en Caacupé. En términos comerciales, la evolución es clara: en 2023 vendieron 3.000 flores, en 2024 alcanzaron las 4.000 unidades y para este año se trazaron una meta ambiciosa. “Este año nos preparamos con 6.000 flores, esa es la meta”, señaló Rolón.

El crecimiento no se explica solo por la tradición, sino también por una estrategia clara. “La idea es vender barato y rápido”, afirmó el productor. Actualmente, cada flor de coco se comercializa a Gs. 10.000, un precio que apunta tanto al consumidor final como a revendedores, dos de los principales segmentos de compradores. Las ventas se concentran en ferias, en Asunción y en Ciudad del Este, que se consolida como uno de los mercados más dinámicos.

En cuanto a la estructura productiva, Aflocor trabaja sobre un predio de 20 hectáreas, con aproximadamente 2.666 plantas de coco. Sin embargo, solo una hectárea se destina específicamente a la flor de coco. “El resto es para fruta, porque es más rentable”, explicó Rolón, dejando en evidencia una lógica de diversificación que prioriza el equilibrio económico sin abandonar el valor simbólico del producto.

La producción de coco en la zona no es nueva. Según el entrevistado, la actividad lleva al menos 50 años, mientras que la asociación cumple 25 años de organización formal. Además de la flor, los productores comercializan la fruta, que es adquirida por una aceitera local, y trabajan con logística propia. “Tenemos vehículo de la asociación y llevamos la producción a ferias y a Ciudad del Este”, detalló.

Más allá del coco, Aflocor también produce y comercializa otros frutos nativos, como caabobe’i, caraguatá, guabiyú, guavirami y guajira, lo que abre la puerta a nuevos nichos y oportunidades de valor agregado. “Todo lo nativo producimos”, resumió Rolón.

En un contexto donde los consumidores valoran cada vez más los productos con identidad y origen, la flor de coco se posiciona como algo más que un adorno navideño. Representa sencillez, identidad y esperanza, al tiempo que genera ingresos para decenas de familias de Cordillera. Con una meta de ventas en alza y una tradición que se renueva cada diciembre, el mbocayá demuestra que la cultura también puede ser un buen negocio.

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