La mecánica fue simple, pero efectiva. Cada compra realizada en la cadena —desde electrodomésticos y celulares hasta motocicletas o equipos de climatización— habilitaba automáticamente la participación en el sorteo. Este esquema no solo facilitó el acceso, sino que también incentivó el volumen de ventas y la recurrencia, ya que los clientes podían aumentar sus chances con más adquisiciones.
El premio incluyó un paquete completo de 15 días y 14 noches para acompañar a la selección paraguaya en la fase de grupos. La propuesta contempló pasajes aéreos, alojamiento, traslados internos, entradas para los tres partidos y un viático de US$ 3.000, cubriendo así todos los aspectos clave de la experiencia.
Desde la empresa, Leticia Ortiz, jefa de Marketing de Bristol, explicó que la campaña buscó ir más allá de la venta tradicional: “No solo buscamos ofrecer productos, sino generar experiencias que realmente conecten con nuestros clientes”. En ese sentido, remarcó que el Mundial fue el eje emocional de la propuesta: “El fútbol es algo que une a todos los paraguayos, y quisimos estar presentes en ese sentimiento”.

Leticia Ortiz, jefa de Marketing de Bristol
La estrategia se alinea con una tendencia creciente en el retail: transformar la compra en una experiencia aspiracional. En mercados cada vez más competitivos, donde el precio deja de ser el único diferencial, las marcas apuestan por propuestas que generen valor emocional y construyan vínculo con el cliente.
En esa línea, Ortiz sostuvo que el objetivo fue acompañar a los consumidores en un plano más cercano: “Queremos que cada compra también pueda convertirse en un momento especial, en algo que se recuerde”. Además, destacó el alcance de la campaña: “Vimos una muy buena respuesta de la gente, con una alta participación en todo el país, lo que demuestra que este tipo de iniciativas realmente conectan”.
El Mundial, en este caso, funcionó como un catalizador. La posibilidad de ver a la selección en vivo elevó el atractivo de la promoción, y permitió a la marca posicionarse dentro de una conversación nacional marcada por la ilusión deportiva.
El diseño de la promoción también tuvo impacto directo en los indicadores comerciales. El sistema que otorgaba más chances a quienes realizaban más compras ayudó a elevar el ticket promedio y a incentivar decisiones de consumo durante el periodo de vigencia.
“Es una forma de premiar la fidelidad de nuestros clientes y al mismo tiempo dinamizar las ventas”, señaló Ortiz, al tiempo de resaltar que la campaña logró combinar objetivos comerciales con una propuesta de valor diferenciada.
Más allá del premio, la acción se integró a la estrategia habitual de Bristol, basada en financiamiento accesible, créditos ágiles y logística rápida, elementos que siguen siendo determinantes para el consumidor paraguayo.
“La idea es estar cerca de las familias paraguayas no solo con productos, sino también con oportunidades únicas”, concluyó la jefa de Marketing.
Con esta iniciativa, la empresa cerró una campaña de alto impacto, que dejó un caso concreto de cómo el marketing emocional puede traducirse en resultados de negocio, posicionamiento de marca y experiencias memorables para sus clientes.
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