¿Cuál fue el primer desafío que encontró al convertirse en CEO?
Salir del lugar de quien hace y pasar al de quien dirige. Yo soy ingeniero, me formé en la obra. El primer desafío real fue entender que la empresa no la construye uno solo: la construye la gente. Dejar de ser el que resuelve cada problema y empezar a armar el equipo y el sistema que resuelvan los problemas sin que yo esté por encima de todo. Ese salto es el más difícil y el que más define si la empresa crece o se queda dependiendo de vos.
¿Qué es fundamental para liderar un equipo?
Rodearte de gente más capaz que vos en lo suyo, dejar claro qué se espera de cada uno y respaldar al equipo. Yo creo en los mandos medios y en pagar bien por gente buena. Un líder no tiene que saber hacer todo mejor que todos; tiene que saber elegir a los mejores, marcarles el rumbo y hacerles el trabajo más fácil. Sin claridad de roles, no se llega a ningún lado.
¿Qué es lo primordial para mantener a un equipo motivado?
Que sientan que su trabajo importa y que se les reconoce. La gente no se compromete por imposición; se compromete cuando entiende hacia dónde vamos y se siente parte de eso. Hay que reconocer el esfuerzo, no solo el resultado; dar responsabilidades reales y ser consecuente con lo que uno dice. En cualquier trabajo, la moral se nota en el rendimiento del equipo: quien se siente valorado trabaja mejor y más rápido.
¿Cuál es la filosofía de trabajo que le gustaría transmitir?
Que el título es solo un papel. Lo que te define es lo que hacés y cómo lo hacés. Yo me formé aprendiendo en la obra, más que en la universidad. Lo que quiero transmitir es la búsqueda de la excelencia en todo lo que hacemos, hasta el cansancio, cuidando cada detalle. En la construcción, los detalles lo son todo: una obra bien terminada se nota y esa exigencia es la que genera confianza. Se trata de eso: método, orden y cumplir la palabra, obra tras obra.
¿Cuál debe ser el enfoque en una estrategia comercial y qué se debe evitar?
El foco tiene que estar en la cabeza del cliente antes que en la venta. No se trata de empujar un servicio, sino de lograr que la gente te elija porque confía en vos. Nosotros construimos eso mostrando lo que hacemos, con transparencia y una marca personal. Lo que se debe evitar es vender algo que uno no puede sostener. También hay que evitar prometer plazos o precios que después no se cumplen. En este rubro, una obra mal entregada te cuesta diez clientes.
¿Qué momento de su vida marcó un aprendizaje importante en su carrera?
Haber trabajado en distintas empresas a lo largo de diez años. Ahí aprendí que una empresa no se sostiene solamente por su historia ni por el apellido del fundador. Se sostiene mediante un sistema, gente capaz y números claros. Ese aprendizaje es la razón por la que Ecotran nace ordenada desde el diseño y no desde la improvisación. A veces, lo más valioso que te llevás es entender lo que no querés repetir.
¿Cuál considera que es su mayor fortaleza y debilidad?
Mi mayor fortaleza es la capacidad de ver el negocio completo y comunicarlo: pasar de la obra al plano estratégico y, de ahí, contárselo a la gente. Mi marca personal la construí con eso. Mi mayor desafío es querer estar en todo. Vengo de la obra, donde uno controla cada detalle, y trasladar eso a una empresa de más de 35 personas te obliga a soltar. Por eso, hoy estoy metido de lleno en profesionalizar la estructura y armar el sistema de gestión. Creo que es la mejor forma de convertir esa exigencia en una fortaleza de la organización y no en un cuello de botella.
¿Con qué tecnología se lleva mejor y cuál le da pelea?
Me llevo muy bien con todo lo que me ayuda a construir y comunicar. En este rubro, uno siempre pelea con los sistemas administrativos y de gestión, que suelen ser rígidos y poco amigables. Por eso, justamente, estamos migrando a una plataforma que integre todo el flujo de la empresa.
Un libro o podcast que todo ejecutivo debería leer o escuchar
El juego infinito, de Simon Sinek. Te ordena la cabeza para dejar de jugar a ganar el trimestre y empezar a construir algo que dure. Y, para quien está en la etapa de profesionalizar su empresa, Mide lo que importa, de John Doerr, que explica cómo trasladar la estrategia a objetivos concretos que el equipo realmente pueda ejecutar.
¿Cómo describiría la situación actual de su rubro?
Paraguay está en un momento muy bueno para la construcción. Hay mucha inversión, capital que llega del exterior, energía barata y reglas que acompañan. Actualmente, la oportunidad es enorme. El desafío del sector es la profesionalización. Considero que todavía hay mucha informalidad y numerosas obras que se manejan a la antigua. Ahí está nuestra apuesta: llevar procesos, datos y un estándar premium a un rubro que todavía los necesita. Esto, lógicamente, se refiere al sector privado. En cuanto al sector público, todavía enfrentamos muchos desafíos.
¿Cómo se relaciona con la IA y cómo cree que impactará en su rubro?
La uso todos los días como una herramienta real de trabajo para ordenar la empresa, analizar información, planificar y producir contenido. No le tengo miedo; al contrario, la aprovecho muchísimo. En la construcción, creo que tendrá un fuerte impacto en el diseño, el cómputo, la planificación y la anticipación de problemas antes de que ocurran en la obra. La obra física, obviamente, la seguirá haciendo la gente, pero quien incorpore la IA a la gestión construirá mejor, más rápido y con menos errores. Quien la ignore se quedará atrás.
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