El proyecto, impulsado por el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), tiene como objetivo reemplazar las letrinas existentes por baños modernos, seguros, accesibles y adecuados para el uso cotidiano de las comunidades educativas. La iniciativa fue sancionada por la Cámara de Diputados en mayo de 2025 y contempla una ampliación presupuestaria para financiar las obras.
Más allá de la infraestructura, el programa apunta a resolver una problemática que impacta directamente en las condiciones de higiene, salud y aprendizaje de miles de alumnos. Durante el tratamiento de la normativa, se señaló que la permanencia de letrinas en las instituciones educativas representa un problema de salud pública y una barrera para el aprendizaje.
La ejecución está a cargo de empresas adjudicadas en distintos lotes, que deben encargarse de construir los módulos sanitarios y garantizar que queden completamente operativos. Esto incluye materiales, mano de obra, instalaciones eléctricas y sanitarias, sistemas de desagüe, provisión de agua y las adecuaciones necesarias según las características de cada establecimiento.
Uno de esos casos es el de Ritter Construcciones, empresa adjudicataria de dos lotes del proyecto que actualmente trabaja en 135 módulos sanitarios distribuidos en seis departamentos: Concepción, Amambay, San Pedro, Canindeyú, Presidente Hayes y Boquerón.
De acuerdo con Nazareth Molinari, directiva de Ritter Construcciones, 89 de los 135 módulos ya cuentan con la aprobación para su ejecución y el proyecto registra un avance físico global cercano al 35%. La previsión es completar las obras para noviembre, aunque cada intervención avanza a un ritmo diferente, según las condiciones del terreno, las aprobaciones municipales y las características de cada escuela.
El desafío, sin embargo, comienza mucho antes de colocar los primeros ladrillos. “Por más que el proyecto parezca que es un baño de 25 o 30 m2, el desafío logístico para la ejecución y el alcance que tiene para los beneficiarios es mayor”, explicó Molinari.
En varias de las instituciones rurales donde interviene Ritter no existen servicios básicos disponibles. Por eso, el trabajo puede incluir desde la perforación de un pozo para el abastecimiento de agua hasta la gestión de una conexión eléctrica. En zonas del Chaco, además, las condiciones del suelo obligan a utilizar sistemas de irrigación en lugar de pozos ciegos.
El diseño contempla baños diferenciados, lavamanos, inodoros, mingitorios y espacios adaptados para personas con discapacidad. También incorpora rampas, pasamanos, puertas metálicas, accesorios de acero inoxidable, cubiertas termoacústicas y sistemas de desagüe pensados para facilitar el mantenimiento y prolongar la vida útil de las instalaciones.
Sin embargo, el relevamiento dejó en evidencia que las necesidades de infraestructura van más allá de los baños. Desde las escuelas y las comunidades indígenas también llegan pedidos relacionados con aulas y otras mejoras edilicias. “Es un informe de realidad, no solamente el relevamiento para implantar el baño”, sostuvo Molinari.
Así, mientras el programa busca saldar una deuda histórica de infraestructura en unas 350 escuelas, las empresas encargadas de ejecutarlo enfrentan el desafío de convertir una política pública en obras concretas, incluso allí donde llevar agua, energía y materiales puede ser casi tan complejo como construir los baños.
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