“La protección contra incendios no es un complemento que se agrega al final de una obra, sino un criterio de diseño que acompaña al proyecto desde su origen”, explicó. Señaló que la denominada protección pasiva (como las vías de evacuación, las escaleras, las puertas cortafuego o la compartimentación de sectores) forma parte de la arquitectura del edificio y debe definirse desde las primeras etapas del proyecto.
Cáceres indicó que los mayores desafíos se concentran en los edificios construidos hace varias décadas, cuando las exigencias técnicas eran diferentes. Muchos de ellos carecen de sistemas automáticos de rociadores o presentan limitaciones en las rutas de evacuación y otros elementos esenciales para contener un incendio. Aun así, sostuvo que la ingeniería actual ofrece alternativas para elevar los niveles de seguridad mediante adecuaciones graduales y técnicamente viables.
También planteó la necesidad de revisar la Ordenanza N.° 468/14 de Asunción , vigente desde hace más de doce años. A su criterio, el crecimiento urbano, la aparición de edificios más complejos y el desarrollo de nuevas tecnologías justifican una actualización que permita aplicar soluciones acordes con los estándares actuales. “Actualizar una norma no significa exigir más, sino permitir que la ingeniería diseñe mejor y con mayor eficiencia”, remarcó.
El especialista también puso el foco en el mantenimiento de los sistemas contra incendios. Explicó que la instalación de equipos no garantiza por sí sola la protección de un edificio, ya que todos los componentes deben superar pruebas de funcionamiento y someterse posteriormente a inspecciones y mantenimientos periódicos para conservar su confiabilidad.
“Un sistema que no se inspecciona ni se prueba periódicamente pierde confiabilidad con el paso del tiempo, y nadie puede asegurar que responderá como fue diseñado”, advirtió. Agregó que un sistema sin mantenimiento incluso puede generar una falsa sensación de seguridad, al hacer creer a los ocupantes que estarán protegidos cuando, en realidad, se desconoce si los equipos funcionarán correctamente durante una emergencia.
En ese contexto, recordó que la Norma Paraguaya INTN NP 21-048-23 establece criterios para la aceptación, inspección, prueba y mantenimiento de los sistemas de rociadores automáticos. Sin embargo, señaló que todavía no cuenta con una reglamentación que la convierta en obligatoria, por lo que actualmente funciona como una referencia técnica. Consideró que avanzar en ese proceso contribuiría a elevar la confiabilidad de los sistemas instalados en el país.
Cáceres destacó que la cultura de prevención muestra avances entre desarrolladores, propietarios y administradores de edificios, aunque todavía persisten casos en los que la protección contra incendios se interpreta únicamente como un requisito administrativo. “La protección contra incendios no es solamente una exigencia normativa; es una inversión en seguridad, continuidad operativa y protección del patrimonio”, concluyó.
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