Conversamos con Fabián Varela, socio propietario de la granja avícola La Ponedora, quien impulsa un sistema de crianza libre que prioriza el comportamiento natural de las gallinas.
“Nosotros solamente tenemos una crianza libre en pasto, no trabajamos con jaulas”, explicó Varela en conversación con InfoNegocios. Esta decisión, que implica un manejo menos intensivo, responde a una filosofía productiva donde el respeto hacia el animal ocupa un lugar central.
Actualmente, la granja alberga aproximadamente 1.800 gallinas, distribuidas en estructuras de menor escala. Cada unidad tiene capacidad para unas 1.000 aves, aunque el productor aclara que buscan mantener una densidad menor para garantizar mayor comodidad. “Tratamos de darles siempre un poco más de espacio”, sostuvo.
El diseño del sistema contempla balcones independientes, cada uno con acceso a áreas de pastoreo. De esta forma, las gallinas pueden moverse libremente, alimentarse y desarrollar su comportamiento natural. “Les damos la libertad que necesitan para pastar, para comer y hacer lo que son: gallinas”, resumió.
Este modelo se alinea con los estándares técnicos de producción sin jaula (cage-free), donde se recomienda un mínimo de entre 0,10 y 0,14 m2 por gallina dentro del galpón, equivalente a unas 7 a 10 aves por metro cuadrado. Sin embargo, el sistema aplicado en La Ponedora va un paso más allá, ya que incorpora acceso a pastoreo, acercándose a esquemas tipo free range, donde el bienestar animal y la movilidad son factores diferenciales.
El manejo también contempla condiciones ambientales adecuadas. La granja está ubicada en un entorno con abundante sombra, lo que permite a las aves elegir entre zonas más frescas o espacios con exposición solar. Además, en las áreas cubiertas cuentan con sistemas de ventilación y provisión constante de agua, factores clave para el bienestar en épocas de altas temperaturas.
En cuanto a la alimentación, el esquema combina balanceados con acceso al pastoreo. “Se les da de comer a la mañana y luego de la postura salen a pastorear”, explicó Varela. La dieta incluye minerales, vitaminas y granos como el maíz, lo que contribuye a mejorar la calidad del huevo.
Según el productor, este enfoque tiene un impacto directo en el producto final. “Tenemos un huevo de mejor calidad”, afirmó. Más allá de lo organoléptico, también destaca mejoras en el manejo sanitario y en el comportamiento de las aves. “Cuando están encerradas todo el día, no están tranquilas. Existen varias complicaciones cuando el ave está 100% en cautiverio”, señaló.
El origen del proyecto no estuvo vinculado inicialmente a una estrategia empresarial. La granja comenzó como un pasatiempo familiar impulsado por su suegro, pero con el tiempo fue creciendo mediante nuevas inversiones. Sin embargo, el enfoque se mantuvo. “Decidimos hacerlo un poco más grande, pero no lo vemos tanto como un negocio, sino como algo que respetamos mucho”, comentó.
Este tipo de producción, aunque aún minoritaria frente a los sistemas intensivos, comienza a posicionarse como un nicho con potencial en Paraguay. La diferenciación por calidad, trazabilidad y bienestar animal se convierte en una herramienta comercial, especialmente en segmentos de consumidores más exigentes.
“El respeto que le damos a las gallinas se refleja en el producto”, concluyó Varela, sintetizando una visión que podría marcar tendencia en el futuro de la avicultura local.
Tu opinión enriquece este artículo: